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OPINIÓN

Los efectos del “golpe” de Ciudadanos

La maniobra del partido dirigido por Inés Arrimadas habría generado un terremoto en el bloque de la derecha cuyos efectos se perciben en Andalucía, Valencia o Madrid.

Viernes 8 de mayo | 16:15

Esta semana Inés Arrimadas, líder de Ciudadanos, ha dado lo que muchos politólogos y periodistas consideran que ha sido un “golpe maestro” al PP y a su dirigente Pablo Casado. Su apoyo al Gobierno en la votación del Estado de alarma tras la ruptura del bloque de investidura, en un momento de debilidad parlamentaria de la coalición gubernamental, le habría permitido arrancar una serie de medidas en la mesa de negociación con el Gobierno PSOE-UP. Al mismo tiempo, dejaba el voto del PP como un factor inútil, colocándose momentáneamente como líder de la oposición.

Pablo Casado quedaba así en tierra de nadie, ni útil para el sector más moderado del bloque de la derecha y de los intereses de la gran burguesía española por lograr una estabilidad política tras años de crisis en el sistema de partidos, ni lo suficientemente reaccionario ni provocador en su mensaje y acciones para competir con Vox.

Esta jugada por parte de Ciudadanos, sin embargo, no habría quedado reducida al ámbito del Congreso, sino que, como todo fenómeno político estatal, ha repercutido en los niveles territoriales más reducidos como los ámbitos autonómicos.

La maniobra de Arrimadas parece ser la señal para un giro de su partido en cuanto a sus relaciones con el PSOE en aquellos sitios que sea posible. Parecería que Ciudadanos ha comprendido el error de su anterior dirigente Albert Rivera (a pesar de que este ha salido inmediatamente a criticar el movimiento), observando que competir por ver quien es más reaccionario en el bloque del llamado “trifachito” no les sale rentable, porque sus oponentes tienen más estudiado dicho modelo (Casado y Vox como alumnos aventajados del aznarismo y de la Fundación FAES dirigida por el expresidente Aznar). De esta forma asumen, en palabras de un exdirigente de dicha formación, el papel que siempre tuvieron reservado en la política burguesa española, ser un partido bisagra que aleje al PSOE de cualquier tímido intento de giro “progresista”, por muy cosmético que sea dicho giro. El bloque de poder que ansía Arrimadas para el corto y medio plazo parecería estar compuesto por PP+PSOE+ Ciudadanos, como una forma de expulsar a Podemos de posiciones de poder y de alejar a Vox también de ellas. Una fórmula que ya ofreció en la investidura y que fue rechazada por Pedro Sánchez, no por algún prurito con lo que representa Cs, sino porque era una fórmula perdedora. De hecho, como estamos viendo, también el PSOE está cambiando su actitud hacia Ciudadanos ante el resquebrajamiento del bloque que le dio la investidura.

Grietas en el gobierno de la Comunidad de Madrid

No es un secreto el enfrentamiento interno que mantienen el PP y Ciudadanos en el gobierno de la Comunidad de Madrid, en el que Ayuso (presidenta por el PP) y Aguado (vicepresidente por Ciudadanos) se van dando golpes a través de distintas declaraciones según están gestionando la crisis del coronavirus. Desde ver quien tiene la responsabilidad de la nefasta gestión de las residencias de ancianos con posibles consecuencias penales en el futuro (¿es culpa de la gestión histórica del PP o del actual consejero que es miembro de Ciudadanos? En realidad, de ambos, pero los cuchillos vuelan), hasta la política de Ayuso para los comedores infantiles, propia de una propagandista de multinacionales como Telepizza, que ha generado importantes polémicas y un daño relevante a la imagen del gobierno de la Comunidad.

Gestos como el del pseudo mitin en IFEMA que eran claramente contradictorios con cualquier precaución sanitaria o su fijación con criticar al Gobierno estatal mas que concentrase en gobernar la región madrileña, sería según múltiples tertulias y periódicos, un motivo esencial del continuo distanciamiento entre PP y Ciudadanos a nivel autonómico.

Ahora tras la maniobra parlamentaria, Ciudadanos en Madrid parece tener vía libre para tender una mano al PSOE en la elaboración de los Presupuestos Autonómicos de cara a la “Reconstrucción” tras la crisis del Covid-19. Un intento de conformar un nuevo bloque del “extremo centro” que aleje a Vox de posiciones de poder que ocupa ahora mismo en virtud del apoyo que prestan a distintos gobiernos como el madrileño o andaluz de forma exterior a dichos Ejecutivos. Esto no habría sido bien recibido por el PP madrileño que apuesta por la confrontación con el PSOE a todos los niveles. Estas tensiones se habrían reflejado en la propia Asamblea Autonómica Madrileña con un intercambio de críticas entre miembros del gobierno de Madrid pertenecientes al PP y a Ciudadanos que discutían en la Asamblea el aceptar o no el apoyo del PSOE madrileño.

Arrimadas habría desmentido la posibilidad de una ruptura del pacto de gobierno del PP, un bulo que la extrema derecha llevaría extendiendo en redes sociales tras conocer el voto de Ciudadanos para la prórroga del Estado de alarma. Sin embargo, esto no quita que mantengan la posición de integrar al PSOE en la toma de decisiones de los Presupuestos.

Andalucía y la “unidad nacional”

Tras la votación del Estado de Alarma, la histórica dirigente del PSOE andaluz y expresidenta de la Junta de Andalucía Susana Díaz, ha agradecido el gesto de Ciudadanos como una acción de responsabilidad, apelando a la “unidad nacional” en un momento de crisis. Esto no se trataría de un gesto aislado en el tiempo, ya que apelaciones a la unidad nacional en Andalucía llevan ocurriendo desde el principio de la crisis del Covid-19 y en un primer momento incluyó incluso a Adelante Andalucía (coalición política integrada por Podemos, IU y Anticapitalistas), aunque fuese para la foto.

En esta línea, el pasado 23 de abril la líder del PSOE andaluz habría ofrecido su apoyo para la conformación de unos Presupuestos generales para Andalucía también fijados con el objetivo de la reconstrucción tras la crisis actual. Díaz proponía una mesa parlamentaria para tratar la cuestión y no cerraba el espacio a ninguna formación política siempre que tuviese voluntad de unidad y de negociación. Se veía ya en ese momento como los bloques actuales en la política burguesa podrían recomponerse a distintos niveles regionales o locales según las necesidades que generase la actual crisis sanitaria, social y económica. Todo esto se habría producido tras las palabras de Juanma Moreno, líder del PP andaluz y presidente de la Junta de Andalucía que también habría dado esas llamadas a la unidad y a tender puentes con el PSOE hace unas semanas, cuando se tanteaba un pacto nacional por la reconstrucción entre el PP y el PSOE.

A pesar de que, a nivel estatal, es obvia la política de confrontación que mantiene el PP con el gobierno del PSOE - Unidas Podemos, a nivel andaluz, Moreno ha tratado de mantener un perfil más moderado que no le impediría en un momento dado pactar con el PSOE lo necesario para mantener las políticas neoliberales en Andalucía de una forma más estable. En esas circunstancias, Ciudadanos podría aparecer una vez más como la bisagra que permitiría dicho pacto, sin riesgo de que elementos más volátiles como Vox puedan forzar inestabilidad en el gobierno de la Junta retirándole sus apoyos parlamentarios.

Valencia

Antes de que se conociera el giro estatal de Ciudadanos, este partido habría estado negociando con el PSV (la marca del PSOE en la Comunidad Valenciana) una serie de pactos que expulsaban al PP de sus últimas posiciones de relevancia en la provincia de Alicante y prácticamente de la Comunidad Valenciana. Esto se sumaba a una actitud a nivel autonómico favorable a colaborar con el PSV en su gestión de la crisis, como una oposición leal que abría la mano a futuros pactos, algo que buscaría indirectamente restar el poder de Compromís (antiguo miembro de Unidas Podemos y aliados del errejonismo en la actualidad), socio leal del PSV en el último ciclo político. Podríamos tratarlo como un primer ensayo antes del giro a nivel estatal.

¿Una recomposición del “extremo centro” en el estado español?

No hay duda de que la crisis del Covid-19 va a golpear duramente a cualquier gobierno capitalista, generando ciclos de inestabilidad política y social además de una fuerte crisis económica que amenaza las ya precarias condiciones de la clase obrera en cada país. En este escenario de desgaste de cualquier gobierno, no sería difícil comprender que el PSOE requiera de nuevos aliados sobre todo tras la ruptura con ERC. No sería la primera vez que se plantea un gran pacto de unidad nacional PP-PSOE, como ya fue defendido por periodistas de la derecha como Pedro J. Ramírez la misma noche electoral de noviembre como la única salida posible para lograr la estabilidad política que necesita la burguesía española para llevar a cabo sus políticas en los escenarios que se plantean.

Aunque el futuro es incierto, sin duda este gesto de Ciudadanos es un paso los intentos de recomposición del “extremo centro” en la política estatal. Pero estos intentos no pueden ser más que seniles en un marco de profunda crisis del régimen de partido y una depresión económica en ciernes que pondrá a prueba todos los resortes del régimen político.

Lo que es seguro es que ni el gobierno de coalición ni un posible reacomodamiento hacia la derecha en la geometría variable de la investidura, tienen nada que ofrecer a la clase trabajadora y los sectores populares. La única salida realista en defensa de nuestros intereses solo puedo ser de independencia de clase.






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