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DEBATES IZQUIERDA

La llegada de la CUP a las Cortes “zarandea” a la izquierda del mal menor

Su "No" al acuerdo PSOE-UP cuestiona el sentido común malmenorista de gran parte de la izquierda. Los retos de la CUP en la conformación de otra izquierda anticapitalista y de clase y en la superación definitiva del procesismo.

Santiago Lupe

@SantiagoLupeBCN

Jueves 14 de noviembre | 20:34

EFE

La llegada de la CUP a las Cortes es toda una novedad. No solo por lo que tiene de “zarandeo” para un procesismo crecientemente cuestionado. También porque los dos diputados cupaires, Mireia Vehí y Albert Botran, van a ser incómodos para una izquierda que hace tiempo asumió como único horizonte posible la presión y el acuerdo sobre la pata izquierda del régimen: el PSOE.

Un No al intento de cierre por arriba de la crisis del régimen

En una comparecencia de prensa de Vehí y Botran, la diputada declararon este jueves que no compartían el “preacuerdo entre PSOE y UP, ni la idea de que ‘no hay alternativa’”, para dirigir después unas palabras a “la izquierda (que) no puede comprar una propuesta de mínimos obviando que la alternativa real pasa por el reconocimiento del derecho a la autodeterminación, la amnistía y los derechos sociales”.

Un mensaje que se sumaba al lanzado hacia las fuerzas soberanistas catalanas - ERC, JxCat y En Comú Podem- de que no prestaran sus votos para un gobierno que seguirá negando el derecho a decidir que dicen defender.

Aunque los dos diputados de la CUP no resulten fundamentales para hacer fracasar los intentos de conformar gobierno, el mensaje que llevan a las Cortes es de lo más disruptivo: no están dispuestos a dar su apoyo al mal menor, al que califican de intento de cerrar la crisis de régimen por arriba.

Un gobierno del PSOE, con o sin Unidas Podemos, ni acerca la conquista del derecho a decidir, ni el fin de la represión y la amnistía, ni a la consecución de derechos sociales. Tampoco es el muro contra el avance de la extrema derecha de Vox. Abascal ha llegado a lomos del discurso del “a por ellos” que Sánchez compró y radicalizó en campaña, de las políticas migratorias del PP y el PSOE que han naturalizado la xenofobia de la que hacen gala desde Vox y de la crisis social producida y mantenida por décadas de políticas neoliberales del bipartidismo.

Tres ejes que se mantienen en el pacto PSOE-UP. Sobre Catalunya se reproduce el programa electoral del PSOE, de inmigración no hay ni una palabra y en el bloque social todo queda supeditado al cumplimiento de los compromisos con la UE.

Una voz contra el “mal menor” de la izquierda reformista

Esta posición choca con la que sostienen los grupos de la izquierda parlamentaria. Tanto Podemos, IU, Más País o Compromís, como otras formaciones de la izquierda soberanista que podrían estar dispuestas a dar sus votos para la investidura de Pedro Sánchez, como el BNG o la misma EH-Bildu -que, si bien aún no se ha manifestado en este sentido, sí lo hizo así en las negociaciones previas a la repetición electoral-.

Pero también choca con un cierto sentido común instalado incluso entre quienes ven críticamente el acuerdo y la entrada a gobernar con los social-liberales, pero siguen sin romper con esta suerte de “no hay alternativa” aunque matizando que lo que habría que hacer es apoyar la investidura y después ser sostén del gobierno en aquellas medidas que impliquen consecución de derechos.

La CUP puede jugar un gran papel en construir un polo anticapitalista y de clase en el resto del Estado

Son cada vez más las voces que coinciden en que la entrada en el gobierno de Unidas Podemos deja una situación en la que la izquierda a la izquierda del PSOE -y de Unidas Podemos- debería replantearse cómo construir una alternativa que se prepare para enfrentar la represión que seguirá, los planes de ajuste que diseñará Calviño y recuperar la iniciativa para marcar agenda desde la movilización y organización en los centros de trabajo, de estudio y los barrios.

Muchos compañeros y compañeras de Anticapitalistas se han pronunciado a favor de construir una alternativa de izquierda al nuevo ejecutivo. Desde la CRT consideramos que esta solo es posible levantarla desde la más firme independencia política del nuevo gobierno “progresista” que se podría constituir en las próximas semanas. Es decir, desde el ‘No’ a Pedro Sánchez, y desde fuera de Podemos.

Así mismo como planteamos durante la campaña electoral, la CUP aparece como una organización que tiene a la vez una gran oportunidad y responsabilidad para contribuir a forjar esta izquierda que necesitamos.

Hoy la izquierda independentista catalana estaría en disposición de dirigirse a aquellos sectores de la izquierda del Estado que no comulgan con la política de integración al régimen de los dirigentes de Unidas Podemos. También a los activistas de la juventud, el sindicalismo alternativo y los movimientos sociales que han hecho una experiencia con la llamada izquierda del “cambio”. Y proponerse crear en común espacios de confluencia que sirvan, tanto para coordinar las distintas luchas y promover la solidaridad mutua, como discutir qué alternativa política hay que construir desde la izquierda revolucionaria.

Como lograr la superación definitiva del procesismo

En Catalunya, por la dinámica da la movilización social y la crisis del procesismo, las posibilidades de avanzar en poner en pie una izquierda de este tipo son mejores. Los más de 240 mil votos que recogió la CUP el 10N eran expresión de un incipiente cuestionamiento a años de procesismo dirigido por los partidos de la burguesía y pequeña burguesía catalana.

Transformar esto en fuerza material para llegar mejor preparados a la siguiente crisis o el siguiente embate de masas del movimiento catalán, es una tarea ineludible. Para ello las posiciones institucionales alcanzadas, tanto en las Cortes como en el Parlament, pueden ser una gran tribuna.

El acuerdo de gobierno que se está fraguando buscará el acuerdo de, mínimo, ERC. Los de Rufián ahora dicen que no darán un “cheque en blanco”, pero su sostenido retorno a la gestión de la autonomía intervenida y a la aceptación en los hechos del nuevo marco represivo, hacen muy posible que acaben avalándolo con el mismo discurso del mal menor de gran parte de la izquierda del resto Estado.

La CUP viene separándose del Govern y sus partidos por este curso autonomista y su papel directo en la represión de las movilizaciones. Una posición que debería rechazar cualquier atisbo de recrear la “unidad soberanista” de 2017, como se planteó en el acto final de campaña. Estos “aliados” no suman a la lucha por el derecho decidir, han sido hasta ahora el principal obstáculo a superar para que el movimiento pueda tomar un camino independiente y desarrollarse por la vía de la movilización y autoorganización.

Contribuir a que el movimiento catalán se dote de una hoja de ruta desde la clase trabajadora, la juventud y los sectores populares

A la vez las movilizaciones contra la sentencia se sostienen día tras día. Si bien hay decenas de miles que han hecho una experiencia con los métodos de manifestaciones que no dejaban “ni un papel en el suelo”, la mayor contundencia de las acciones no está acompañada de tres elementos claves para lograr ganar: masificarlas, que se logren estructurar en los centros de estudio y trabajo y que generen instancias de autoorganización obrera y popular donde se pueda deliberar y decidir tanto sobre las siguientes medidas de lucha hay que tomar, como sobre cuáles son los objetivos.

Solo de esta manera el procesismo podrá ser superado y pasar a una nueva etapa. Evitar que las movilizaciones puedan ser utilizadas como base de maniobra a posteriores negociaciones del procesisme con Pedro Sánchez. A eso apuestan tanto ERC como JxCat y Puigdemont. Lograr que las movilizaciones comiencen a articular un programa en el que las demandas democráticas y las grandes demandas sociales contra el paro, la precariedad o los problemas de vivienda queden vinculadas. O combatir las ilusiones en el “sit and talk” o en la reacción de la comunidad internacional, dejando claro que la única vía para conseguir todas las reivindicaciones es impulsar un proceso de movilización y ruptura desde abajo.

La izquierda independentista en este terreno, el de lo social, debería proponer una hoja de ruta superadora tanto de las movilizaciones procesistas tipo Diada, como de las acciones más contundentes de unos cientos, cuando podríamos ser cientos de miles, que reproducen demandas como la de exigir al PSOE que se siente a negociar.

En el momento actual, el movimiento necesita de instancias de base y democráticas para redefinir el rumbo. La CUP podría pues llamar a un gran encuentro que agrupe a los distintos organismos populares como los CDR, junto al activismo y delegados del sindicalismo alternativo, el movimiento estudiantil y social, donde se defina una hoja de ruta desde la clase trabajadora, la juventud y los sectores populares.






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