Géneros y Sexualidades

INTERNACIONAL

Las mujeres apuntan contra la violencia machista sistémica

Nuevas réplicas de la performance chilena “Un violador en tu camino” en Turquía, el Estado español y Perú apuntan contra la violencia machista institucional y la explotación.

Celeste Murillo

@rompe_teclas

Miércoles 18 de diciembre de 2019 | 09:27

Las réplicas de la performance del grupo chileno Las Tesis se extendieron a varias ciudades del mundo. En cada país, las estrofas agregadas y adaptadas traducen las denuncias y reclamos del movimiento de mujeres, que vuelve a irrumpir en medio de lucha de clases.

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Una de las réplicas con mayor repercusión en los últimos días fue la de Turquía. El domingo 8 de diciembre, un grupo de mujeres se habían concentrado en la plaza Kadıköy, convocadas a interpretar "Un violador en tu camino" por una plataforma de lucha contra los femicidios. La acción fue reprimida de forma violenta por la fuerza antidisturbios de la Policía.

Seis activistas fueron detenidas y acusadas de infringir la ley de manifestaciones, de ofender al presidente y a instituciones estatales. El argumento para detenerlas fueron los versos, “el violador eres tú. La Policía. Los jueces. El Estado. El presidente”. La repercusión de las acciones que siguieron obligó a la libertad de las activistas, aunque están acusadas y deben presentarse en la Justicia todas las semanas.

El sábado en el Parlamento turco, un grupo de diputadas de partidos opositores al gobierno de Recep Erdogan cantaron la canción de las manifestantes como forma de protesta contra la represión. Se sumaron diputados también opositores con fotos de mujeres víctimas de femicidios en 2019 (305, según datos de las organizaciones de mujeres, ya que no existen cifras oficiales).

La diputada Sera Kadigil se dirigió al ministro del Interior (responsable de las detenciones): “Turquía es el único país en el que hay que tener inmunidad parlamentaria para poder interpretar la canción de Las Tesis”. “Nuestra intención era llevar al Parlamento la voz de aquellas a las que, mediante el gas lacrimógeno y los palos, se les ha impedido cantarla en la calle, reprimiéndolas por orden del ministro de Interior”, explicó otra diputada.

Ofendidos

“Se lo tomó personalmente y como una ofensa al Estado”, explicó otra diputada, Aysu Bankoglu. Señalar como un delito responsabilizar al Estado por la violencia machista, reproducida al amparo de naturalización de prejuicios y leyes que dejan libradas a su suerte a las mujeres y soslayan los femicidios, es un reconocimiento que no deja lugar a dudas de la responsabilidad estatal.

La manifestación pública de las mujeres en Turquía es reprimida de forma disciplinaria. Sucedió el 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres y el 25 de noviembre, Día Internacional de Lucha contra la violencia hacia las mujeres. En esta oportunidad, la represión subrayó la incomodidad de las autoridades con la crítica de las mujeres a la justificación de la violencia patriarcal y la insuficiencia de las medidas del gobierno.

El Colegio de Abogados de Turquía fue muy claro con respecto a la respuesta estatal: “En un momento en el que los femicidios crecen en nuestro país, condenamos la intervención de las fuerzas de seguridad contra una protesta pacífica. Es inadmisible que un baile que se ha convertido en un símbolo de la violencia contra las mujeres en todo el mundo sea dispersado usando la violencia contra mujeres”.

La mayor visibilidad de los femicidios es el motor de las movilizaciones, frente a un Estado que relativiza la violencia machista, amparado en supuestas costumbres y la fe religiosa, que nada tienen que ver con los vejámenes y los asesinatos. En este contexto, el partido de gobierno AKP se vio obligado a prometer acciones, especialmente después del femicidio de Emine Bulut, de enorme repercusión por su brutalidad y por haber sido cometido por su exmarido en un lugar público en presencia de su hija.

La respuesta del gobierno de Erdogan fue proponer una nueva legislación que evitaría las reducciones de sentencias por buena conducta en casos de femicidio, y agregar el confinamiento solitario a la pena. Sin embargo, la oposición y organizaciones feministas sostienen que el gobierno e instituciones como la Justicia y la Policía son los principales obstáculos para aplicar leyes existentes, escudados en la defensa de la familia y las costumbres religiosas. Al mismo tiempo se impide la aplicación del Convenio de Estambul, que contiene normativas sobre prevención y lucha contra la violencia machista.

“También por eso hicimos esta protesta en el Parlamento, porque los responsables del Estado son los que están en posición de acabar con esta violencia”, afirmó una de las diputadas que participó de la protesta. El Convenio contempla medidas como facilitar refugio a las mujeres que sufren violencia machista, así como programas de prevención y difusión de los derechos.

El presidente turco declaró que el Convenio "pone en peligro la integridad familiar" y los sectores conservadores consideran que el Convenio puede provocar “la desintegración de la familia y favorecer la homosexualidad” o la “expulsión de miles de hombres de sus hogares”. Aunque se multiplican las explicaciones islamófobas, sus argumentos son similares a los de sectores reaccionarios de otras religiones, como sucede con las Iglesias católica y evangélica. No se trata de un problema cultural o religioso, se trata de derechos elementales que no están garantizados por las democracias capitalistas. La violencia machista es una realidad en países con mayor peso del “patriarcado institucionalizado”, en palabras del sociólogo Göran Therbon, así como en aquellos con un discurso de igualdad formal.

La persistencia del movimiento de mujeres, a pesar de la represión, es considerada una amenaza, para los sectores conservadores en general y para el gobierno, en particular. La represión y persecución a las mujeres que hicieron suyas las estrofas de Las Tesis lo confirman.

El otro socio de la violencia patriarcal

Otras dos réplicas llaman la atención sobre el socio imprescindible de la violencia patriarcal en las sociedades capitalistas: la explotación. Es sabido, especialmente por la mayoría de las mujeres, que son trabajadoras, que la precarización y la desigualdad en el trabajo son el contexto perfecto para que se reproduzca la violencia machista.

Acoso laboral y abuso de poder se traducen demasiadas veces en acoso y abuso sexual para las mujeres. Así lo denunciaron las trabajadoras del hogar en el Congreso de Madrid durante el fin de semana del 14 y 15 de diciembre. Más de 160 trabajadoras del hogar, representando a decenas de colectivos de 20 ciudades y 11 comunidades autónomas del Estado español se reunieron en Madrid para debatir sobre la situación de uno de los sectores más precarizados y abrumadoramente femenino.

Las mujeres readaptaron la letra de la canción chilena y la llamaron “El explotador eres tú”. “El explotador eres tú. Los jefes. Las jefas. El estado represor”, fueron las estrofas elegidas por las trabajadoras domésticas para señalar la asociación entre explotación y opresión que afecta especialmente a las mujeres pobres y migrantes.

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Una acción similar se realizó muy lejos de Madrid, en la plaza San Martín de Lima, la capital de Perú. Con el objetivo de poner en evidencia la realidad que sufre la mayoría de las peruanas, un grupo de mujeres se reunieron vestidas con su habitual ropa de trabajo y realizaron su versión de la performance del grupo Las Tesis.

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Las estrofas adaptadas por el colectivo de mujeres peruanas apunta a las condiciones que facilitan y reproducen la violencia machista:

Ceses colectivos
Impunidad empresarial
Es el despido
Nos violenta el capital
Y la culpa no era mia
Ni ser obrera
Ni campesina
Y la culpa no era mía
Ni ser afro
Ni ser andina
Y la culpa no era nuestra
Ni ser ambulante
Ni maestra

En sus diferentes versiones, la performance de Las Tesis, fue reapropiada por colectivos para hacer escuchar los reclamos que son el motor de la renovada movilización de las mujeres en todo el mundo. La respuesta, una vez más, es colectiva y en las calles, que muestra una perspectiva alternativa al camino exclusivamente punitivo -individual y en soledad-, el único que ofrecen las democracias capitalistas. La lucha contra la violencia patriarcal vuelve a encontrar su eco más fuerte en la crítica de una sociedad, que ostenta una igualdad formal, cada vez más cínica, para ocultar las desigualdad más brutales.






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