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MADRID IGLESIA

¿Qué pintaba Manuela Carmena en la celebración de la Virgen de la Almudena?

El pasado lunes la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, realizó por primera vez el tradicional voto de la Villa frente a la Virgen de la Almudena, patrona de la ciudad. ¿Y la separación de la Iglesia y el Estado?

Miércoles 11 de noviembre de 2015

Foto: Facebook

Año tras año en la capital se celebra en la plaza Mayor de Madrid una misa por la Virgen de la Almudena que, según la tradición católica, salvó a la ciudad de unas graves inundaciones que asolaron la ciudad en el año 1646. Una festividad religiosa que, al igual que otras tantas, cuenta con la presencia oficial de importantes figuras políticas e institucionales de la ciudad que ponen de manifiesto la farsa de la aconfesionalidad del Estado Español.

"Con mucho gusto" declaró la alcaldesa que asistiría a esta celebración religiosa a la que sin excepción han asistido todos los alcaldes de la capital desde hace décadas. Allí, Carmena ha renovado el tradicional Voto de la Villa frente a la figura de la virgen para que Madrid sea un lugar en el que "no se huya del sufrimiento del otro” y en el que “la lucha por la justicia” sea un objetivo común.

Una actitud que contrasta con las declaraciones realizadas el pasado 29 de abril en el CAUM sobre su posible asistencia a actos religiosos de esta índole donde la actual alcaldesa, ante una pregunta de una participante y tras un contundente y repetido "por supuesto que no", remarcó como una "equivocación" que una autoridad participe oficialmente en un acto de culto, algo que consideró "irregular".

Más coherente se ha mostrado el concejal de Economía y Hacienda del Ayuntamiento de Madrid, Carlos Sánchez Mato, que ha querido dejar claro en su blog personal "Por qué no voy a ir a la misa solemne de la Almudena". En este, el concejal -que ha resaltado su condición de "cristiano"- opina porque "no parece que pueda considerarse constitucional mezclar la institución municipal con un acto religioso en un estado que se declara aconfesional”.

La alcaldesa ha querido justificar su presencia como parte de su deber de "estar presente en las celebraciones tradicionales de la sociedad madrileña" y ha dirigido su voto a creyentes y no creyentes. Sin embargo y a pesar de los malabares en su discurso, su presencia supone una falta de respeto para aquellos no creyentes y no católicos que habitamos la ciudad, y muestran una total falta de compromiso por la cuestión de la separación Iglesia-Estado de la que siempre ha dicho ser partidaria.

No es la primera vez que Carmena cede a las "tradiciones" y asiste a otros actos cuestionables. Notoria fue su presencia en el desfile del 12 de octubre con motivo de la fiesta nacional que conmemora el genocidio de la población nativa americana por parte de los conquistadores españoles.

Quien sí ha celebrado su presencia ha sido el arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, que ha querido agradecer a Manuela Carmena su participación en el acto religioso. Osoro, que ya ha elogiado a la alcaldesa en anteriores ocasiones, forma parte de la nueva camada eclesiástica "renovadora" que con palabras paternalistas de “perdón y comprensión” defienden los rancios y reaccionarios postulados de la Iglesia Católica en cuanto a familia, sexualidad, etc.

La amistad que parece mantener con la alcaldesa da muestras del compromiso de Manuela con las instituciones clásicas y viejos poderes del Estado Español. Manifestación del escaso potencial de transformación de los llamados "alcaldes del cambio" que se expresa en otras cuestiones como la de los desahucios o los refugiados -grupos a los que la alcaldesa hizo referencia en sus votos- los cuales en la práctica experimentan la misma indefensión y ataques que padecían bajo anteriores gobiernos conservadores del PP en la ciudad.






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