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AMÉRICA DEL NORTE

Por qué los empresarios de EE.UU. defienden el TLCAN ante Trump

Thomas Donohue, de la Cámara de Comercio de Estados Unidos, afirmó que pelearán “hasta la muerte” para defender el TLCAN.

Martes 10 de octubre | Edición del día

La Cámara afirmó que algunas de las exigencias de la administración Trump –a las que tilda de’píldoras venenosas’, podrían llevar al fracaso de las renegociaciones.

Donohue este martes 10 dio una conferencia de prensa en la Ciudad de México, en la que afirmó que si el gobierno estadounidense quiere el fin del TLCAN, él lo enfrentará en el Congreso y tal vez en la Corte.

Esta organización empresarial considera que el TLCAN es fundamental para industrias de Estados Unidos como la agrícola y la manufacturera.

Según Donohue “Hay varias propuestas de ’píldoras venenosas’ todavía sobre la mesa que podrían acabar con todo el acuerdo. Todas estas propuestas son innecesarias e inaceptables”.

Entre las demandas más conflictivas de Trump se incluye elevar el contenido estadounidense mínimo en el sector automotriz a 85%, desde 62.5%, y agregar un requisito de 50% de contenido estadounidense.

Dada la diferencia salarial entre México y los otros socos, las trasnacionales automotrices han puesto el grito en el cielo, con el argumento de que se perderá competitividad de la industria. Ahí está el nudo central: la superexplotación de la clase trabajadora mexicana es la ventaja competitiva para las trasnacionales, también beneficiadas por exenciones fiscales y provechosos acuerdos con los gobiernos de turno en México.

A su vez, la propuesta estadounidense de incorporar una cláusula de caducidad en el TLCAN, que implicaría una renegociación cada cinco años, y la eliminación de un mecanismo clave de resolución de disputas, crispó la negociación con Canadá.

Se agudizan las tensiones ante el inicio de la cuarta ronda de negociaciones que iniciará este miércoles en Washington –y se extienden hasta el 17 de octubre- bajo la amenaza del presidente estadounidense de retirar a su país del pacto si no consigue imponer sus propuestas para reducir el déficit comercial de 64 mil millones de dólares con México.

Contra el TLCAN de las transnacionales, otra integración es posible

Este jaloneo en las negociaciones entre los países socios expresa una disputa por obtener mayores ventajas para la superexplotación laboral de la clase trabajadora de la región.

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Existe una capacidad industrial instalada muy importante que hizo posible por décadas, desde el despliegue de la globalización con los planes neoliberales de Ronald Reagan y Margaret Thatcher una importante acumulación de ganancias para el 1% de la sociedad del mundo. Esos planes parecen hacer tocado un máximo y no rinden tal como ellos quisieran –cuestión que se expresa en la ralentización de la economía internacional, con muy bajos índices de crecimiento incluso para los países considerados “exitosos” desde el punto de vista de los capitalistas.

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Ni las amenazas de Trump de romper el tratado –que significaría despidos en masa en los tres países de la región– ni la voluntad de las trasnacionales de mantenerlo más o menos en las condiciones actuales van a favor de la clase trabajadora y los sectores populares.

Como explicamos en otra nota, “frente al ascenso de Trump, así como ante las alas proteccionistas o ’globalizadoras’”, es más urgente que nunca adoptar una postura independiente y antiimperialista en pos de los intereses de los trabajadores y pueblos a ambos lados de la frontera. Resulta indispensable enfrentar la dominación imperialista bajo la cual se gestaron los tratados y acuerdos que sólo benefician a las trasnacionales y sus socios locales.

Si la clase trabajadora de Estados Unidos, de México y de Canadá puede superar las divisiones impuestas por los gobiernos y las trasnacionales –entre nativos y extranjeros, por color de piel, por idioma, hombres y mujeres, sindicalizados y sin organización sindical, de nómina, contratados, temporales y contratados– se podrían tejer sólidos lazos para impulsar juntos la lucha contra la crisis actual. Sólo esta fuerza social, a la cabeza de una alianza con los sectores populares –incluyendo a pequeños productores agrícolas, los pueblos originarios, los afroamericanos, la juventud– pueden dar una salida de fondo a la crisis en curso.

Se evidencia la acuciante necesidad de poner en pie fuertes organizaciones socialistas y revolucionarias cuya perspectiva estratégica sea expropiar a las trasnacionales y a los grandes capitalistas que dominan Norteamérica, para terminar con toda forma de explotación y opresión y que el poder pase a manos de la clase trabajadora.






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