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Plan Bolonia: movimiento estudiantil y universidad de clase

Los datos muestras que el plan Bolonia ha acentuado la polarización de las contradicciones de clase al interior de la universidad.

Carlos Muro

Zaragoza | @muro_87

Martes 11 de septiembre | 18:45

En la primera parte de esta serie de artículos y en la segunda parte con motivo de los 10 años de la imposición del plan Bolonia recorríamos varios factores a tener en cuenta para medir algunos cambios acaecidos.

En esta tercera parte abordaremos otro aspecto: la relación de los estudiantes con las diferentes clases y sectores de clases de la sociedad. Los datos muestras que el Bolonia ha acentuado la polarización de las contradicciones de clase al interior de la universidad.

Movimiento estudiantil y polarización social

“En el estudiantado se reflejan, igual que en una cámara de resonancia, a todo volumen los intereses y aspiraciones sociales generales de las clases entre las que es reclutado”. En esencia esta definición de Trotsky sigue teniendo vigencia, pero con una diferencia, el surgimiento de la universidad de masas en la segunda posguerra amplificó enormemente la “cámara de resonancia”. El estudiantado aunque aparece como un “grupo de transición” entre la clase social de origen y su destino futuro en la estructura laboral, sufre la enorme presión de las contradicciones y psicologías de cada clase social. Más aun cuando ven peligrar (pauperizar) sus condiciones de vida fruto de los acontecimientos políticos y las crisis económicas. Un ejemplo para mostrar este cambio fueron las protestas estudiantiles del 68 cuando esa universidad de masas estalló, y los hijos e hijas de familias de clases medias percibieron ese peligro, y vieron en la fuerza de la clase obrera una salida alternativa.

Con el Plan Bolonia estamos antes un nuevo salto. Hoy el proceso de “expansión educativa” vivida desde el nacimiento de la “democracia” española del 78´ se ha paralizado fruto de las crisis y el mismo plan Bolonia. El número de alumnos en la universidad se ha reducido sobre todo por los sectores más pobres y ha contribuido a acentuar aún más las diferencias de clase. La reproducción de las clases sociales a través del sistema educativo se ha polarizado con los años. Aunque durante los años de “democracia” española este mecanismo sirvió a las clases dominantes, los planes bolonizadores de la educación suponen un reajuste.

Julio Carabaña en “La investigación sociológica sobre los estudiantes universitarios en España” plantea que para el periodo 1990-2013 “los hijos de profesionales, directivos y autónomos han tenido incrementos de 15 puntos, mientras que sólo han crecido 5 puntos los hijos de administrativos, comerciales, obreros y campesinos. “La distancia entre profesionales y obreros ha pasado de 43 puntos porcentuales a unos 54”. En suma, no se puede hablar de democratización “en el sentido de que entre el alumnado universitario haya aumentado el procedente de las ‘clases populares’” (2015). En esa misma dirección, hemos hablado nosotros, a partir de datos de varias encuestas en el marco de Eurostudent, de la existencia de una democratización relativa (en el acceso), selectiva (por ramas) y segregativa (por capital educativo final alcanzado)”.

¿Qué significa estos datos? El Observatorio Social de la Caixa plantea que los hijos de los profesionales y directivos tienen 2,8 veces más probabilidades de llegar a ser profesionales y directivos que los hijos de trabajadores y 1,4 veces más que los hijos de las clases intermedias. Es más un 63% de los hijos de profesionales o directivos lograron un título universitario frente a solo un 26% de los hijos de trabajadores.

El Plan Bolonia y la crisis provocaron dos cosas. Por un lado subida de tasas y reducción del número de alumnos al mismo tiempo que “diversificaba la educación superior”, una diferencia muy sutil. La proliferación de multitud de “ofertas educativas” enmascara por un lado la “necesidad” del mercado de especializar la mano de obra, y por otro lado “facilita” la jerarquización educativa según las clases sociales. Ya sea el aumento de las universidades privadas –en Madrid superan a las públicas- donde los hijos de las clases altas puedan acceder o de la Formación Profesional, donde familias obreras ven en la FP su “universidad”. Una salida más barata que la universidad y con la posibilidad de inserción laboral a diferencia de la universitaria. Sin olvidar tampoco el crecimiento del número de alumnado de las universidades a distancia dirigida a aquellos sectores que no pueden compatibilizar trabajo y estudio.

Estamos ante un empobrecimiento social y salarial, y cada año miles de estudiantes que tratan de ascender socialmente mediante la universidad ven frustradas sus aspiraciones. Esto provoca una fuerte contradicción entre las promesas idílicas de ascenso social y la negativa del mercado para asumir estudiantes “demasiado cualificados”. En otras palabras, el mercado selecciona. Además, esto inevitablemente tiene que ver con la naturaleza de la economía española basada en sectores con bajo valor añadido. En la industria, el comercio o el transporte, más de la mitad de los estudiantes trabajan en sectores que nada tienen que ver con lo estudiado: en el sector del transporte y almacenamiento representa el 70,5% de los trabajadores, en la construcción el 57,4%, en la industria manufacturera el 48,6%. Incluso en la en la Administración pública es del 38%. Todos estos elementos -que hemos abordado en otros artículos- confirman un proceso de “anglosajonización”.

Cuestionar la sociedad de clases para cuestionar la universidad de clases

Inevitablemente en el marco del sistema capitalista toda idea, objeto o servicio puede ser convertido en una mercancía intercambiable, ahogando toda iniciativa, investigación y autorrealización personal. En el primer y segundo artículo hemos visto que el Plan Bolonia trataba precisamente de reajustar la educación a los cambios y necesidades del mercado, subordinándola aún más a la lógica de funcionamiento capitalista. La encargada de llevar adelante esta tarea fue la casta universitaria.

Bajo los criterios del mercado todo lo que se investiga y enseña en la universidad está limitado y controlado, directa o indirectamente, por las necesidades de grandes corporaciones. Es necesario, pues, que nos planteemos un criterio radicalmente democrático de la universidad, una red única de universidades públicas y gratuitas financiadas con los impuestos de los más ricos. La eliminación de toda la casta universitaria, de todos los privilegios económicos y políticos de un “selecto club”.

Que todas las decisiones pedagógicas, laborales, políticas, sindicales o culturales estén bajo la decisión de una asamblea que represente a todos los sectores de la universidad, que sean revocables y sin ostentar ningún tipo de privilegio por ser “representantes” (PDI, PAS, personal laboral, estudiantil, sindical o político).

Además, es necesaria una revolución pedagógica de toda enseñanza fuera de los esquemas empresariales y de su moral patriarcal, homófoba y racista. La más completa libertad para investigar y enseñar para todo aquel que quiera, impulsando grandes centros e institutos públicos y gratuitos de investigación y desarrollo controlado por estudiantes, PDI, PAS y sindicatos de trabajadores/as que realmente sirvan a la sociedad. Es decir, planificar la investigación y la enseñanza libremente para que amplios contingentes de estudiantes aprendan e investiguen curas para enfermedades como la Hepatiris C o el cáncer, para estudiar la antimateria o las galaxias más lejanas, desde los transportes limpios hasta la intrigante mirada de la Gioconda. Al mismo tiempo que repartimos todas las horas de trabajo sin reducción salarial para reducir el paro y la precariedad del conjunto de la sociedad, es necesario un “plan de choque” para la juventud que le garantice empleo al terminar los estudios.

Como diría Marx “...cuando la limitada forma burguesa es desgarrada, ¿qué es la riqueza sino la universalidad de las necesidades, capacidades, placeres, fuerzas productivas individuales, creadas por medio del intercambio universal? ¿Qué sino el pleno desarrollo del dominio del hombre [y de la mujer] sobre las fuerzas de la naturaleza, las llamadas naturales, lo mismo que las de la propia naturaleza humana? ¿Qué, sino el absoluto despliegue de las potencialidades creativas [del ser humano], sin ninguna otra presuposición que el desarrollo histórico previo, es decir, el desarrollo de todos los poderes humanos como fin en sí mismo, no medidos de acuerdo a un patrón predeterminado? ¿Qué, sino el ámbito en el que no se reproduce a sí mismo en una de sus especificidades, sino que produce su totalidad? ¿Qué, sino aquella condición en la que dirige su esfuerzo no a conservar lo que ha llegado a ser, sino a mantenerse en el movimiento absoluto de llegar a ser?”

Necesitamos avanzar hacia una “post universidad” (una superación de la universidad actual) para vislumbrar la más absoluta autorrealización personal, recogiendo lo más avanzado de la sociedad actual al mismo tiempo que la superamos. Pero este criterio post-universitario está estrechamente ligado a la transformación de la propia sociedad de clases en la que vivimos. No podríamos concebir nada nuevo sin que la población trabajadora tomara en sus manos el conjunto de fuerzas productivas y por ende el poder político. Todo cuestionamiento debe estar ligado a esta perspectiva que permita dar pasos hacia una sociedad sin clases.

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