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TRIBUNA ABIERTA

¿Por qué la “nueva izquierda” responde igual que el PP a la huelga del metro?

Las trabajadoras y trabajadores del Metro de Barcelona nos preparamos para la quinta tanda de paros en el suburbano barcelonés. Los próximos días, del 18 al 22 de junio.

Miguel Augusto

Trabajador Metro Barcelona | @miguelaugusto70

Viernes 17 de junio de 2016 | 18:54

Se realizarán paros parciales tras el rechazo aplastante de la última propuesta presentada en asamblea en la cual la Dirección de TMB pretendía condicionar el acuerdo a una “paz social” hasta el 31 de mayo del 2017. La mediación del pasado día 15 de junio finalizó pasada la medianoche de ese día tras la aparición, a última hora, del mismo condicionante sobre la “paz social” en este caso disfrazado de “buena fe negociadora”.

Los motivos y las reivindicaciones de la platilla del Metro de Barcelona ya han sido explicados en varios artículos de este medio, de igual manera que también se han explicado los motivos y reivindicaciones de los compañeros del Metro de Madrid que esta semana también han realizado varios días de paros.

Si hacemos un repaso a las convocatorias de huelga de las dos empresas (Metro de Madrid y Metro de Barcelona) podemos observar tantas similitudes que incluso podríamos llegar a sospechar que ambos suburbanos pertenecen a la misma empresa.

Las trabajadoras y trabajadores de las dos compañías reivindican mejoras contractuales, denuncian un empeoramiento del servicio, tanto por la ausencia de personal en estaciones como por una dejadez cada vez mayor en el mantenimiento, ambos pretenden mejoraras económicas tras años de estrecheces, los dos colectivos denuncian la disminución de sus plantillas, Metro de Madrid (600 trabajadores menos) mediante un ERE en el 2013 y Metro de Barcelona (350 trabajadores menos) mediante la incorporación de un trabajador al 75% por cada 2 jubilaciones parciales) y en ambos casos las bajas vegetativas (defunciones, largas enfermedades, despidos, etc…) no se suplen con nuevas incorporaciones.

En los dos casos la respuesta de sus respectivas directivas ha sido la misma, falta total de “voluntad negociadora” con ausencias repetitivas a las reuniones y un ataque feroz hacia sus plantillas filtrando salarios inflados y tildándolas de “privilegiados” con el único fin de que la ciudadanía le de la espalda a los trabajadores. Esta reacción la podemos esperar de responsables políticos ultraliberales como es el caso de Metro de Madrid, el cual pertenece a la Comunidad de Madrid en manos del PP y C’s, pero ¿cómo puede ser que en Metro de Barcelona, en manos del Ayuntamiento de BeC y con una Presidenta de la Compañía que pertenece a EUiA, actúe igual? ¿Cómo pueden los militantes y simpatizantes de esta formación defender una gestión idéntica a la de los partidos de la derecha más rancia?

Comprendo, sobremanera, a mis compañeros de Metro cuando me manifiestan la gran decepción que sufren con el mandato de la alcaldesa Ada Colau y su proyecto político. Una decepción que yo no padezco, ya que nunca esperé nada de la clase política. Percibían la llegada de BeC a la alcaldía como un nuevo tiempo, un cambio positivo, una ventana abierta a airear los trapos sucios de tantos años de gobierno de la sociovergencia en TMB. Esa esperanza les llevó al voto a esa nueva izquierda que se presentaba como la del gran cambio, de amplias miras sociales y proyectos de justicia social. En un año de mandato, sus esperanzas han acabado por morir y han visto nacer en ellos las ganas de luchar contra esos mismos a los que defendían sin fisura.

Un trabajador nunca puede esperar nada de la derecha, sabe qué defienden, qué promulgan y contra quien gobiernan. Defienden a las clases sociales más favorecidas, a las grandes corporaciones empresariales y bancarias, al capital y al mantenimiento, sin fisuras, del poder para los ricos a costa de los más pobres. Promulgan un mercado laboral más flexible, el despido libre y sin costes para el empresario, la flexibilidad total del mercado laboral a costa del trabajador e impuestos más bajos para las fortunas más grandes. Gobiernan en contra de los intereses del trabajador, reformas laborales a medida de los empresarios y en contra del mantenimiento público de sectores como la sanidad, la educación o los transportes.

Nadie se sorprende cuando la derecha llega al poder y hace lo contrario de lo que prometió, si fue igualdad social, bajada de impuestos para las rentas menores o el mantenimiento de las pensiones y una vez en el gobierno hace todo lo contrario. Poca gente se sorprende, en definitiva, ese es el “trabajo” de la derecha, mentir y mantener explotada a una parte de la sociedad para que otra, normalmente los menos, puedan seguir manteniendo sus privilegios. ¿Se imaginan si PP o C’s salieran elegidos en las próximas elecciones y pusieran en marcha el programa electoral de BeC? Si esta hipótesis fuera real, lo mínimo que le dirían sus mecenas y protectores, empresarios y banqueros, seria hipócritas sumado al gran asombro y estupefacción que provocaría entre los que votaron a la izquierda y vieran que un gobierno de derechas pone en práctica políticas de izquierda.

Dicho lo anterior imaginen la decepción de los trabajadores de Metro que albergaron esas esperanzas de cambio real de las que hablábamos antes, de nuevos tiempos y de otra forma de relaciones laborales en su entorno cuando escuchan lindezas como estas de Mercedes Vidal presidenta de TMB y Regidora de Mobilitat de BeC:

- “En Metro no existe precariedad”, cuando la realidad es que tenemos compañeros que se pueden pasar unos 8 años trabajando tres meses de verano para poder acceder a un contrato de relevista al 75%, para otros 8 años más tarde pasar a indefinido al 75%.

- “Los trabajadores de Metro son unos privilegiados”, quien se define a sí misma como comunista ha sido capaz de usar estas palabras hacia los trabajadores.
No sólo ella ha dejado alguna “perlita” para la hemeroteca, la Excelentísima Alcaldesa Ada Colau también se ha unido a la causa:

- “Es incompatible negociar con los trabajadores de TMB si mantienen la huelga”, frase esta que bien podría haber firmado el gobierno de derechas más rancio, seguro que algunos empresarios de la CEOE soltaron alguna lagrimita de emoción al comprobar como su mensaje había calado en la “adalid de las luchas sociales”.

Todo esto podrían ser deslices o fallos si no fueran acompañadas por una serie de actos tanto de Mercedes Vidal como de Ada Colau:

- Publicación de sueldos al alza de los trabajadores de Metro para poder defender las palabras de privilegiados y enfrentarnos a la ciudadanía. Al igual que el PP y C´s en Madrid.

- No acatar la sentencia del TSJC sobre la ilegalidad de las cláusulas contractuales de los trabajadores fuera de convenio y su pase a dentro de convenio. La jueza del caso ha tenido que ejecutar la sentencia por incumplimiento de la Dirección y el Ayuntamiento. Con la sentencia firme siguen contratando a personal fuera de convenio con cláusulas ilegales, como el contrato de Pau Noy.

- La no publicación de los sueldos de los Directivos de TMB tal y como pide la ley faltando además a la palabra dada por Mercedes Vidal a los representantes de los trabajadores de Metro pocos días después de asumir el cargo.

- Por el uso de puertas giratorias para colocar en puestos de responsabilidad de TMB a afines al partido en contraposición a su programa electoral.

- Por permitir que la Dirección siga empecinada en aplicar la nueva reforma laboral del PP, en el apartado de la ultra actividad de convenios, cuando decían combatir esa misma reforma laboral. Aquí la situación es más perversa si se tiene en cuenta que con CiU en la alcaldía fuimos capaces de firmar prórrogas de convenio que dejaban fuera esa misma reforma laboral.

- Por seguir manteniendo en el cargo al señor Marc Grau, Director de Metro, conocido por su afán de aplicar la flexibilidad y variabilidad salarial de la empresa privada, de formas prepotentes y soberbias, encarna el prototipo de empresario o gestor que, irónicamente, este ayuntamiento debería combatir.

Hechos y palabras aquí escritos que cualquier trabajador de Metro ha encajado con gran rabia y sorpresa, son muchos los que aún no pueden creer que sus expectativas de cambio hayan sido desechadas de forma tan vil por quien debería haberlas correspondido.

Visto esto, queda claro que la hipocresía es la marca del proyecto político de Ada Colau, su desconocimiento del mundo laboral y sindical no la exime de culpa al haber colocado al frente de una empresa como TMB, a lo más inútil e inadecuado de su proyecto. No le basta con ello, sino que encima la mantiene en el cargo a pesar de que ya son muchas las voces, tanto externas como internas en su grupo, que le reclaman un cambio de rumbo sustancial en el conflicto de Metro.

Señora excelentísima alcaldesa, señorita Mercedes Vidal, han demostrado ustedes, de acción y palabra, lo que la Real Academia Española de la lengua define al ser humano como hipócrita, esto es: fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan

Ante esta realidad, comprobada y palpable, solo nos queda luchar, luchar con el mismo ahínco y ganas que lo hicimos contra los gobiernos de derechas, pero si cabe con mas rabia por ser la de ustedes dos una traición sin paliativos a la clase obrera.
Cuando algún compañero de los que ha sufrido el varapalo de tal decepción me pregunta que hacer ahora, solo me cabe recordarles las palabras del filósofo y pedagogo sardo, Antonio Gramsci: “Instrúyanse, porque tendremos necesidad de toda vuestra inteligencia. Agítense, porque tendremos necesidad de todo vuestro entusiasmo. Organícense, porque tendremos necesidad de toda vuestra fuerza”.






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