Internacional

XENOFOBIA

Miles de fascistas salen a cazar inmigrantes y militantes de izquierda en Alemania

En la ciudad alemana de Chemnitz, en la región de Sajonia, cerca de 1.000 neonazis marcharon el domingo por el centro de la ciudad para cazar inmigrantes. Aprovecharon el asesinato de un hombre de 35 años en la noche del domingo. El lunes por la noche hubo otra gran manifestación de ultraderecha con varios miles de participantes, en la que fueron nuevamente atacados izquierdistas y periodistas.

Martes 28 de agosto de 2018

Tras el homicidio de un hombre de 35 años de edad en la ciudad de Chemnitz este fin de semana, unos 1.000 neonazis se movilizaron el domingo por el centro de la ciudad. Durante la marcha atacaron a migrantes, hiriendo varias personas.

Según la policía, los presuntos autores del homicidio proceden de Siria e Iraq. A partir de esto, la ultraderecha convocó por las redes sociales a movilizarse para mostrar "a los extranjeros quién manda aquí". La derecha está instrumentalizando este asesinato para llevar su propaganda contra los refugiados a las calles.

Los violentos disturbios en Chemnitz continuaron el lunes por la noche. Unos 1.500 activistas de izquierda se habían movilizado en contra de la propaganda y la movilización racista. Cerca de 5.000 militantes de ultraderecha los atacaron, agrediendo a manifestantes y periodistas.

Durante la manifestación, pequeños grupos de fascitas se separaron repetidamente de la manifestación porque la policía "no pudo" controlar la marcha. Por ataques de los neonazis con fuegos artificiales y otros objetos, varios manifestantes antifascistas resultaron heridos y tuvieron que ser llevados al hospital.

En Chemnitz, se movilizó todo el espectro de la extrema derecha, desde los populistas de derecha de "Alternativa por Alemania" (AfD), hasta diversos grupos neonazis y hooligans de otras ciudades de Sajonia. Esto demuestra una vez más que la AfD ahora se superpone con grupos fascistas en las calles y podría convertirse en el brazo parlamentario de este movimiento. En las elecciones generales del año pasado la AfD se alzó en esta parte del país con un 22%, casi diez puntos más que la media nacional (12,6 %).

Su diputado nacional Markus Frohmeier incluso defendió esta cacería en Twitter y llamó a la fundación de milicias de "defensa ciudadana" fascistas. Durante la manifestación se mostraron repetidamente saludos fascistas. Para el domingo, los periodistas locales y los manifestantes hablaron del estado de ánimo en el lugar como "parecido a un pogrom", en referencia a los ataques masivos contra minorías étnicas o religiosas que se hicieron famosos en la Rusia zarista sobre todo contra los judíos.

La policía, con total descaro, afirmó estar "abrumada" por la situación. El Gobierno de la canciller Angela Merkel calificó los ataques neonazis como una "intolerable incitación xenófoba". El portavoz del Gobierno, Steffen Seibert, condenó cualquier tipo de "acoso" contra extranjeros y declaró que "en Alemania no hay espacio para tomarse la justicia por su mano, para grupos que quieren propagar el odio en las calles, para la intolerancia y para el extremismo". Todas declaraciones hipócritas cuando la política de estado sobre la cuestión migratoria viene fomentando la xenofobia y estigmatizando la inmigración que ellos mismos provocan con su orientación guerrerista en Medio Oriente y otras regiones.

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En el pogrom de 1992 en el barrio de Lichtenhagen, Rostock (ex Alemania Oriental), la policía también afirmó verse superada por la situación. En este entonces, había dejado que la chuzma xenófoba atacara a los migrantes, prendiendo fuego a sus casas, en muchos casos con la gente dentro. En cambio, habían impedido que los antifascistas llegaran a los lugares atacados y protegieran a los migrantes.

En aquel momento, la "Casa de Girasol" en Rostock Lichtenhagen, que era el destino del pogrom, estaba ocupada principalmente por inmigrantes vietnamitas que trabajaban con salarios bajos y malas condiciones de trabajo en las fábricas de Rostock.

Es urgente fortalecer la movilización en las calles contra la ultraderecha e impulsar la unidad de la clase trabajadora local e inmigrante en cada fábrica, escuela, barrio o lugar de trabajo, para dirigir la indignación contra nuestros verdaderos enemigos, los capitalistas y sus políticos a sueldo.

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