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Rebajas: cuando las empresas ganan más a base de más explotación y precariedad

La otra cara de las rebajas son las horas extras no pagadas, las jornadas interminables y la gran movilidad horaria. Eso son las rebajas para quienes las trabajamos.

Verónica Landa

Barcelona | @lierolaliero

Miércoles 26 de julio | 16:50

Siempre que llegan las rebajas dos titulares inundan los medios de comunicación: si las empresas han conseguido los beneficios esperados y los miles de puestos de trabajo que se crean. Este año, para la campaña de verano, se anunciaba la creación de 31.800 puestos en Cataluña, 21.800 en Madrid, 18.900 en Andalucía, según ADECCO.

Lo que se omite es que este tipo de empleo es en su gran mayoría eventual para cubrir la campaña de rebajas o las vacaciones del personal, y que en septiembre/octubre muy pocos de estos contratos se renuevan.

En esta campaña la mayoría de nuevos puestos de trabajo se centran en atención al cliente y ventas, que pueden llegar a incrementarse un 50%-60% respecto a otros meses.

Este año la temporada de rebajas de verano se ha adelantado del 1 de julio al 30 de junio, por parte de empresas como Inditex o El Corte Inglés. Sin embargo otras como H&M, Sprinfield, Cortefiel o algunas PYME empezaban la campaña entre el 15 y el 24 de junio. Desde la liberalización de la temporada de rebajas en 2012 con el Real Decreto-ley 20/2012, cada tienda tiene libertad para iniciarlas cuando más le convenga.

Pero los beneficios de las empresas no repercuten en las trabajadoras y los trabajadores de comercio y otros sectores de atención al cliente. Nuestra realidad es que nos aumentan la jornada, llegando en muchos casos a las 50 horas semanales, no siendo reconocidas en su totalidad.

Las horas extra parecen no tener fin, y no se suelen pagar sino que se devuelven en tiempo cuando a la empresa le convenga. La empresa aumenta sus beneficios; tú aumentas tu jornada laboral pero sigues cobrando lo mismo.

También aumenta la presión por llegar a los objetivos, que en rebajas se duplican o triplican respecto a meses anteriores.

Las rebajas también suponen no parar un segundo. Para reponer todo lo que se compra, para atender, cobrar, limpiar, etc. En mi caso, las jornadas de 6 horas no tienen descanso, y las de8 tienen un descanso de 30 minutos. Luego, vuelta a correr al almacén, subir y bajar incontables veces las escaleras para sacar a tienda todo lo que se ha acabado. Frenéticamente, sin parar, prácticamente sin hablar.

Colocar la tienda a un ritmo imposible, teniendo en cuenta que, a pesar del aumento de trabajo, muchas plantillas no aumentan en rebajas por lo que la carga doble o triple de trabajo recae en las mismas personas que antes, a las que se sobrecarga de trabajo y más horas.

Las consecuencias de estos ritmos (que no solo se dan en rebajas) son los problemas musculares, la tendinitis. Los problemas circulatorios de las piernas se agravan, y al no tener descanso para comer en el turno de mañana también acarrea desórdenes digestivos.

Pero también la ansiedad y la depresión, agravados por las presiones para aumentar las ventas, la amenazas de despido por negarse a hacer algo, o la presión por agilizar el cobro y las consecuencias de equivocarse al dar el cambio o cobrar mal.

En 2016, 830 partes por enfermedades profesionales correspondían a dependientas y dependientes, por detrás de operadores de instalaciones y maquinaria (1079) y personal de limpieza (1001).

En definitiva, las rebajas no dejan de ser la continuación de la precariedad y la explotación diaria, solo que magnificada para conseguir mayores ventas y beneficios a costa de nuestra salud y nuestras vidas.

Pero no somos pesimistas. Sí, vivimos en nuestra carne la explotación descarnada de este sistema. Pero debemos luchar contra ella, con la perspectiva de acabar con este sistema y construir una nueva sociedad sin explotación ni opresión de ningún tipo.

Tenemos la tarea de rescatar las grandes y numerosas experiencias de organización y lucha de la clase trabajadora; aquellas que le demostraron a los empresarios y al Estado que nuestras vidas valen más que sus ganancias.






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