Sociedad

CRISIS SANITARIA

Mi paso por las urgencias siendo positivo en coronavirus

Esta semana ha sido ingresada mi compañera y diagnosticada de coronavirus. Mi hija y yo tenemos un seguimiento telefónico diario.

Guillermo Ferrari

Barcelona | @LLegui1968

Lunes 23 de marzo | 17:49

Este sábado me ha llamado una doctora de un CAP de Barcelona para hacer un seguimiento telefónico de la situación mía y de mi hija. Le he comentado que tenía alguna molestia nueva en la respiración y mocos líquidos transparentes. Lo primero generó dudas a la doctora y yo la verdad también las tenía. Finalmente, la doctora me invitó a acercarme al CUAP d’Horta.

Una vez llegado al CUAP, me atendieron rápidamente. Primero me hicieron cambiar los guantes que llevaba. A continuación me tomaron la condensación, la tensión y la temperatura y una doctora me auscultó. Y, finalmente, me hicieron dos radiografías de frente y perfil. La atención del personal muy profesional y amable.

La doctora se mostró preocupada y no lo veía claro. La calidad de la radiografía no era buena y era posible que indique una neumonía. Los recortes de inversión de los años de Artur Mas y la “antigua” Convergència han dejado huellas no solo en la falta de personal sino también en los aparatos antiguos y deficientes. Ante esto la doctora me avisar que iré a las urgencias del Hospital Vall d’Hebrón. Comienzo a preocuparme, porque mi hija ha quedado sola en casa.

En el CUAP también estaba José, un señor con apariencia de trabajador y un poco cabreado. También estaba Mariano, un señor mayor. Los tres estábamos esperando a la ambulancia. Nos subieron a José y a mí. Nos presentamos fríamente y José me explicó que era la primera vez que se subía a una ambulancia. “Estoy en el paro por un ERTE y ahora tengo el Covid” se quejó amargamente.

Hacinamiento en las urgencias de Vall d’Hebrón

Al llegar al Hospital, nuevamente nos toman la tensión, la temperatura y la condensación. Le pregunto, a la persona que me atiende si me ingresarán y me contesta casi sin mirarme “tienes muchos números”. Nos dejan esperando otro rato en un pasillo de la zona. Finalmente, nos conducen a otra sala.

Éramos 15 personas en una sala de 60 metros cuadros aproximadamente. Muchas de ellas, gente mayor de 60 años o incluso de más de 70 años. Ya eran las 14hs y seguía pensando en que me iban a ingresar y mi hija estaba en casa sin saber cuál es la situación. Había salido antes de les 12h sin desayunar. Mi pareja y amistades comienzan a moverse para resolver problemas.

De repente y rápidamente, comencé a sentirme que perdía el control. Pude levantar la cabeza y vi a 2 trabajadores sanitarios y les grité que me sentía mal y perdería el sentido. Y, lo perdí. Caí en un dulce sopor, por poco tiempo, aunque perdí el sentido del tiempo. Cuatro personas me pasaron de la silla de ruedas a la camilla y me preguntaron “cómo se llama” a lo cual respondí “Guillermo Ferrari y a las 12hs tomé un gelocatil de 1g”. Poco a poco me fui recuperando recostado.

Seguía llegando más gente. A algunos les ponían una vía con paracetamol y/o antibióticos. Otros eran llamados para hacerse una radiografía. A algunos les hacían el test del Covid-19. Enfrente un mío, un señor muy mayor temblaba mucho, le hicieron la prueba de la diabetes y la enfermera le dijo que le iban a inyectar más insulina. Otras dos personas hacían un control de temperatura y tensión a los pacientes más delicados.

La atención se veía muy profesional. Sin embargo, llevábamos horas sentados en una sala pequeña para tantas personas. Quizás el sistema no está colapsado aún, pero está al borde. El complejo sanitario del Hospital Vall d’Hebrón también ha sido sacudido por los terribles recortes de los años de Zapatero y Rajoy, ejecutados por Artur Mas con el apoyo del Partido Popular.

Miles de profesionales sanitarios han sido expelidos del sistema. Muchos de ellos se han ido del país para poder trabajar. Otros tantos se han quedado malviviendo con contratos de horas, días y, en casos mejores, de meses. Ahora, estamos pagando éste terrible maltrato que el capitalismo depara hacia la salud del pueblo y a su personal sanitario. Esto es costo para el gran capital, salud para el pueblo.

Luego de un tiempo, me realizan las radiografías de frente y perfil. Es a partir de aquí que comienzo a ver en el horizonte que no me ingresarán. La radiografía salió impoluta. Me toman la tensión y la temperatura. Me hace un electro para ver qué tal el corazón y el sistema circulatorio (tengo hipertensión y colesterol alto). Todo sale bien. A las 18:30hs cuando aún quedaban unos rayos de sol, me dan el alta. El cansancio y la relajación fueron en aumento.

Pensé en mi niña. Pero también pensé en la señora que espera la llamada de sus hijos, en las personas que tenían la ayuda del tubo de oxígeno, etc, etc. Todas ellas esperando hora y horas a que sean derivados a una cama donde recibir una atención digna. En las personas que pasaron en camilla con el personal empujando a todo gas.

Y, todo me llenó de una inmensa rabia contra los recortes de odio de clase contra quienes daban “lecciones de cómo recortar”. Todos ellos de rositas, mientras nuestros abuelos, en especial, y la gran mayoría de nosotros somos atendidos como se puede, mientras el presupuesto público se ha desviado hacia la privada. Ellos tienen tests y una atención dignas porque nos las quitaron. Es hora de expropiar a los expropiadores.






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