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Mundo obrero, una obra sobre la emancipación

Del 16 de septiembre al 2 de octubre se puede ver Mundo obrero en el Teatro del Barrio de Madrid. Una obra escrita por Alberto San Juan que refleja la historia de España desde principios de siglo XX, pasando por varios momentos en los que los trabajadores y las trabajadoras irrumpen en la historia.

Lucía Nistal

@Lucia_Nistal

Martes 17 de septiembre | 17:51

Comienzos del Siglo XX, estamos en la Escuela Moderna de Ferrer i Guàrdia en Catalunya. Dos alumnos, un niño y una niña hijos de migrantes, quieren saber, pero también quieren comer. El profesor les comprende y les sugiere salir a quemar el palacio Real, pero que no digan por ahí que ha dicho eso, que es solo un símbolo. Un símbolo que les explicarán otro día en otra escuela, porque nos vamos a las revueltas de 1909, la semana trágica catalana, el fusilamiento del fundador de la Escuela Moderna. Participamos también en la gran huelga en Catalunya que consiguió la jornada laboral de 8 horas y, mientras, los niños, Luis y Pilar, crecen, y con ellos y sus hijos que toman el testigo, recorremos juntos la historia de España. Pero la de verdad, la de la clase trabajadora.

El texto de Alberto San Juan, a veces dulce, a menudo salvaje, desempolva algunos episodios de nuestra historia que sin duda nos sirven para pensar el presente. Un claro ejemplo es la cuestión de la vivienda, a través de las huelgas de inquilinos de principio de siglo en Barcelona o la autoorganización y lucha de los chabolistas de Orcasitas, que discuten cómo irse turnando el único inodoro para que no demuelan las casas.

La asamblea, con su punto reivindicativo de mujer empoderada interpretada por la maravillosa Pilar Gómez – que será las sucesivas Pilares de la historia– se convierte en un divertido caos. Porque es política, pero es comedia, una comedia musical en la que las canciones, compuestas por Santiago Auserón, empujan la acción, pero también nos dejan el espacio tal vez brechtiano para reflexionar sobre ella.

Alberto San Juan, polifacético y convincente, y Lola Botello con una voz que emociona, representan diferentes personajes conocidos o familiares. Simone Weil, George Orwell, María Teresa León, Primo de Rivera… O Buenaventura Durruti que protagoniza una escena que nos recuerda a la célebre frase del personaje de Brecht, Mack el Navaja: “¿Qué es robar un banco comparado con fundarlo?”, cuando tiende una pistola a aquellos que le piden una moneda aconsejándoles que vayan a coger lo que necesiten al banco, no se trata de robar, es suyo, les robaron antes de haber nacido.

La República también pasa ante los ojos de los espectadores, pero sin huir de su complejidad. Primero la ilusión de nuestra pareja de enamorados Pilar y Luis, que fue la de grandes sectores, de haber arrancado una conquista sin esperar a que nadie nos la otorgara y abrir un mundo de posibilidades en el que por fin se oiría nuestra voz. Pero también la rápida decepción con un Azaña que no va a tocar los privilegios de los que más tienen, de una derecha republicana que se pone de acuerdo con la derecha no republicana en lo esencial, de la mortal consecuencia que se cobró la ocupación de las tierras, de la brutal represión de Casas Viejas.

La asamblea obrera y vecinal de Orcasitas, que nos arranca más de una risa por ver reflejadas muchas de las dinámicas y dejes asamblearios que conocemos, trae al escenario la pelea por una profunda democracia, una democracia obrera donde los desheredados, como Pilar y Luis, puedan decidir sobre su vida. Un ímpetu que se renueva durante la poco pacífica Transición en la que grandes movilizaciones y huelgas pondrán en jaque al régimen, que saldrá vencedor de este round y otorgará puestos de honor a aquellos que torturaron a Pilar durante el franquismo.

El espíritu antimonárquico que se hizo obra y película con El Rey, obra dirigida y coprotagonizada por Alberto San Juan junto a Luis Bermejo, recorre también Mundo Obrero, como no podía ser de otra manera en una obra que da a reflexionar sobre la lucha de los desheredados por tomar su destino en sus manos.

El leitmotiv de los desheredados saliendo a la calle recorre la obra, en un anhelo por irrumpir en la historia, por esa democracia de los trabajadores que nunca llega, que se cubre con banderas de España que bien podrían ser banderas de corporaciones, como sugiere Alberto. También colaboran en la estructuración del relato las luces, que construyen diferentes escenarios con simpleza y efectividad y los acentos cambiantes que nos llevan de un año a otro junto a la constante migración interior de los protagonistas.

Mundo Obrero es una obra que, rozando en ocasiones el teatro documental, nos recuerda el poder del teatro para remover conciencias, desmitificar, ejercer violencia sobre lo cotidiano que diría el filósofo Karel Kosík y, en definitiva, llevarnos a la acción. Tanto que, el buen trabajo de los cuatro actores ya provoca frases, aplausos y proclamas espontáneas del público en numerosas ocasiones, que no pueden esperar a la finalización de la obra para ponerse en acción.

El tándem de Luis Bermejo y Pilar Gómez que derrocha complicidad, que tantas veces muere y se levanta, pelea por conquistar libertad para amar, para el arte, para la vida plena, porque como dijo Alberto San Juan en una entrevista, "Es difícil amarse libremente en una sociedad capitalista, mientras uno está siendo explotado. Mientras siga existiendo la explotación del ser humano, el amor tendrá dificultades". Y la pareja aún tendrá su baile final, sobre las ruinas de lo que fue, con la mirada en un futuro del que no diremos más. Para conocerlo, recomendamos sinceramente la obra, que se representará en el madrileño Teatro del Barrio hasta el 2 de octubre.






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