Juventud

BARCELONA EN COMÚN

“Lateros”, racismo institucional y derecho a divertirse

El 12 de octubre fui testigo junto a mi amigo Quim Serra -conseller de la CUP en Gràcia- de una “típica postal” de Barcelona. Racismo institucional y criminalización de la juventud. El gobierno de Colau mantiene la vieja represión policial que desnudan la hipocresía de sus discursos contra el racismo.

Pere Ametller

@pereametller

Viernes 16 de octubre de 2015

Foto EFE

Lunes 12 de octubre. Una y media de la mañana. Un grupo de jóvenes nos encontramos tomando algo en las calles de la capital catalana. Como a tantos miles la “noche” de Barcelona nos excluye. Lo hace por el alto precio de entradas y consumiciones de la mayoría de los locales. Una ciudad volcada al turismo que deja fuera a la mayoría de la juventud de su oferta de ocio.

Peor aún lo tienen los inmigrantes. Su exclusión no es solo de clase. El racismo es moneda corriente en los criterios de admisión en muchos locales. Pero también hay muchos que esta noche, como casi todas, no han salido a divertirse sino a buscarse la vida. Sobre ellos pesa también la persecución racista de la policía.

Todo va a pasar en breves instantes. En unos minutos el que escribe y dos amigos más nos encontraremos de nuevo en una de las estampas tradicionales de la marca Barcelona. Una que conjuga el racismo institucional y la persecución al derecho a divertirse de la juventud. Una postal que el ayuntamiento de Ada Colau en sus 120 días no ha movido un dedo para que deje de ser habitual los fines de semana.

Nos dirigimos a un vendedor callejero paquistaní. Uno de los conocidos como “lateros”. Estamos con él y de repente notamos que le cambia la cara. Su rostro se llena de miedo y preocupación y nos advierte que se acercan tres secretas. Sin darnos tiempo a reaccionar caen tres individuos. Uno se identifica como agente de la Guardia Urbana. Nos pide la documentación. Ninguno de los tres la llevamos. El “latero” se aparta un poco y se sienta en un banco, como esperando su turno.

El policía empieza a decirnos las infracciones que hemos cometido por comprar la cerveza y por no llevar la documentación. Al final nos “perdona la vida”. Hoy no somos su objetivo. Hay un objetivo aún más vulnerable. Un también infractor de la ley pero además “paqui”. El racismo que caracteriza a este cuerpo policial lleva a cabo su selección y se dirige hacia el vendedor.

Empieza a hablar con el “latero” cada vez con un tono más vacilante y agresivo. Uno de mis amigos es Quim Serra Toro, conseller del distrito de Gràcia por la CUP. Interviene y le dice a otro policía que no pueden coaccionarle así y les recuerda que nadie está obligado a declarar. El policía que estaba ya increpando al vendedor escucha las palabras de Quim. Lo mira con desprecio y se dirige a él hecho una furia.

En las propias palabras de Quim “mientras estabamos en una plaza de Gràcia con unos compañeros, quedamos en medio de una batida de la Guardia Urbana contra los “lateros” que venden cerveza en el barrio. Dejando de lado las valoraciones sobre las terribles condiciones de precariedad laboral de los “lateros”, en esta ocasión nos impactó el carácter racista que envolvió la situación. Al decir a uno de los policias que no tenía derecho a coaccionar al vendedor para hacerlo confesar, otro policía me empezó a chillar con postura intimidatoria y nos amenazó de empurarnos o llevarnos a comisaria. Al final ni nos identificó, con el “paki” ya estaba contento”.

Como si fuera un autómata empezó a recitarle una letanía que tiene bien aprendida. Nos deja claro quien manda ahí. Con la ley en la mano puede llevarse el “latero” a extranjería, a nosotros a comisaría y ponernos de multas hasta arriba. Comienza a recitar leyes que se nota que ha estudiado para la ocasión. Nos recuerda en unos segundos cual es el perfil de esta gente.

Aún así el trato que dan al “latero” es mucho peor que el que nos dan a nosotros, incluso que el que le dan a mi amigo. Es una actuación abiertamente racista. ¿Guardia Urbana racista? Nada nuevo. ¿Que hay de nuevo entonces? Tenemos de nuevo un gobierno municipal de Barcelona en Comú que se presenta como la gran fuerza del cambio y que en 120 días en la alcaldía no ha cambiado nada en la actuación de la Guardia Urbana.

Esta responde a sus decisiones políticas. Que se han marcado en este tema por la absoluta continuidad. Hasta el jefe de la Guardia Urbana que justificó y defendió la actuación del cuerpo en el caso de Ciutat Morta fue confirmado en su cargo por Ada Colau.

Primer acto: ilusión, discursos vacíos, grandes palabras, apelación retórica a los movimientos sociales. Se baja el telón. Segundo acto: la realidad, la enésima gestión progresista de la miseria, la continuidad en la persecución a los sectores más débiles de la sociedad, el cinismo y la hipocresía. ¡Basta! ¡Caretas fuera!. La guerra en “Karcelona” contra nuestras vidas y nuestra dignidad sigue intacta. Y en esta guerra como siempre los inmigrantes se siguen llevando la peor parte.

En 120 días empezamos a conocer los dos “actos” principales de Ada Colau y los suyos: un ‘pico de oro’ y una cara muy dura. Dando la bienvenida a los refugiados -aunque su plan concreto no pase de gestionar el racista cupo pactado por Rajoy y los gobierno de la UE- mientras su policía persigue a los “manteros” y “lateros”.
Denunciando las celebración del 12-O y pidiendo el cierre de los CIE ’s mientras mantiene a una policía racista patrullando por la ciudad, que precisamente amenaza a muchos inmigrantes con entregarlos a extranjería, la primera puerta que conduce al centro de internamiento de Zona Franca. Mientras se reivindica la “Rosa de Foc” o a Ferrer i Guàrdia, se confía en la Fiscalía que lleva a muchos a la cárcel por luchar . Twitts y palabras que buscan conmover. Hechos y políticas que optan por no molestar ni un ápice a los poderes fácticos de la ciudad y sus intereses, aunque sea a costa de los de siempre.

La rabia de esa noche aún me dura cuando escribo este artículo. Rabia por el trato dado al “latero”, por la ostentosa diferenciación racista que hicieron entre el consumidor -jóven blanco y catalán- y el vendedor -jóven moreno y paquistaní-, y por la impotencia de no poder pararles los pies. Pero esta rabia no me impide ver con claridad quienes son los responsables. Además de la Guardia Urbana, el gobierno de Ada Colau es hacia donde quiero dirigir esta rabia y indignación. Les señalo con el dedo. Vosotros sois hoy los culpables de una situación que hace años nos indigna a miles, aunque hoy muchos miren hacia otro lado y la justifiquen porque gobiernan “los suyos”. Sois culpables porque las Guardia Urbana está bajo vuestras órdenes.

El que escribe acumula 3.000 € en multas de los urbanos. En todos estos años he aguantado las vacilaciones de la Urbana infinidad de veces. He sufrido comentarios homófobos por estar con el brazo sobre el cuello de un amigo mientras los urbanos nos hacían la enésima identificación por estar en la calle bebiendo. Se con que rapidez le quitan las multas a los que su padre es “del cuerpo”. No me sorprendo de nada. Ningún mérito. Es lo común para muchos jóvenes en esta ciudad. Pero mi rabia está nueva como el primer día.

Que los que perpetúan esta situación se cuelguen medallas es pornográfico. Todo esto está amparado en una ordenanza de civismo sobre la cual, para “variar”, Colau ha tenido palabras en contra pero que en la práctica sigue manteniendo y aplicando.

Somos miles los jóvenes que bebemos en la calle porque nos negamos a aceptar el asesinato y privatización del espacio público y porque no podemos pagar los estratosféricos precios de una cerveza en uno de esos bares de la Gràcia que han destrozado.

Son también cientos los inmigrantes que se buscan la vida vendiendo en la calle, desde latas hasta bolsos y ropa de imitación, por la exclusión a la que les abocan las racistas leyes de extranjería.

No nos puede sorpender demasiado la actuación del gobierno de Barcelona en Comú. Una formación que se nutre de parte de la llamada “nueva política” por un lado y de los ecosocialistas de ICV-EUiA por el otro. Sabemos ya quienes sois. Sois parte de los de siempre. Los de siempre con una cara nueva porque ya nadie se creía vuestro discurso. Igual que hicisteis en los años 80 -entonces desde el eurocomunismo- con el desvío y anulación del movimiento obrero y vecinal, habéis cogido caras nuevas para ser más aceptables.

Pero sois los que lleváis treinta años gobernando esta ciudad junto a los “socialistas” en favor de los empresarios. Los infames del Tripartit. Sois los que nos dieron de hostias en Bolonia. Los que desalojasteis el Banco de Crédito en la huelga general del 29S. Los del 4-F. Los del Fórum 2004. Los de la burbuja turística. Los que sacasteis ojos y ahora lo denunciáis. Los que se ponen en la foto y no ponen el cuerpo. Y cuando la farsa ya era evidente, cuando el rey estaba desnudo, habéis cogido a los que ponían el cuerpo para ganar votos. Y a esos que ponían el cuerpo ... en fin ... ¡Felicidades por vuestro ascenso social! Sois la hipocresía y el cinismo de saber que si todo esto lo hicieran Trias o Mas los criticaríais duramente. ¿Debemos aceptar lo mismo que hacen las derechas sólo porque lo hacen los que se llaman de izquierdas?

Sé que diréis que no se puede intervenir en la Guardia Urbana, que os habéis encontrado que es un cuerpo policial que es como es... Pero entonces ¿Mentisteis cuando decíais que se podía cambiar todo por medio de la conquista electoral de espacios institucionales con voluntad e ilusión? ¿Ignorabais esta realidad de la que parte de vuestro gobierno ha formado parte años y años y de la cual son responsables directos?

En todo caso, si no podéis cambiar las cosas ¿No sería más coherente pasar a ser oposición y pelear por imponer el cambio por medio de la movilización social? ¡Bah! Qué tonterías digo. Si vuestro lema original era "Guanyem" ¿Ganemos qué? Me pregunto ahora .

Bueno, supongo que soy un ingenuo. Las sillas del ayuntamiento deben ser muy muy calientes. No es gratuito el comentario de las sillas ... entiendo que son importantes para vosotros si a costa de mantenerlas dejáis que os dicte la agenda La Vanguardia.

Hasta la vista. Nos volveremos a encontrar, seguro. Desde el otro lado de la barricada, claro.






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