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La gestión de residuos de Ecoembes: beneficios para las empresas y la Iglesia

Hace unas semanas el Ayuntamiento de Getafe anunció la implantación de un nuevo sistema de gestión de residuos con el cual a los consumidores que devuelvan y reciclen envases se les recompensará económicamente. La medida, impulsada por el ayuntamiento (PP) en colaboración con Ecoembes presenta algunas luces y muchas sombras que hemos decidido analizar.

Irene Olano

Madrid

Viernes 6 de noviembre de 2020 | 18:16

En el Estado español existen dos modelos de gestión de residuos de envases, regulados por la Ley de Envases: el sistema integrado de gestión, con el cual se realiza una recogida periódica por parte de los agentes económicos en los domicilios, cumpliendo así con la ley a través de la ayuda de una entidad sin ánimo de lucro; y el sistema de depósito, devolución y retorno, en el que se basaría la medida del Ayuntamiento de Getafe. Para que pueda darse este segundo sistema, los comerciantes y envasadores han de incrementar ligeramente el precio de los productos cuyo envase se acoja a esta modalidad, en una cantidad, marcada por el Ministerio de Medio Ambiente, que sería reembolsada en caso de que el cliente devuelva el producto.

Y, si existen estos dos sistemas posibles, ¿por qué las empresas se acogen casi unánimemente al sistema integrado de gestión? En primer lugar, porque, aunque con el sistema de devolución pudiera reciclarse una mayor cantidad de residuos, la legislación actual permite que esto no sea un tema urgente, y que se puedan seguir reciclando unos porcentajes mínimos. Según el RD 252/2006 bastaría con reciclar el 60% del peso del vidrio, el 60% de cartón o el 22,5% de los plásticos y, de manera general, se recicle entre un mínimo de un 55% y un máximo de un 80% en peso de los residuos de envases. Cantidades muy insuficientes para paliar la enorme crisis ecosocial que tenemos por delante, provocada, en parte, por la contaminación de ecosistemas derivada de la mala gestión de los residuos que generamos.

Sin embargo, la unánime decisión de las empresas de acogerse al sistema integrado podría estar cerca de acabarse. Según la directiva 2019/904 de la Unión Europea, se ha dictado a los países miembros que a partir de 2029 estará prohibido no reciclar una cantidad de residuos de plásticos de un uso de botellas de hasta tres litros inferior al 90% de su peso. También, queda recogido que a partir de 2025 estará prohibido no reciclar una cantidad de residuos plásticos de un solo uso de botellas hasta tres litros inferior al 77% de su peso. Los países que quedan obligados a transponer dicha directiva deben presentar antes del 3 de julio de 2021 la metodología de reducción del impacto de los plásticos recogidos por la directiva.

Por ese motivo, el Estado Español está en tiempo de descuento, pues tiene la obligación de adoptar mecanismos para mitigar la contaminación que genera antes del próximo verano. En el caso de no llevar a cabo medidas, así como no cumplir el marco europeo, se interpondría una sanción económica, que pagaría la clase trabajadora, como el resto de las sanciones europeas en materia de medio ambiente que se han interpuesto antes.

En este marco, diversas empresas y administraciones están experimentando con el modelo alternativo, aunque los actuales proyectos tienen su trampa. Ecoembes impulsa en ciertos municipios, un proyecto piloto de devolución de envases a través de una app, ‘RECICLOS’, que otorga al ciudadano beneficios en base a la cantidad de envases que recicle. Este sistema es bastante contradictorio, porque si la recompensa aumenta al reciclar la mayor cantidad de envases, el mensaje transmitido es que, a mayor consumo, mayores beneficios, lo cual va en contra de toda lógica de reducción de consumo de envases contaminantes.

Además, actualmente, en municipios de Cataluña, los beneficios que se obtienen se pueden donar a organizaciones como Cáritas, Església Rey de Reyes, Església Ellangélica Llibertad. Por norma general, el sistema de devolución de envases se encarga de poner una cuantía mayor a un envase para que te devuelvan esa cuantía como premio por reciclar, pero en ningún momento queda legislado que esa cuantía se destine o no a organizaciones cristianas. Parece inaceptable que los beneficios que deberían ser invertidos en la crisis ecosocial terminen en manos de organizaciones religiosas que nada tienen que ver con esta cuestión. Organizaciones que, además, ya se benefician de exenciones de impuestos. Parece así que la Iglesia siempre consigue un lugar donde meter la cabeza y obtener valiosas recompensas.

El sistema de devolución de envases que ya existe en otros países, donde los beneficios no van a la Iglesia, sino a los ciudadanos, requiere de una inversión económica que ni las empresas ni Ecoembes pretender hacer. La realidad de este sistema de gestión es que se recicla entre un 80-90% (frente al 22,5% de plásticos que marca la ley actual), pero cuando los beneficios de los capitalistas entran en juego queda en el olvido nuestra salud y la de nuestros ecosistemas. Las empresas como Bimbo, Campofrío, Codorniú, Colgate, Danone, Freixenet, Gallina Blanca, l’Oreal, Nestlé, PepsiCo, etc. invierten en Ecoembes para que sigan produciendo y aumentar su beneficio económico. Y Ecoembes vela por ellas siguiendo la línea impuesta por el capitalismo; haciendo que el dinero que llena los bolsillos de los empresarios se manche por la sangre de todos los que se oponen a este sistema caníbal y por la destrucción de los ecosistemas, cuyo paisaje se convierte, cada vez más, en una enorme selva de plástico.

Además, ambos sistemas de gestión omiten la cuestión de que lidiar con la contaminación y la gestión de residuos no es una tarea que deba realizar únicamente el consumidor, sino que es se debe obligar a las empresas a minimizar su producción aún a costa de sus beneficios. E incluso se debe plantear paralizar la producción de aquellas que se nieguen a minimizar su impacto ecológico, por el bien de todas y todos, pues esa producción implica un impacto ambiental negativo en todas sus etapas: la contaminación producida en la para la producción, la producida por el uso del transporte, la contaminación acústica por el ruido constante y los residuos.

El problema radica en las grandes industrias que se encargan de producir de manera masiva para obtener más beneficios y seguir aumentando su patrimonio a costa de una ley neoliberal que lo permite y que vela más por las ganancias del empresario que por la salud de la ciudadanía; y no en la manera que tiene la población de reciclar sus envases.

La lucha para frenar la contaminación debe ser unidireccional y mantener el foco en la raíz del problema: la irracional producción capitalista. No permitamos que se siga cediendo el terreno a las grandes empresas y organicémonos contra el actual sistema capitalista neoliberal que nos obliga a la clase trabajadora a vivir entre la basura.






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