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Rebelión en Indonesia desafía a la reforma laboral y ambiental

Indonesia vivió tres jornadas de fuertes protestas y huelgas contra una agresiva Reforma laboral y ambiental. El gobierno de Joko Widodo destrozó con el sistema de regulaciones laborales para completar su plan de potencia regional.

Salvador Soler

@SalvadorSoler10

Sábado 10 de octubre | 10:19

Indonesia se vio sacudida por tres jornadas de protestas en su territorio esta semana. El gobierno de Joko Widodo adelantó repentinamente la votación de la llamada “Ley Omnibus” para el lunes 5 de octubre, evadiendo la huelga general de tres días que estaba planificada a partir del martes. La maniobra desató la bronca generalizada que devino en los combates violentos posteriores a la votación, pero que ya viene de la acumulación por los niveles de pobreza, falta de infraestructura sanitaria, reflejada con la pandemia de Covid-19.

Los 32 sindicatos de la Confederación de Sindicatos de Indonesia (KSPI), la Alianza del Congreso de Sindicatos de Trabajadores de Indonesia (KASBI) y el Movimiento Trabajo para el Pueblo (Gebrak) organizaron en los distintos polos industriales tres días de huelgas y concentraciones, desde el martes. Si bien, la burocracia sindical llamó para descomprimir la bronca con Widodo, se sorprendieron al ver que la convocatoria superó ampliamente las expectativas, incluso llegaron a decir que se movilizaron 2 millones de personas el jueves, y la huelga estuvo respaldada por 5 millones de trabajadores y trabajadoras en decenas de ciudades. Participaron además organizaciones ambientalistas, cientos de miles de estudiantes organizados desde sus colegios, diversas ONGs e incluso en los poblados indígenas. Además, la organización islámica más grande de Indonesia, Nahdlatul Ulama (NU), también ha expresado su oposición; su líder KH Said Aqil Siroj - que intenta dirigir el proceso de movilizaciones- declaró que "esa ley beneficiaría solo a capitalistas, inversionistas y conglomerados", y que “pisotearía” a la gente común.

Varias de las manifestaciones de los trabajadores y trabajadoras se dieron frente a las puertas de las fábricas de los polos industriales Bekasi en Yakarta o Serang en la provincia de Banten.

Los sindicatos indonesios compartieron en las redes sociales videos que muestran escenas con miles de manifestantes, construyendo barricadas y chocando con la policía en localidades como Yakarta, Purkawarte o Semarang, las tres en la isla de Java Central, y muchas ciudades de las islas de Sumatra y Sulawesi. Los enfrentamientos dejaron cerca 4,000 personas encarceladas en todo el archipiélago asiático.

Obreros de cientos de fábricas se movilizaron por las distintas islas, centralmente en Java y Papúa. Un ejemplo es la huelga las 1.100 trabajadoras, que comenzó el martes en PT Aneka Tuna Indonesia, una fábrica de conservas de pescado en Pasuruan Regency. También de la industria textil, la automotriz y la farmacéutica han participado en las huelgas de esta semana.

¿Porqué esta rebelión?

El gobierno de Widodo - votado por 68 millones de personas en 2014 - necesita resolver la contracción económica para cumplir con su plan de ubicar a Indonesia como una potencia regional. Los economistas estiman que la contracción del PBI será entre el 0,6 y un 1,7% como consecuencia de las medidas impuesta para combatir la pandemia del Covid-19, lo que supone la primera recesión que sufre el país desde la crisis financiera del Sudeste Asiático de 1997-98 que volteó a Suharto dejando a 80 millones de personas en la pobreza en menos de un año.

El plan de Widodo es derribar las fuertes regulaciones laborales y ambientales en el país con la esperanza de seducir a los inversores extranjeros. Según él hay 36 inversores globales con 4 billones de dólares para invertir. Por eso, el lunes se aprobó una legislación que tiene 1.028 páginas que reforma 79 leyes y más de 1.200 artículos que atacan a los derechos laborales de los trabajadores como el salario mínimo, aumentaría la flexibilización, y desregula las restricciones ambientales que tendrán un impacto destructivo sobre una región de amplia diversidad de biomas. La selva de Indonesia ya viene muy dañada por inundaciones, los incendios y el desmonte selvático a partir del cambio climático.

Indonesia, la complejidad de un archipiélago

Indonesia es un actor muy importante en la región del Asia-Pacífico que se construyó a partir de su independencia de Holanda. Su relevancia estratégica descansa en una combinación de peso demográfico y geopolítico por su ubicación de dominio sobre los mares que desembocan en el Estrecho de Malaca por donde pasa el 30% del comercio mundial. Indonesia es considerada como uno de los tigres asiáticos siendo de las economías más grande del Sudeste Asiático.

Está conformada por un complejo archipiélago de 17.000 islas que contienen alrededor de 270 millones de personas, alcanzando el cuarto lugar de los países más poblados del mundo, siendo un importante mercado. Además allí vive la comunidad musulmana más grande del planeta, que convive con una diversidad étnica, religiosa y cultural con 250 lenguas diferentes, que le hace honor a su división territorial. Esto ha traído varios conflictos étnicos y tribales, e incluso de separatismo de los papúes y otros pueblos. Esto hace del país que sea muy difícil de gobernar para un Estado burgués, lo que le representa una debilidad a largo plazo.

Se trata de la decimosexta economía mundial -tomando como referencia el PBI-, rezagada con respecto a otros países del Sudeste Asiático respecto a la inversión extranjera, como Vietnam o Tailandia, que crecen a un ritmo superior a los 7 puntos, mientras que Indonesia está por debajo del 5%. Por otro lado, la región tiene enormes reservas de petróleo, oro y otros recursos minerales que Widodo quiere explotar y para ello necesita un plan de infraestructura que conecte 5 mil kilómetros de punta a punta del archipiélago.

El país tiene serios problemas socio-ambientales por la contaminación de las ciudades que carecen de infraestructura sanitaria, de cloacas o agua potable. La principal es Yakarta, principal centro político del país, que se hunde año a año 15 centrímetros. Esto está provocando inundaciones muy fuertes que se llevan la vida de muchas personas. El impacto social y económico de la pandemia ha sido devastador. Tiene la segunda mayor cantidad de infecciones por coronavirus del este de Asia, (superada por Filipinas), con más de 315.000 infecciones - aunque es probable que el total real sea mucho mayor ya que las pruebas están muy por detrás de la mayoría del mundo y la amplitud territorial -, y al menos 11.500 personas han muerto, mientras que 6 millones de personas se han quedado sin trabajo se suman a los ya 7 millones de desempleados.

¿Qué plantea la Ley y porqué tan agresiva?

El salario mínimo en Indonesia es un problema para el gobierno, ya que duplica y hasta triplica el de sus vecinos. La reforma busca eliminar el salario mínimo sectorial a favor de los mínimos establecidos por los gobernadores regionales que son más bajos quitándole poder de fuego a los sindicatos.

Las mujeres trabajadoras salieron gravemente afectadas con la Reforma. Las licencias por maternidad y los días por menstruación ya no serian pagas. Este ataque en particular ha movilizado a miles de mujeres por las islas de Guinea y Java que conforman el archipiélago.

Las indemnizaciones de Indonesia rankean entre las más altas del mundo. Por eso el proyecto reduce la indemnización por despido a un máximo de 19 meses de salario, mientras que antes el pago máximo era de 32 meses. Las horas extra permitidas se incrementarán a un máximo de cuatro horas en un día y 18 horas a semanales. Las empresas solo deberán dar a los trabajadores un día libre a la semana en lugar de dos, atentando contra el descanso y el ocio.

También se han reducido las regulaciones sobre la subcontratación, al igual que las restricciones sobre los trabajos en los que pueden trabajar los migrantes. La ley también relaja los estándares ambientales, obligando a las empresas a presentar un análisis de impacto ambiental si sus proyectos se consideran de alto riesgo, o sea que tendrían vía libre para destrozar el medio ambiente. Mientras que se reducirá la tasa de impuestos corporativos del 22 al 20 por ciento para el 2022.

En Indonesia la mayoría de las empresas son estatales, o si una empresa extranjera quiere instalarse debe permitir que el Estado participe. Sin embargo, la nueva reforma rompe con esa regulación ampliando la participación de empresas extranjeras.

Esta medida sería muy peligra para la biodiversidad que habita el archipiélago, pero a su vez para el resto del planeta. Las enormes extensiones de selva tropical intacta son esenciales para controlar las emisiones de carbono y frenar el cambio climático Muchas de las regiones de Indonesia se encuentran diezmadas por la quema de bosques. Los ambientalistas se oponen a la medida porque hay muchos proyectos nuevos y podría conducir a la destrucción de estos bosques selváticos, los que están particularmente en peligro son cuatro provincias en Sumatra, y otra en Java.

¿Cuáles son las perspectivas?

El plan de Widodo es ambicioso, tanto como su plan megalómano de mudar la capital al medio de la selva. En el sudeste asiático se está llevando a cabo una competencia atroz por seducir la paulatina deslocación de las empresas de fabricación de mercancías de menor complejidad desde China.. El gobierno indonesio necesita ubicar al país como un atractivo de inversiones a costa de destruir los derechos de las clases oprimidas como vimos, es a cualquier costo.

Sin embargo, Indonesia tiene una juventud combativa que sufre los niveles de desempleo y pobreza, e hizo retroceder en 2019 al gobierno en una lucha sangrienta contra la reforma penal destinada a favorecer a los conservadores religiosos, que atacaba las libertades democráticas, entre ellas limitaba libertad de expresión, prohibía las relaciones sexuales extra matrimoniales, y las relaciones sexuales homosexuales y lesbianas. Además se ha encontrado con la resistencia indígena que defiende su territorio y los bosques selváticos. Por todo esto es que para Widodo será difícil imponer sus planes sin encontrarse con una feroz resistencia

Como decía un obrero del KSPN dijo: “Moriremos por el coronavirus o moriremos por el sistema. No sabemos cómo moriremos. Pero aún podemos cambiar el sistema. Así que vamos a marchar hasta que ganemos”.






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