Política Estado Español

RÉGIMEN DEL 78

¿Por qué estamos viendo militares en las calles y en televisión?

Los cuerpos policiales y la Guardia Civil, codo a codo con los militares, campan a sus anchas por las calles y las pantallas. El brazo armado del Régimen saca músculo en la pandemia, reforzando las tendencias represivas. La sombra del autoritarismo puede ser más larga que el confinamiento.

Lunes 20 de abril | 17:20

Equipo técnico, “no hay ideologías”, lenguaje militar… La respuesta a las polémicas declaraciones del jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil, José Manuel Santiago no distan mucho de reforzar lo que pretendían desmentir. Tras la intervención en televisión en la que afirmó que uno de los objetivos de este cuerpo era “minimizar el clima contrario a la gestión de crisis por parte del Gobierno”, el día siguiente lo calificó de lapsus. Sin embargo, el discurso para hacerlo, se centraba en la “unidad nacional”, la “labor de las fuerzas armadas” o el “equipo técnico”, desde una postura en la que “no hay ideologías”, indicadores de un acercamiento a posturas autoritarias por parte del Régimen.

Pero, ¿se trata de combatir un virus con tanques y metralletas? ¿Con multas y porras?

Si hace dos meses nos hubieran dicho que los militares iban a desfilar por nuestras calles, iban a intervenir en la televisión y nos iban a confinar en casa, nos hubiéramos acordado del golpe de Estado del 23F. Sin embargo, hoy hacen todo eso e intervienen, junto con policía y Guardia Civil, del “parte de guerra” contra un virus que aparece por televisión cada día.

En estos informativos, los altos mandos de uniforme nos hablan del “enemigo invisible”, de la “unidad de las filas” o de “la guerra contra el virus”. Han vuelto las metáforas militares en el discurso público, que a su vez busca justificar un aumento de los mecanismos autoritarios del Estado. Y ese fortalecimiento del poder del Estado capitalista viene de la mano del despliegue policial-militar, la limitación de derechos democráticos o concentración del poder en el Ejecutivo.

En este sentido, para las fuerzas policiales la Ley Mordaza (que el PSOE y UP prometieron hace ya tiempo derogar) es el vehículo exprés para las sanciones de cuarentena, que alcanzan las 600.000 en un mes, con más de 5.500 detenciones, algunas de las cuales se han producido con extrema violencia policial, la cual destaca por la impunidad de su situación de “dueños de la calle”.

Al mismo tiempo, el Ejército sigue siendo mantenido con más de 12.000 millones de euros al año mientras faltan materiales esenciales contra el virus. La diferencia es que esta vez, no sólo se despliega en las misiones imperialistas de Mali, Irak o Senegal, sino que también marcha por las calles de todo el Estado. Las campañas donde “venden” su labor humanitaria y pacificadora o el traspaso militar de labores civiles de emergencia como un “lavado de cara” no pueden tapar que el Ejército sigue participando en las misiones o los bloqueos y sanciones de guerra económica que le exigen la UE y la OTAN en plena crisis sanitaria.

El Estado español no es una excepción. Distintos regímenes políticos occidentales se ven enredados en una realidad con alto contenido inflamable: los sectores más precarios de los trabajadores, con bajos salarios y jornadas extenuantes, son los mismos que están en las líneas de frente del combate a la pandemia, o trabajando en medio de la propagación del coronavirus para mantener funcionando las ramas esenciales (y no esenciales) de la producción y distribución.

Detrás de la “unidad nacional” que los regímenes han impuesto en buena parte de los países del mundo y bajo el discurso bélico contra el coronavirus se pretende ocultar la guerra que ha librado –y libra– el capitalismo durante las últimas décadas contra la salud pública y las condiciones de vida de las grandes mayorías. Por ejemplo, la Organización Internacional del Trabajo, dependiente de la ONU, anunció que casi 1.000 millones de trabajadores en el mundo perderán sus empleos o verán reducidos sus salarios.

Este paso de la crisis sanitaria a la crisis social está inscripto en la falta de preparación de los capitalistas, que enfrentan la pandemia con medidas improvisadas. No hay testeos masivos para que el aislamiento sea selectivo y racionalmente organizado. También faltan camas de terapia intensiva, respiradores o ventiladores mecánicos suficientes, cuando incluso las potencias globales se desesperan en la disputa por insumos tan básicos como máscaras de protección. Pero no, armas al servicio de los capitalistas no faltan.

Frente a su Estado de alarma, que se basa en militarización de las calles y el crecimiento de las agresiones y arbitrariedades policiales de todo tipo, pero tiene guante de seda con los grandes capitalistas, hay que oponer un programa que toque de forma directa sus ganancias e intereses. Hoy un plan de emergencia que haga pagar la crisis a las grandes fortunas y empresas para atender la crisis sanitaria y social no es una opción, es una condición que define la vida o la muerte de miles de personas.






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