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La muerte de Ilias Tahiri: el racismo institucional no es monopolio yanqui

En medio de la ola de protestas mundiales contra la violencia policial en EE. UU y el movimiento "BlackLivesMatter", sale a la luz el vídeo del asesinato del joven Ilias Tahiri en un centro de menores del Almería. El Estado español no se queda atrás en cuanto a la violencia racista.

Pablo Castilla

ContraCorrent Barcelona

Jueves 11 de junio | 13:40

El asesinato de George Floyd en Estados Unidos a manos de un policía ha hecho estallar la rabia de miles de personas contra la violencia policial. El fenómeno se ha extendido por todo el mundo, dejando imágenes de grandes manifestaciones en contra del racismo en ciudades como París, Londres o Berlín.

La situación en el estado español, lejos de ser un excepción, es un ejemplo más del racismo institucional. Hace pocos días se hacía público el vídeo de la muerte de Ilias Tahiri, un chico de tan solo 18 años, en el centro de menores de Tierras de Oria en Almería el 1 de julio del año pasado. Hasta ahora la grabación se había mantenido bajo secreto de sumario, después de que el caso fuera investigado y archivado este mismo mes de enero, calificando el suceso de “muerte violenta accidental”.

Según el informe realizado por el forense, la inmovilización del joven duró 4 minutos. Sin embargo, en las imágenes se observa como uno de las uno de los 5 guardias de seguridad que se encuentran en la habitación mantiene su rodilla presionando cerca de su cabeza durante casi 13 minutos. Todo esto se produce sin que el joven oponga resistencia en ningún momento. Para cuando dejaron de inmovilizarlo, el joven Ilias ya había muerto.

13 minutos de agonía: el video que muestra el asesinato de Iliass Tahiri en un centro de menores

Por otro lado, uno de los aspectos del caso que más llaman la atención es la postura de la jueza respecto al protocolo de actuación, pues este no se valora, sino que únicamente se juzga si se ha aplicado o no. El “protocolo de contención mecánica” debemos recordar que está hecho creado por la asociación Ginso, la misma que gestiona el centro y que ya acumula varias denuncias por sucesos similares al del joven Ilias.

Además, cabe destacar el hecho de que se trate un “servicio” externalizado, pues la introducción de la gestión privada es uno de los principales mecanismos utilizados por el estado para abaratar costes. Precisamente, las nefastas consecuencias de este tipo de políticas privatizadoras han salido a relucir con la llegada del coronavirus, cuando las residencias de ancianos y los hospitales se han visto absolutamente desbordaos.

Durante esta pandemia, hemos visto como había camas de hoteles vacías y centros de menores abarrotados, debido a que el gobierno más “progresista” de la democracia española se negaba a intervenir totalmente el sector hotelero. Recordemos también como, meses antes de la llegada del covid-19, el gobierno negociaba el envío de policía la frontera de Grecia con Turquía para evitar la entrada de refugiados o el envío de personal a Chile para adiestrar a sus cuerpos y fuerzas de seguridad de cara a la represión contra las protestas vividas a finales del año pasado. El asesinato de Iliass Tahiri es el reflejo de la violencia racista existente el estado español.

Por esto mismo, resulta ciertamente hipócrita por parte de Unidas Podemos asistir a las concentraciones y los actos en contra de la violencia policial ejercida en EE.UU. cuando gobiernan con el PSOE creador de la ley de extranjería, el partido que inventó los CIEs, quien puso las concertinas en la vallas de Ceuta y Melilla y que hace unos meses quería aumentar la altura de las mismas.

Durante los últimos años, la presencia migrante en los más precarios de los estados imperialistas, como es el caso del Estado español, ha ido en aumento. La división de la clase trabajadora autóctona y la migrante es cada vez mayor. Ante esta situación, las burocracias sindicales dejan de lado los sectores más precarios. Mientras, la izquierda reformista se niega a derogar la ley de extranjería para gobernar con el PSOE y poder hacer políticas parciales que dejan totalmente por fuera a los sin papeles, llegando incluso hasta el extremo de perseguir a los manteros como Ada Colau en Barcelona.

Quienes no quieren enfrentar al capitalismo, tampoco enfrentan hasta el final las opresiones sobre las que se construye. A las puertas de un crisis casi sin precedentes, y con una extrema derecha nacionalista y populista en auge, es más necesario que nunca construir una izquierda anticapitalista y revolucionaria que se prepare para enfrentar los próximos ataques de los capitalistas y sus gobiernos, levantando un programa internacionalista que unifique a la clase trabajadora autóctona y migrante. Como dice la consigna “nativa o extranjera, la misma clase obrera”.






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