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Los argelinos enfrentan la represión y se manifiestan por octavo viernes consecutivo

Miles de argelinos volvieron a salir a las calles por octavo viernes consecutivo cuestionando al Ejército y al gobierno interino, que reprimen las manifestaciones para intentar frenarlas.

Sábado 13 de abril

Miles de argelinos volvieron a ocupar el centro de la capital, Argel, por octavo viernes consecutivo pese al aumento de la represión por parte de la Policía y de la convocatoria a elecciones presidenciales, para intentar frenar el movimiento.

Tras la caída del expresidente Bouteflika, presionado por el Ejército, que era el principal reclamo de los manifestantes, las protestas continuaron contra el nuevo gobierno provisional, al que consideran parte del viejo y repudiado régimen.

La designación del nuevo jefe de Estado interino, Abdelkader Bensalah, antiguo hombre de confianza de Bouteflika, fue interpretada por los manifestantes como una provocación que expresa la continuidad de la odiada casta política. Por eso además del repudio a la designación de Bensalah, los manifestantes exigen que se elimine de cualquier puesto de poder a todo lo que haya tenido relación directa con Abdelaziz Bouteflika.

Ante este cuestionamiento directo al régimen político, que toca también al propio Ejército, Bensalah y los militares buscaron desviar y aplastar las movilizaciones con una combinación de represión, algo que hasta ahora no venía sucediendo, y la promesa del llamado a nuevas elecciones presidenciales para el 4 de julio.

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El general Gaïd Salah, que con la destitución de Bouteflika quiso quedar como un "héroe popular", cayó en cuenta del desprecio de la calle por todo lo que huela al putrefacto y corrupto aparato político. Así Salah pasó de adular el movimiento a denunciar que los manifestantes levantaban "consignas poco realistas", al referirse a la demanda de que se "vayan todos" los actores del viejo gobierno, y que la propuesta de transición "no es razonable". A cambio se propone "garantizar la transparencia" de los comicios del 4 de julio.

Sin embargo los manifestantes ya descreen que vaya a ser una elección limpia y denuncian una maniobra para terminar imponiendo un fraude para mantener a toda la vieja casta política y militar en el poder.

Si no aceptan elecciones, hay represión

En la Grand Post, epicentro de las protestas desde su inicio el pasado 22 de febrero, miles de manifestantes gritaron ante el dispositivo policial "Bensalah lárgate" o "silmiya silmya" (pacífica pacífica) para hacer alusión al carácter de estas manifestaciones y pedir a la Policía dejarles reclamar sus reivindicaciones de manera cívica.

La Policía, que formó un cordón alrededor de la plaza, intentó en varias ocasiones reprimir la manifestación.

Hasta ahora la Policía no había reprimido las protestas, pero el martes pasado comenzó a usar gases lacrimógenos y cañones de agua para dispersar a miles de estudiantes, un gesto que provocó la furia de los manifestantes que desde entonces ocupan en el centro de Argel rodeados de un fuerte despliegue.

Los manifestantes enfrentaron a los policías y los acusaron de proteger a la cúpula de poder que se ha enriquecido mientras llevaban al país a la aguda crisis política y social en la que se encuentra.

La designación de Bensalah fue recibida con nuevas protestas como así también contra el primer ministro, Nouredin Bedaui, y el presidente del Consejo Constitucional, Tayeb Belaiz, conocidos como "las tres B", quienes están detrás de este giro represivo para intentar acabar con las manifestaciones.

Sin embargo como se vuelve a ver este viernes, no parece que vaya a ser una tarea fácil.






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