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La participación de las masas obreras en la Revolución cubana

Frente a un nuevo aniversario de la Revolución cubana, recordamos el destacado papel que tuvieron los trabajadores a lo largo del proceso.

Domingo 1ro de enero

El movimiento obrero cubano contaba con una larga tradición de lucha y combatividad desde mucho antes del triunfo de la revolución del 59. Un ejemplo de ello es la histórica huelga general de agosto de 1933 que había tirado abajo a la feroz dictadura de Machado. Este movimiento huelguista había sido iniciado, en julio de ese año, por los trabajadores de ómnibus de La Habana y, al quinto día, se convirtió en una poderosa ofensiva contra el gobierno. Parecía una “ciudad sitiada” según la Foreign Policy Association (1935:367). El grupo trotskista encabezado por Sandalio Junco tuvo un rol muy importante llegando a dirigir el Comité de Huelga en Guantánamo.

En diciembre de 1955, los obreros de la zafra vuelven a llevar adelante una violenta huelga producto de las nefastas condiciones de vida que sufrían en el marco de la crisis azucarera arrojando a miles de trabajadores a las calles. Se centró en las ciudades de Santiago, Camagüey y Las Villas y llegó hasta las cercanías de la Habana. Si bien comenzó con demandas salariales se convirtió rápidamente en una acción política bajo la consigna era: “¡abajo el gobierno criminal!”.

En 1957 una nueva huelga general con epicentro en Santiago volvió a poner en el centro de la escena a las masas movilizadas y debilitó la confianza de la burguesía hacia el gobierno de Batista que hasta ese momento había sido apoyado y financiado por el imperialismo norteamericano. El espontaneísmo y la combatividad primaba entra las masas, esto generó la rápida militarización de la ciudad con altísimos niveles de represión y persecución.

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Luego del triunfo militar en Santa Clara a fines del 58, el más importante de la guerrilla, se abrió el camino para que la huelga insurreccional de cinco días en enero de 1959 posibilitara la entrada victoriosa de Fidel Castro y del Ejército Rebelde en La Habana el 8 de enero, y el triunfo definitivo de la revolución. Las masas movilizadas, en el centro de la escena política nacional, terminaron de volcar la balanza a favor de los “barbudos” de Sierra Maestra y ejercieron una constante presión social sobre la dirección del M26, al punto de llevarlos a radicalizar sus posiciones como se verá en la incorporación de puntos programáticos fundamentales: la reforma agraria, la expropiación de empresas y los juicios populares a los militares responsables de la represión al movimiento cubano.

Estos ejemplos demuestran el rol que tuvieron los trabajadores cubanos del campo y la ciudad para el triunfo definitivo del proceso revolucionario y la posterior defensa de sus medidas más radicales. Como dice León Trotsky: “La historia de las revoluciones es para nosotros, por encima de todo, la historia de la irrupción violenta de las masas en el gobierno de sus propios destinos”.

La política del castrismo no fue desarrollar organismos de autoderminación de las masas (como fueron los soviets en la Revolución Rusa) instaurándose un Estado Obrero burocráticamente deformado.




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