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¿Por qué los sindicatos no convocan huelga general en Catalunya?

Hemos pasado de ver un enorme movimiento democrático en Catalunya a favor de la independencia que puso en cuestión al Régimen del 78 de conjunto y en especial a la Corona, a la persecución de este movimiento con todo el aparato del Estado.

Ivan Vela

Barcelona | @Ivan_Borvba

Federico Grom

Barcelona

Miércoles 11 de abril | 19:25

Descabezado el Govern y todos sus ministros y con el autogobierno catalán intervenido, las elecciones del 21D dejaron el escenario parlamentario en un enroque sin visos de salidas no traumáticas. En especial por la propia obcecación del “bloque monárquico” -que va desde la judicatura y el PP, pasando por Ciudadanos hasta el PSOE con la corona a la cabeza- por “batasunizar” la política catalana y aplastar así el movimiento al completo.

En este sentido se inscribe la campaña criminalizadora de los CDRs que en palabras de M. Rajoy combatirán con "todos los medios policiales y judiciales”. Campaña a la que se sumaron los Comunes con sus declaraciones de criminalización que han sido totalmente funcionales a este envite represivo por parte del Régimen del 78 allanando así el terreno de la “opinión pública” para las posteriores detenciones.

La Fiscalía de la Audiencia Nacional comenzó la caza de brujas por los supuestos "actos vandálicos" llevados a cabo en las últimas semanas por los CDRs. Los operativos para identificar "a los autores y promotores" ya se saldó con siete detenciones y promete muchas más.

Las acusaciones a las que se enfrentan los procesados son expresión de una verdadera deriva autoritaria del Régimen, rebelión y terrorismo, dos de las penas más duras dentro del Código Penal con hasta 30 años de prisión para gente que ha cortado una carretera y levantado una barrera de peaje en el marco de una protesta pacífica. Sin dudas un tufo franquista recorre España.

Gracias a la reforma del código penal del 2015, producto del pacto antiterrorista entre el PP y el PSOE, se amplió la definición de terrorismo a "cualquier delito grave" con el objetivo de "subvertir el orden constitucional", así como "desestabilizar" el funcionamiento de instituciones políticas o estructuras económicas o sociales del Estado u obligar a los poderes públicos "a realizar un acto o a abstenerse de hacerlo".

Al mismo tiempo, como no podía ser de otro modo, ésta avanzada represiva significó un retroceso indudable de las libertades democráticas y de expresión en el conjunto del Estado. La ofensiva policial y judicial en Catalunya representa la avanzada de un proyecto recentralizador que se propone demoler las conquistas que siguen en pie después de la crisis y dar una sobrevida a un régimen decrépito.

¿Cuál es el papel de los sindicatos?

En esta situación de brutal represión, ¿por qué los sindicatos mayoritarios no convocaron una huelga General? Ya no tanto por motu propio de su dirigencia, sino obligados por los trabajadores que representan. Es decir, porque la perspectiva que trazaban las jornadas del 3-O y el 8-N no se desarrolló en un paso más allá en la resistencia al ataque del Estado español.

Por un lado por los límites de la propia dirección de movimiento independentista que por su propio carácter nunca sostuvo las demandas de la mayoría trabajadora. Lo que dejó la puerta abierta a que la demagogia de Ciudadanos calara entre los sectores de asalariados que veían el proceso como algo ajeno e identificaban a su dirección como los que habían llevado adelante los recortes más bestiales en Catalunya y estaban ligados a casos de corrupción.

Esto, y la falta de una política alternativa desde la izquierda independentista, de independencia de clase, que ligara la lucha democrática a las necesidades de la clase trabajadora y una hoja de ruta alternativa que preparara la resistencia que la dirección del procés se negó a oponer, dejaron a importantes sectores de la clase trabajadora por fuera del movimiento.

Por otro lado, el propio carácter de las actuales direcciones sindicales mayoritarias y los sindicatos que modelan. Totalmente dependientes de la financiación estatal y convertidos en dóciles organizaciones de colaboración con la patronal en la que sólo se organiza un sector minoritario y parcial de la clase trabajadora de forma corporativa entre sus distintos sectores.

Aun así, los sindicatos se encuentran divididos en cómo posicionarse frente a la situación en Catalunya, en especial UGT. Pero también en CCOO esto es una realidad. Sin embargo, la dirección política de estos sectores dentro de los sindicatos no es distinta a la dirección política de los que encabezaron el procés, en especial ERC que tiene su militancia afiliada a UGT.

La participación de los sindicatos mayoritarios este próximo domingo 15 de abril junto a la ANC y Òmnium en una manifestación convocada por la libertad de los presos políticos, después de haber estado casi paralizada y haber respondido tibiamente a remolque de la situación, es parte de un equilibrio interno muy difícil de sostener.

Llama escandalosamente la atención la posición del PSC, que no tuvo problemas en manifestarse con la ultraderecha al grito de “Puigdemont a prisión”, quienes en un ejercicio de cinismo se han escusado de participar en la manifestación del domingo argumentando que sólo interpela a uno de los bloques.

Se constituyó así el “Espai Democràcia i convivència” (Espacio Democracia y convivencia) una plataforma integrada por la Asamblea Nacional Catalana, Òmnium Cultural, el Consejo de la Juventud de Barcelona, la Confederación de Asociaciones de Vecinos de Cataluña así como Comisiones Obreras, UGT y el sindicato USOC para dar “una respuesta unitaria en defensa de las instituciones catalanas, los derechos fundamentales, el derecho que tiene el pueblo catalán a decidir su futuro político y la democracia”.

En la misma línea, la comisión Ejecutiva Confederal de la UGT se pronuncia por “un diálogo político entre partidos e instituciones que permita la formación de un Gobierno lo más transversal posible para la Generalitat de Catalunya, dentro del estatuto de autonomía que devuelva la normalidad política, institucional y social”. Ubicándose así “en la Defensa del Estado de Derecho y con el cumplimiento de las leyes” pero considerando “desproporcionadas” las actuaciones judiciales que, según sus palabras, “respetan”. Por otro lado, llamando a defender y respetar la posición del sindicato en Catalunya.

En otras palabras, los que se negaron a avanzar cuando había centenares de miles movilizados y a responder a la altura los golpes represivos, ahora cubren la retirada capitulante de los “sobrevivientes” cuando la batalla está casi perdida. Así también descomprimen el malestar de muchos de sus afiliados frente a su lamentable papel en la situación.

Las demandas democráticas y las demandas sindicales

Manifestaciones como la convocada el domingo no son suficiente. La respuesta debe ser a la altura de las circunstancias. Hace falta preparar una nueva jornada de huelga general en Catalunya que ponga en el centro y con contundencia la libertad de los presos políticos. Esta es una exigencia hacia los grandes sindicatos que debe asumir en primer lugar la izquierda sindical.

Solo una política independiente de las mentiras de la burguesía catalana y las ensoñaciones de la pequeño burguesía, que ponga en el centro a la clase trabajadora y sus demandas puede dar una salida progresiva a esta situación.

En ese camino, es imprescindible pelear por organizaciones sindicales de clase, independientes del Estado y de toda variante de los partidos patronales. Organizaciones democráticas al servicio de la organización y la lucha de toda la clase trabajadora. Incluyendo a los parados las mujeres, los inmigrantes, y la juventud y los sectores precarios.

La visión de que las luchas democráticas, como es el derecho de autodeterminación de los pueblos, no tienen nada que ver con “los problemas laborales” que sostienen las burocracias sindicales, no es más que un intento de querer alejar a la clase trabajadora y a sus organizaciones de las discusiones políticas. Si los trabajadores no hacemos nuestra propia política al servicio de nuestra clase, la política entre las organizaciones de los trabajadores será la de uno u otro sector de la burguesía. Ese espacio no puede permanecer en un “limbo” apolítico o “neutral”.

Por el mismo motivo que estas direcciones sindicales se muestras pusilánimes contra la corona, el régimen y su deriva autoritaria, también lo son con la patronal, por lo que no sirven tampoco para que los trabajadores mantengamos nuestras conquistas, ya ni hablar de lograr nuevas.

Catalunya será lo que quiera ser de la mano de la clase trabajadora de todo el Estado o la clase trabajadora de todo el Estado, incluyendo la catalana, padecerá bajo la bota de la monarquía española este régimen caduco y el sistema social injusto al que defiende.






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