Política Estado Español

ELECCIONES 20D

¿Qué “cambio” nos depara la pelea por el centro del nuevo cuatripartidismo?

PP, PSOE, Cs y Podemos pelean por el voto centro. Un electorado adverso al cambio que está recupe-rando el peso perdido. La apuesta por “la centralidad del tablero” de Iglesias aporta a esta re-composición y se muestra impotente ante posibles salidas reaccionarias a la crisis del Régimen del '78.

Santiago Lupe

@SantiagoLupeBCN

Martes 20 de octubre de 2015

Foto: ID

Este domingo El País publicaba una encuesta de Metroscopía sobre el posicionamiento ideológico de los votantes de PP, PSOE, Cs, Podemos e IU.

Según el estudio el PP mantiene un electorado claramente escorado a la derecha, entre el 5 y el 7, con un amplio sector en el 8 y hasta en el 10 (siendo la ubicación 1 la extrema izquierda y la 10, la extrema derecha). El partido de Gobierno mantendría un 23,4% de intención de voto, según la encuesta de este mismo periódico hace una semana. Un electorado derechista que se mantiene fiel a pesar de los brutales recortes y los casos de corrupción.

El PSOE también conserva posiciones -un 23,5% de intención de voto- en base a un electorado ubicado más hacia el centro. Este mismo estudio daba en abril un 4 a la mayoría de sus votantes, mientras que ahora la puntuación más repetida ha sido el 5.

Pero sin duda el que aparece como el campeón del “centro del tablero” es Ciudadanos. La inmensa mayoría de sus votantes está entre el 4 y el 6, sobre todo en el 5. El partido de Rivera ya aparece como un comodín necesario para formar gobierno con otro de los partidos del turno clásico con un 21,5%.

Podemos acompaña su desinfle metroscópico con una pérdida del votante hoy de centro que lograba atraer hace menos de un año. A la vez que las encuestas le dan resultados muy modestos -14,1% la de El País-, el electorado que conserva ha pasado de moverse entre el 5 y el 3 a hacerlo entre el 4 y el 3.

El único partido que prácticamente conserva el mismo perfil de votante es IU, en un 3, aunque no remonta su bajada para quedarse en un 5,6% según El País.

Muchos analistas han aprovechado para insistir en la vieja idea de que no hay gobierno posible sin contar con ese electorado con aversión a todo gran cambio político, que hoy representarían entre 10 y 11 millones de votantes. Ese “centro” -construido por otra parte sobre abstenciones muchas veces superiores al 30%- ha sido uno de los pilares electorales que dieron estabilidad al Régimen del ‘78. El otro, la ley electoral, pensada para consolidar el turno bipartidista.

Lo que cabe preguntarse es como después de estos últimos cinco años, con la irrupción de la juventud indignada, el hondo malestar social expresado en cientos de huelgas, movilizaciones sociales como no se veían en décadas, niveles de desafección históricos con los partidos e instituciones del régimen político, etc., este patrón sigue vigente.

Que el PP, el PSOE y en el último tiempo el “Podemos de derechas” que demandaban algunos banqueros, Ciudadanos, hayan puesto toda la carne en el asador para ello era de esperar. Era una condición indispensable para cerrar las brechas en el casco del régimen político. Unos vendiendo humo sobre la recuperación económica, otros “renovación” socialdemócrata y los últimos una “regeneración democrática” en clave neoliberal y españolista, estarían siendo capaces de concentrar más de dos tercios de los votos. El bipartidismo está tocado, pero está encontrando en un nuevo “reparto a tres” una salida aceptable.

Lo que cabe preguntarse es cuál ha sido la “contribución” desde Podemos y la izquierda que se sumó entusiasta y acríticamente a la hipótesis de Pablo Iglesias de “asaltar los cielos” por medio de la moderación programática y las sucesivas elecciones de 2015.

El primer éxito de Podemos en las europeas expresaba una izquierdización electoral sin precedentes recientes. Un partido que aparecía para cientos de miles como el azote de la “casta política”, del Régimen del ’78, las políticas de austeridad y la deuda. El Régimen estaba en crisis abierta desde 2011. Había temblado en 2012 azuzado por la crisis de deuda y las movilizaciones obreras y populares, como las huelgas generales, la huelga minera o las luchas de los funcionarios. La burocracia sindical ya estaba operando desde hacía meses para desactivar esta dinámica, pero fue incapaz de impedir que tres días antes de las europeas más de un millón de personas se manifestaran en Madrid convocadas por las marchas de la dignidad.

Consignas como “no debemos, no pagamos”, “PSOE y PP, la misma mierda es” o “los Borbones, a los tiburones”, señalaban la apertura de un espacio desde lo social que podía convertirse en cabecera de playa para un salto político por la pelea por la apertura de un proceso constituyente, como se planteaba en la calle. Para cientos de miles para eso llegó Podemos. Pero los planes de Iglesias y Errejón no buscaban desarrollar ese proceso hacia su izquierda precisamente, sino todo lo contrario.

Para poder capitalizarlo asumieron formalmente algunas de las demandas y reivindicaciones de la calle. Pero cuando consideraron asentada la idea de que la única vía posible para alcanzarlas era la electoral, las fueron abandonando. Esto ha tenido un efecto pernicioso tanto en fortalecer el reflujo de la movilización social como en obstaculizar el desarrollo de un espacio político por izquierda que cuestionara a fondo el régimen político, las políticas de austeridad y el mismo sistema social capitalista.

El “centro” y sus partidos estaban en una crisis histórica. El Régimen tembló en mayo de 2014. Hasta la Corona tuvo que mover ficha días después con la abdicación real. Pero al mismo tiempo que esto sucedía, Iglesias salía con la tesis de “conquistar la centralidad del tablero”. Sus discursos contra la “izquierda”, el menosprecio a la movilización social -recordemos la famosa cita de Carolina Bescansa del “Podemos para ganar y el Podemos para protestar”- o la reivindicación del pragmatismo electoral, han sido una valiosa contribución a esta re-composición del centro.

No ha sido un mérito realizado en solitario. El fracaso de Syriza y la asunción del “no alternative” de Tsipras al asumir el memorándum han ayudado a fortalecer este giro hacia la moderación política a escala europea. Que la principal alternativa “por izquierda” haya sido la también pro-Syriza Izquierda Unida, ha puesto su granito de arena.

Sin embargo esta valiosa contribución ha sido una tarea bastante ingrata, ya que las encuestas apuntan a que los principales beneficiarios de dicha re-composición del centro no serán Podemos, sino el PSOE y Cs.

Si se confirman las encuestas, el 20D el Régimen del ‘78 contará con una buena posición reconstruida -aunque divide en tres lo que antes hacía en dos- para intentar asentar una “regeneración” gatopardista que trate de re-editar de forma senil una suerte de Transición en clave aún más conservadora.

La estrategia de la dirección de Podemos se está demostrando un doble fracaso. Por un lado, para sus propias expectativas de llegada rápida a la Moncloa. Por el otro, y más grave, para que los intentos de salida reaccionaria a la crisis del régimen -en los que ya piensan desde Pedro Sánchez a Felipe VI, pasando por Rivera y el mismo Rajoy, aún sin ponerse todavía de acuerdo en el cómo- no encuentren un polo político de la izquierda y los trabajadores que lo enfrente.

Esta alternativa no la puede encarnar tampoco Ahora en Común/Izquierda Unida. Esta candidatura, que se ha convertido en la nueva marca blanca de IU, mantiene múltiples lazos con la burocracia sindical de CCOO, uno de los mejores pilares -junto a la de UGT- que vienen trabajando para desactivar el frente social. Por no hablar de su historial de co-gobiernos con el PSOE o su implicación en casos de corrupción como las tarjetas opacas de Bankia.

Se hace cada vez más urgente que desde la izquierda que nos reivindicamos anticapitalistas, junto a los miles de activistas de las mareas, la juventud, los sectores combativos del movimiento obrero y los movimientos sociales que no confían ni en el nuevo ni el viejo reformismo, impulsemos un agrupamiento político que se base en promover la organización y movilización social, la pelea contra la burocracia sindical y retome la pelea por un programa para que la crisis la paguen los capitalistas y por la apertura de un verdadero proceso constituyente sobre las ruinas del Régimen del ‘78.






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