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ANÁLISIS EDITORIAL

Precariedad en la educación con rostro de mujer: una decisión política

Que casi el 40% de las trabajadoras de la educación estén en situación de precariedad no es consecuencia del COVID 19. La causa profunda está en el modelo laboral capitalista impuesto desde las décadas ochenta y noventa por las decisiones políticas de los gobiernos. Es imprescindible la unidad de plantilla fija y subcontratada que las direcciones sindicales abandonaron.

Cynthia Lub

Barcelona | @LubCynthia

Lunes 26 de octubre | 13:19

FOTO: Concentración frente al Ayuntamiento de Barcelona tras la huelga educativa del 9 de Octubre/ EsquerraDiari.Cat

Recortar en educación y, concretamente en los derechos laborales de las trabajadoras de las escuelas infantiles municipales es una decisión política”, decía un manifiesto de las trabajadoras de educación de 0 a 3 años que denunciaban la gestión del Ayuntamiento de Barcelona.

Una más de las cientos de denuncias de las trabajadoras precarias de la educación: educadoras de infantil, para niños y niñas con necesidades especiales, educadoras emocionales y todas aquellas que ni siquiera son consideradas parte del personal educativo, como las monitoras de tiempo libre y comedor o de extraescolares y de apoyo.

Pero esta denuncia es una sentencia implacable: la raíz de la precariedad no es un virus que hizo “inevitable” esta situación de mayor explotación. Gobiernos, central y autonómicos, Ayuntamientos -de partidos de derechas y los del “cambio”-, ministerio y ministros de Educación han tomado durante décadas la decisión política de que las perniciosas reformas laborales y los recortes en educación recaerían en la clase trabajadora y que las consecuencias serían aún peor para los sectores precarios, altamente feminizados. Por ello es que la lucha contra la precariedad en la educación también tiene “rostro de mujer”.

En la última década se ha recortado más de 6.000 millones de euros, lo que ha supuesto la pérdida de 22.000 docentes, aumento de alumnos por aula, disminución de las inversiones, recorte en los programas de atención a la diversidad y a las dificultades de aprendizaje, reducción de las ayudas medias recibidas por los becarios o del aumento de las tasas académicas. Esto está afectando gravemente a un comienzo del curso atravesado por la segunda ola a toda la comunidad educativa, pero aún más a los sectores precarios. Es imprescindible la unidad de plantilla fija, subcontratada y externalizada para la organización contra todas estas “decisiones políticas” de los gobiernos, con la complicidad de las direcciones sindicales.

Modelo laboral del capitalismo español: externalización y privatización de trabajos esenciales en las escuelas públicas

Desde los gobiernos de Felipe González en adelante de fueron imponiendo varias reformas laborales, desde 1997 muchas con la firma de las direcciones de los grandes sindicatos. Éstas inauguraron las ETTs (Empresas de Trabajo Temporal), los contratos basura, las subcontrataciones y toda la configuración del modelo laboral español de precariedad. La reforma laboral del 2012 del PP profundizó y consolidó el modelo de la subcontratación sin límite, determinado por la contratación a través de empresas multiservicios (EMS) que en los centros de trabajos públicos se extendieron como un virus, beneficiándose de un gran vacío legal en relación a su actividad, dando vía libre a salarios basados en el SMI (Salario Mínimo Interprofesional), por fuera de los convenios sectoriales y mucho más bajos en relación a los que se podrían percibir en contratos públicos y plantilla fija. Las precarias de la educación contratadas por las EMS realizan su actividad de carácter permanente como educadoras, pero bajo contratos con empresas externalizadas de catering, hostelería o colectividades durante décadas.

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Empresas como Aramark o Endemar, Paideia, Diverjoc, Cocina justa o la Pere Tarrès son las que ofrecen servicios de educación extraescolar pero también de catering y cocina. Obtienen altas ganancias de los centros públicos no sólo a costa de bajos salarios, sino también de la muy mala calidad del servicio de alimentación.

Tras la pandemia todo ha empeorado, “Si nos toca un niño o niña en confinamiento de nuestro llamado ‘grupo burbuja’, no tenemos siquiera una mascarilla en condiciones, ni bajas médicas, ni PCR. Y además de nuestro trabajo tenemos que limpiar y desinfectar todas las mesas y las sillas del comedor, mientras cuidamos de los niños”, explica Alba, monitora de una escuela del barrio de Guinardó de Barcelona, contratada por una empresa multinacional.

Las monitoras de tiempo libre y comedor han sido uno de los colectivos más perjudicados, siendo que, sólo en Catalunya, son más de 20.000 personas a las que en marzo se han despedido o suspendido su contrato con ERTEs y pasaron a cobrar entre 200 y 300 euros, otras ni siquiera han cobrado desde marzo y otras miles bajo contrato de obra y servicio ni siquiera tuvieron derecho a una prestación: “¿Por qué todas estas suspensiones que nos están imponiendo, no son consideradas igual que los confinamientos y bajas por coronavirus? Es decir ¿con el 100% de salario y a cargo de las mutuas? Porque tenemos contratos precarios de empresas privadas, que nos tratan como material descartable”, explica Alba.

En una situación similar se encuentran las educadoras de educación infantil de 0 a 3 años de Barcelona ante las nuevas condiciones contractuales aplicadas por el Ayuntamiento, que incluye la rescisión de sus contratos en caso de cierre de escuelas debido a la pandemia. De hecho, hasta hace pocas semanas todas ellas se encontraban desde el mes de marzo en el paro o sin prestación ni derecho a ERTE. Además, “Llevamos 11 años sin convocatorias de oposiciones y el único camino para formar parte de estas sea la bolsa de sustituciones que ahora nos lleva hasta dónde estamos”, denuncian en un manifiesto.

Desde el comienzo de curso no ha habido ningún tipo de aumento de personal para cubrir las necesidades de la COVID ni por parte de la administración ni mucho menos de las empresas. Las precarias de la educación no están incluidas en los protocolos del departamento de educación y sanidad, no se las considera en contacto estrecho, a pesar de compartir espacios de menos de 2 metros de distancia y casi media hora con niños sin mascarilla en los comedores. “Esta pandemia ha maximizado una situación de precariedad previa. Somos trabajadoras de muchas edades y ves como compañeras tuyas van con miedo a trabajar porque hay una desorganización total por parte de la empresa. Y para los protocolos del Gobierno y del Govern pareciera que nosotras somos invisibles”, explica Anna, trabajadora de apoyo escolar y extraescolares de otra escuela del barrio de Sant Andreu de Barcelona.

Esenciales para la conciliación pero no “cuidan a las que cuidan”

En el libro Patriarcado y Capitalismo. Feminismo, clase y diversidad (C. L. Burgueño, J. L. Martínez, Akal, 2019), dedicamos un capítulo especial a analizar la división sexual del trabajo bajo la que, los trabajos asalariados vinculadas a los cuidados y la reproducción, han sido históricamente infravalorados por el sistema capitalista y patriarcal para imponer mayor explotación, todo tipo de brechas y desigualdades. Paradójicamente, actualmente aquellas tareas que bajo la pandemia se consideran de “primera línea”, quienes sufren mayor explotación son los sectores esenciales, altamente feminizados: limpieza, sanitarios, de educación o supermercados. Trabajos que redoblaron su jornada laboral y están muy expuestas al contagio.

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En la educación las mujeres representan el 67 por 100, pero sólo si consideramos al personal bajo contrato público ya que el sector externalizado representa el 40 por cien del personal en las escuelas y el 95 por cien son mujeres y el resto de trabajadores masculinos son mayoritariamente jóvenes. Que este ejército de educadoras son un sostén esencial de la tan reclamada conciliación es innegable.

“Las monitoras de comedor garantizamos que las familias tengan dónde dejar a sus hijos para comer mientras trabajan. En plena pandemia durante el verano ya nos estaban llamando las empresas para la reapertura de los casales de verano. Claro que somos esenciales, pero casi 25.000 que llegamos a ser en Catalunya hemos estado en ERTEs y EREs”, explica Mercé, monitora de una escuela del barrio Trinitat Vella. Además, sus precarios trabajos siempre van acompañados de todo tipo de tareas de cuidado, como de “canguros”, profesoras particulares, monitoras de transporte escolar, entre otros, aunque ya la gran mayoría sin contrato y con una gran inestabilidad salarial y laboral.

Ahora bien, la ecuación es contraria si alguna trabajadora tiene la mala suerte de que su hijo o hija acabe en confinamiento: no habrá ni permiso retributivo ni baja médica para ella. Así nos lo cuenta Eva, monitora y educadora extraescolar de Girona: “El día que mi hijo tuvo que estar confinado y hacerse el PCR la empresa me descontó los días enteros. Es indignante que no tengamos derecho a un permiso retributivo como a cualquier educadora contratada por un centro público”.

Si la doble carga ya era pesada antes de la pandemia, ahora se está haciendo insoportable e insostenible para las trabajadoras, al punto de verse obligadas en muchos casos a abandonar el trabajo para volver a recluirse en el hogar. Claro que no será tampoco una decisión de las trabajadoras, sino que es parte de otra decisión política gubernamental desde que recortaron en Servicios Sociales y la educación de 0 a 3 años -guarderías- son un lujo para las familias de la clase trabajadora.

La imprescindible unidad entre empleadas públicas y precarizadas de la educación: una decisión política que las direcciones sindicales abandonaron

En la primera huelga convocada sólo por CGT Ensenyament y el Sindicat de Profesores de Secundaria el 9 de octubre en Catalunya, un grupo de monitoras se hizo presente con una pancarta en la concentración de Plaça Sant Jaume “Las monitoras no podemos hacer huelga”.

Este pequeño acto visibilizó que es posible tomar otra “decisión política”, que en este caso ni siquiera los sindicatos se han propuesto: unificar las demandas de los sectores más precarios, subcontratados y altamente representado por las mujeres y franjas de la juventud, con los reclamos de las empleadas públicas de la educación. Las primeras exigen ¡Basta de subcontratas y precariedad. Internalización es la solución!”, como decía la pancarta de las monitoras. Las segundas, exigen la implementación y planificación eficiente de las medidas de seguridad y salud, la reducción de las ratios, un incremento de personal docente y no docente de los servicios educativos, de recursos y medios digitales.

Huelgas dispersas, que dividen al personal universitario, del primario y sectores precarios: así comenzó el curso frente a semejante crisis. CCOO y UGT ni siquiera han convocado, algo mínimo, una huelga educativa en todo el Estado. Y como siempre, han dejado abandonados a los sectores más explotados de la clase trabajadora. Así es que las empresas aprovechan esta situación y abusan de todo tipo de prácticas antisindicales con el objetivo de ahogar toda resistencia a las duras condiciones impuestas.

Pero el reclamo de las monitoras se dirigía también a sindicatos como CGT Ensenyament de Catalunya, que podría haberlas convocado como en otras ocasiones y no lo ha hecho. Es evidente que el modelo laboral de precariedad está muy vinculado al nivel casi nulo de sindicalización y organización entre estos trabajadores y trabajadoras en los sindicatos “mayoritarios”. Por ello, la responsabilidad de recomponer su capacidad de organización y sindicalización es de las direcciones sindicales. Y ningún sindicato que se considere combativo puede abandonar, como han hecho durante décadas las direcciones sindicales de CCOO y UGT, a los sectores más precarios de la clase trabajadora.

Pero estos “olvidados y olvidadas” vienen pisando las calles desde hace años con procesos de lucha y autoorganización con la juventud y las mujeres en primera línea: Las Kellys, las trabajadoras de servicios sociales, de la limpieza y cuidados, los MIR, sectores precarios de la educación y la sanidad, los Riders, Amazon, Globo, Telepizza, entre muchos más. Estas capas nuevas podrían crear una base que revolucione los sindicatos actuando como un “precioso fermento en el interior de los sindicatos reformistas”, los cuales, “por su naturaleza misma, centran su atención en las capas superiores de la clase obrera, y por consiguiente ignoran tanto a la juventud como a la mujer trabajadora” que es donde se “encontrarán reservas inagotables de entrega, abnegación y disposición al sacrificio”, en palabras de León Trotsky en sus escritos sobre los sindicatos (L. Trotsky, Los sindicatos y las tareas de los revolucionarios, 1932. El Programa de Transición, 1938.). Las traiciones y claudicaciones de las direcciones sindicales son las que sostienen y avalan las cientos de “decisiones políticas” de los capitalistas. Es hora de tomar otras, pero bajo la unidad de todas las filas de la clase trabajadora.






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