CORONAVIRUS Y CAPITALISMO

La cuarentena también es de clase: ¿cómo la llevan los ricos?

Muy diferente se vive la cuarentena en un barrio privado con parque y piscina, que si eres alguien que va a trabajar sin condiciones de seguridad y después regresas a tu pequeño piso.

Jose Lavín

Madrid

Viernes 27 de marzo | 17:41

#Ellossísequedanencasa

Durante todos y cada uno de los días del estado de alarma en televisores y redes sociales se difunde como un mantra el “Yo me quedo en casa”. El mensaje es claro: “si sales de tu casa es porque quieres salir”, si sales es porque eres “un irresponsable que no piensa en los demás”. ¿No te das cuenta de que de esta crisis salimos “entre todos”?

Nada más lejos de la realidad, debemos desmentir estos prejuicios liberales: en esta cuarentena no todos hacemos el mismo esfuerzo. Para empezar, millones de trabajadores de sectores no esenciales continúan yendo a trabajar sin garantías sanitarias: carne de cañón para la curva de contagios. Asimismo ¿qué pasa con la gente que convive en viviendas pequeñas, con niños y sin espacios comunes? El mensaje lanzado por famosos desde impactantes salones contrasta con la mayoría de los hogares del Estado español. No todos vivimos en la misma cuarentena. La cuarentena es también de clase.

Javier trabaja de guardia de seguridad en una urbanización al norte de Madrid, una urbanización llena de espacios comunes, con doble cercado, uno individual para cada casa, con su respectivo jardín, y un vallado colectivo. La urbanización está dotada de un gimnasio, servicios de limpieza y seguridad privada. Las cámaras de la entrada te apuntan: “tú no eres de aquí”. Es uno de esos oasis elitistas que la clase dominante ha mandado construir para vivir apartada del resto de la sociedad. Mientras tanto, según han ido pasando los años, en el resto de Madrid ha ido incrementando la desigualdad y el paro, se recortaban servicios públicos, entre ellos hospitales, y se eliminaban derechos laborales, extendiéndose por doquier el trabajo precario y la inestabilidad laboral. Este “edén para ricos” es un espacio puramente privado, diseñado para aquellos que saben que mandan y que usted no verá en su vida.

En la crisis del coronavirus y frente al estado de alarma, la vida continúa con normalidad en estas burbujas. Pero no es así para muchos otros. Javier envió a nuestra redacción un audio indignado: “Ahora me toca desahogarme a mí, yo vengo aquí a mi trabajo super esencial para solucionar la crisis del coronavirus… a una urbanización de pijos. Me tengo que exponer para esta gentuza y esta gentuza sigue llamando a Glovo, sigue llamando a Amazon… salen por la calle a darse sus paseos con la bicicleta, con los niños…es increíble. Aquí hay una lógica completamente distinta”. Javier, como guardia de seguridad en esta urbanización, nos informa de que en ella servicios como el gimnasio están formalmente cerrados, pero la gente continúa acudiendo a ellos. Más de alguno de los que salía en televisión diciendo #yomequedoencasa se quedaba, efectivamente, en su casa, pero en una casa con jardín, gimnasio, piscina y calle privada para salir a pasear.

Numerosos famosos han aparecido en redes sociales romantizando la cuarentena como una oportunidad para “reencontrarse consigo mismos” y apreciar mejor lo cotidiano, olvidan que muchas otras personas ya son bien conscientes de su “cotidianeidad”. Mientras unos viven la pandemia como una suerte de viaje astral hacia los misterios del subconsciente, para otros es un verdadero encierro lleno de incomodidad y falta de espacio. En estos casos, las introspecciones giran en torno a la angustia e incertidumbre por el futuro, tanto por el peligro de ser contagiados en el trabajo, como por la falta de ingresos ante la crisis. Javier destacaba en su audio, precisamente, este hecho: lo diferente que se vive la cuarentena en su barrio al sur de Madrid, respecto a cómo lo viven en la urbanización en la que trabaja.
En numerosos barrios del Estado Español el mero hecho de quedarse en casa es cualquier cosa menos confortable. El Barrio de los Pajaritos en Sevilla, uno de los más pobres de España según las estadísticas, presenta una elevada densidad de pisos de pequeñas dimensiones y gran cantidad de familias numerosas, acostumbradas a vivir “hacia afuera”, en las calles del barrio. Las pequeñas reuniones en los patios comunes y las charlas de los vecinos en los portales de los bloques ya han motivado varias trifurcas con la Policía Nacional porque los vecinos se resisten a permanecer permanentemente en sus pisos.

Nuestro corresponsal afirma que “lo que más me jode es esa llamada a la responsabilidad social que nos hace nuestro querido gobierno… ¡pero la responsabilidad social también sería no contratar servicios que no necesitas!… y esta gente no hace más que llamar a Glovo o telemierdas, pero claro: donde hay libertad de mercado no hay responsabilidad social ninguna”.

A la urbanización de Javier sigue yendo multitud de gente a trabajar: “yo pensaba que estábamos en un estado de alarma, pero sigue viniendo un montón de gente en los autobuses, las trabajadoras de limpieza siguen viniendo aquí a trabajar”. El estado de alarma decretado por el gobierno progresista no tiene en cuenta a los trabajadores, y por tanto a la inmensa mayoría de la población, trabajos no esenciales siguen desarrollándose y sin estar dotados de medios de protección. La indignación de Javier es palpable: “tienen que venir compañeros míos con enfermedades respiratorias y tienen que venir a trabajar en transporte púbico, no nos dan ni mascarilla, ni guantes, ni hostias, nos han dado una mierda de desinfectante y unos guantes que me he traído yo para mí”. La mayoría de los trabajadores no pueden elegir si van o no van a trabajar por miedo a ser despedidos, pero esto a su vez los expone al contagio.

Javier concluye que “o se interviene todo y se para la producción, o este estado de alarma es una puta mierda”.

El gobierno italiano decretó hace unos días que cerraría todos los sectores no esenciales tras alcanzar las 4.800 muertes, sin embargo, parece que el incremento de fallecidos y contagios no es argumento suficiente, en el último momento la patronal introdujo una pequeña pero sustancial modificación: se cerraría los sectores no esenciales para la economía. El final dista mucho de ser feliz, se sigue yendo a trabajar. Numerosas gráficas exponen la correlación entre trabajo y contagios que los gobiernos hacen caso omiso para salvaguardar las ganancias de los capitalistas. Por eso los trabajadores en Italia han respondido con numerosas huelgas y protestas.

¿Cuántos contagios y muertes hacen falta para que el “gobierno progresista” anteponga el bienestar de los trabajadores a las ganancias de los grandes empresarios?

El estado de alarma no abre un paréntesis en la lucha de clases. Numerosos conflictos y contradicciones del sistema capitalista afloran. En la cuarentena son más evidentes las contradicciones de una sociedad dividida en dos. Tenemos que seguir denunciando a un gobierno que no es capaz siquiera de dar mascarillas, ni epis, ni tests “de verdad”.

Los sanitarios necesitan recursos, no discursillos de moral. Los lavados de cara son múltiples y escandalosos: el Rey visita el IFEMA sin llevar los 65 millones que robó su padre; la misma policía que reprimía a los sanitarios que protestaban contra los recortes en 2012 ahora es equiparada a los trabajadores de los hospitales, las donaciones de empresarios como Amancio Ortega son publicitadas a los cuatro vientos mientras siguen pagando menos impuestos que cualquier trabajador y son rescatados económicamente por el gobierno… los ejemplos abundan tanto como las fechorías que cometen. Y mientras tanto, para algunos la cuarentena es pasarla mal, mientras que para otros es una fiesta.






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