Géneros y Sexualidades

A 100 AÑOS DE LA REVOLUCIÓN RUSA

Pensar lo “imposible”: las conquistas de las mujeres en la Revolución rusa

La emancipación de las mujeres fue una tarea central de la revolución rusa, desarrollando una gran creatividad innovadora. Sus debates se reactualizan: trabajo doméstico, aborto, amor libre, libertad sexual y la homosexualidad, prostitución, derechos de las mujeres trabajadoras.

Cynthia Lub

Barcelona | @LubCynthia

Martes 7 de marzo | 21:20

La conquista obrera del poder brindó importantes derechos para las mujeres, logradas mucho antes que en los países capitalistas más avanzados del mundo. Dentro del movimiento feminista y de mujeres actual, prácticamente se desconoce la creatividad innovadora e inigualable con la que las mujeres y los hombres bolcheviques enfrentaron las tareas de la emancipación de las mujeres, mientras avanzaban en una sociedad sin explotación ni opresión.

Lejos de recordarlas como cuando observamos estáticas fotos color sepia, se trata de conocer su experiencia, para recuperar la idea de lo “imposible” contra lo limitadamente “posible” que los márgenes del sistema capitalista nos ofrece.

Para ello hacen falta dos ejercicios fundamentales: uno, romper los prejuicios que contra la idea de la revolución y contra el marxismo crearon los ideólogos capitalistas; dos, "atrevernos" a pensar la revolución como estrategia emancipatoria de las mujeres.

Rompiendo prejuicios sobre la revolución, el marxismo y la cuestión de género

Existe un fuerte prejuicio de que desde el marxismo “no se piensa en la cuestión de género” y que la clave de su estrategia es “la lucha por la revolución en un exclusivo terreno económico”.

Sin embargo, si la Revolución Rusa permitió conquistas inéditas para la mujer en una época donde las condiciones económicas eran muchísimo más difíciles que en la actualidad, fue porque importantes mujeres y hombres marxistas han contribuido práctica y teóricamente a ello. Incluso ya un siglo antes, desde Marx y Engels, quienes medían el avance de una sociedad de acuerdo al grado de opresión hacia las mujeres.

Ligado a esto, en el debate sobre el “origen del patriarcado, existe otro prejuicio que plantea que para el marxismo, “sólo existiría opresión patriarcal en el sistema capitalista”, y que la opresión de la mujer “se resolverá después de la revolución”.

Por el contrario, Marx y Engels –sobre todo este último– insistieron y teorizaron sobre la existencia de la opresión de las mujeres en todas las sociedades con Estado y sociedad de clases –y no sólo en el capitalismo–, vinculando el patriarcado a la existencia de las clases sociales.

No obstante, para las marxistas socialistas ¿la revolución proletaria es suficiente para la emancipación de las mujeres? La respuesta es no. Y esa es una de las grandes lecciones que dejaron grandes dirigentes de la Revolución rusa, como fueron Lenin y Trotsky, quienes plantearon la idea de que, después de la revolución, es necesario un cambio profundo de los valores y de la cultura.

Lenin planteaba en 1920, que “la igualdad ante la ley todavía no es igualdad frente a la vida. Nosotros esperamos que la mujer obrera conquiste, no sólo la igualdad ante la ley, sino frente a la vida, frente al obrero. [...] El proletariado no podrá llegar a emanciparse completamente sin haber conquistado la libertad completa para las mujeres”.

Alejandra Kollontai, retomaba a Marx, quien planteaba que no bastaba con trasformar las relaciones de producción, sino que además era necesaria la aparición de un hombre nuevo. Kollontai dedica gran parte de sus trabajos a la necesidad de la revolución ‘psicológica’ de la humanidad.

Teorizaba sobre la “mujer nueva” y decía que “La clase obrera, para cumplir con su misión social, necesita no una esclava impersonal del matrimonio, de la familia, una esclava que posea las virtudes pasivas femeninas, sino una individualidad que se alce contra toda servidumbre, necesita un miembro consciente, activo y en pleno disfrute de todos los derechos de la colectividad de clase”.

Estos y otros prejuicios se basan en los postulados de un “falso marxismo” que vulgarizó las teorías de las mujeres y los hombres que luego se pusieron en práctica en la revolución bolchevique. Fue el estalinismo, como veremos, quien traicionó la revolución imponiendo el régimen de la burocracia soviética; desarrollando a la vez un “revisionismo antifemenino” contrario al “marxismo emancipatorio” (“Feminismo y Marxismo: más de 30 años de controversias”, Andrea D’Atri, 2004).

Ante esta visión reduccionista y economicista, en este debate aún actual, la “reacción” de sectores del movimiento feminista es, partiendo de la idea de que la opresión de las mujeres siempre había existido en todos los sistemas sociales, teorizar al patriarcado como “matriz” de todas las demás relaciones de dominio, opresión y explotación. E incluso llegar a “abstraerlo” del sistema político y socio económico sobre el que se asienta, y centrar la lucha por la emancipación de las mujeres exclusivamente en el patriarcado.

Sin embargo, así como las marxistas no concluimos que la emancipación de las mujeres está garantizada automáticamente con la revolución socialista o con algunas leyes y decretos progresivos que pueda promulgar la clase obrera en el poder. Tampoco afirmamos que es en los estrechos marcos del sistema capitalista donde la emancipación de los oprimidos pueda ser posible. Por eso, contraponer la necesidad de un “cambio cultural” a la necesidad de trastocar el sistema capitalista desde su raíz, sólo puede servir a los fines de desestimar la idea de la revolución social.

Las conquistas de la Revolución rusa y los debates actuales

Como decíamos, tras la revolución de 1917, se conquistaron importantes derechos para las mujeres que no existían antes de la revolución ni en ningún otro país de Europa. Para los bolcheviques, la emancipación de las mujeres era una tarea central de la revolución.

Se plantearon abolir la “esclavitud” del trabajo doméstico, y establecer la “socialización” del “trabajo reproductivo”. Y aunque gran parte del movimiento feminista desconoce estas premisas y aún reprocha al marxismo haber desvalorizado esta cuestión en su pensamiento, contrariamente fue clave en la revolución.

También la cuestión de la institución de la prostitución, otro complejo debate actual. Otro prejuicio es cuando se acusa al marxismo de partir de una consideración burguesa de la prostitución como un “escándalo moral”.

Nada más lejos. Kollontai, férrea defensora de la liberación de la sexualidad y de la idea de que debía ser la clase obrera la que avanzara en la conquista de una nueva moral sexual capaz de romper con el puritanismo y la monogamia tan funcionales al patriarcado capitalista, consideró la prostitución una institución que condenaba a las mujeres pobres y que además era totalmente contraria a la idea socialista del amor libre, entre iguales, por estar fuertemente vinculado a una relación comercial.

Todos estos grandes debates se ponían en práctica, no sin grandes contradicciones, en el nuevo Estado obrero, junto al amor libre y la sexualidad; planteándose nuevas relaciones sexuales y afectivas que debían comenzar a definirse en el seno de la revolución.

Otros avances fueron, la igualdad ante la ley, que les dio a las mujeres el derecho a controlar sus salarios y su propiedad, a reclamar la patria potestad sobre sus hijos en caso de divorcio, y decidir dónde vivir, estudiar y trabajar.

El derecho al aborto legal y gratuito también se conquistó en Rusia por primera vez en la historia, el 18 de noviembre de 1920, cuando Alejandra Kollontai promovió un decreto que lo declaraba como un derecho libre y gratuito. Pasado un siglo, hoy seguimos luchando por este derecho en gran parte del planeta. Y miles de mujeres mueren en abortos clandestinos.

También los bolcheviques derogaron las leyes en contra de la homosexualidad en diciembre de 1917, medio siglo antes que los primeros países capitalistas en hacerlo.

Respecto a los derechos de las mujeres trabajadoras, fueron muchas las mujeres combatientes en los días de la gran Revolución de Octubre, dedicadas incansablemente a la tarea apasionante de organizar a las mujeres trabajadoras y luchar por sus derechos, como “Igual trabajo, igual salario”; algo por lo que se sigue reclamando.

Revolución o barbarie capitalista para las mujeres

Para la gran dirigente marxista alemana, Rosa Luxemburgo, la revolución rusa de 1905, primero, fue su fuente de inspiración, proponiéndose transmitirla en Alemania e incluso participando en ella. “Estamos viendo la revolución rusa, y seríamos unos asnos si no aprendiéramos de ella”, dijo. También fue una gran seguidora y admiradora de la revolución de 1917, que impactó en Alemania.

Fue Rosa quien frente al advenimiento de la Primera Guerra Mundial dijo, “En este momento basta mirar a nuestro alrededor para comprender qué significa la regresión a la barbarie en la sociedad capitalista”.

Hoy, aunque en un contexto mundial distinto, podríamos hablar de una verdadera barbarie capitalista para las mujeres. El movimiento de mujeres sale a las calles no sólo por derechos básicos, muchos de ellos ya planteados por las mujeres hace siglos, también lucha para “vivir”, para que no nos maten bajo el grito mundial de #NiUnaMenos.

Pero para que cada una de estas luchas y conquistas triunfen, no basta resistir. Tenemos que proponernos conquistar lo “imposible” y, como decía Rosa Luxemburgo, luchar “Por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres”

*Escrito en base a la ponencia de la charla de Pan y Rosas, “Mujer y Revolución rusa”, Barcelona, 7 de marzo de 2017.

Bibliografía de Consulta:

D’Atri, Andrea, Pan y Rosas, Pertenencia de género y antagonismo de clase en el capitalismo, Buenos Aires, Ediciones IPS, 2013.

Goldman, Wendy, La Mujer, el Estado y la revolución, Buenos Aires, Ediciones IPS, 2010.






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