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Masificación turística en Barcelona, un problema real para los vecinos

La masificación turística, generadora de precariedad laboral, aglomeraciones insoportables en las calles y aumento de los precios, sigue siendo uno de los principales problemas en la ciudad.

Marta Clar

Barcelona | @MartaClar1

Martes 26 de julio de 2016 | 18:17

La depredación del sector turístico en la ciudad de Barcelona, cada día más evidente, no deja de generar conflictos entre el vecindario y el Ayuntamiento. Barcelona en Comú ha presentado un nuevo Plan de Desarrollo Económico de Ciutat Vella, uno de los distritos más golpeados por la masificación turística, con el objetivo de impulsar una "economía solidaria" y "conseguir que el turismo suponga una riqueza para los vecinos".

Con 27 millones de turístas recorriendo la capital catalana, las tediosas aglomeraciones en las calles y el transporte público, el encarecimiento de los precios, el cierre constante de pequeños negocios, la escasez de espacio público y el empleo precario, se han convertido en una pesada rutina que ahora muestra los límites de la "estrategia municipalista" de Ada Colau.

Sin adornos, lo que ocurre es que la llamada "ciudad del bien común", es incompatible con la "marca Barcelona" de los cruceros masivos, los grandes eventos, la elitización y el lobby hotelero.

Incompatible, además, con la Barcelona de los congresos turísticos, que ya han situado la ciudad en el primer puesto del ránking mundial en turismo de reuniones, esperando lograr un nuevo récord el próximo 2017. Y a la vez, también incompatible con las externalizaciones, las subcontratas y empleo temporal que caracterizan un sector en contínuo crecimiento y que ya supone el 12% del PIB y unos beneficios de 20 millones al día.

Ciutat Vella es, sin duda, un barrio paradigmático a la hora de reflejar el problema. Ya más de la mitad de los edificios son pisos turísticos y las camas de apartamentos y hoteles alcanzan prácticamente al número total de vecinos. La compra de edificios por inversores extrangeros expulsa a la gente del barrio, unos movidos por el malestar que supone vivir en el corazón de la "ciudad - parque temático", otros porque sencillamente, ya no pueden asumir esos precios.

Sin embargo, la apuesta política de la alcaldesa no consiste en reducir el número de hoteles, sino más bien enviarlos hacia otros barrios más periféricos. Solo en el La Sagrera, se prevee la creación de 3.000 camas de hotel. Esta medida, ha provocado la preocupación de nuevos vecinos, que ven que incapaz de oponerse a los intereses de la patronal hotelera, la nueva alcaldesa deriva el problema hacia otros barrios.

Es importante resaltar éste hecho, pues la principal bandera que ha levantado el nuevo Consistorio en su carrera para limitar el número de visitantes en la ciudad ha sido la limitación de los apartamentos y del turismo low cost, sin embargo continúa el camino de la profundización del turismo de élite basado en el viajero de congresos y convenciones, destinado a hoteles de gamas medias y altas. Desde hace años la polémica sobre este sector al alza gira al rededor de el Mobile World Congress, que aumentando los beneficios cada año y convirtiéndose en el evento más representativo de la elitización de la ciudad, esconde detrás de los millonarios beneficios la creación de empleo temporal y precario.




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