Juventud

TRIBUNA ABIERTA

Represión a la juventud: ¿Quién vigila a los vigilantes?

Periódicamente se ha visto incrementado el constante acoso policial que los jóvenes venimos sufriendo desde hace años, motivado por intereses de diversa índole, y cada vez más protegido por la legalidad.

José Cuervo

Madrid

Viernes 17 de febrero de 2017 | 18:11

En las palabras del poeta romano Juvenal, “Quis custodiet ipsos custodes?” (¿Quién vigila a los vigilantes?) se engloba el cuestionamiento de la ética de lo que se expone.

En primera instancia la libertad de divertimento se ve diezmada por esto de manera inversamente proporcional al poder adquisitivo de los jóvenes. Cuotas sumamente altas de multas impuestas por el consumo de alcohol en la calle lo confirman; con motivo teórico de evitar el "botellón" y los altos niveles de ruido que puede acarrear, realmente se pena cualquier consumo, aunque sea una simple cerveza en el parque.

Esto es un método para favorecer a los empresarios del ocio y de la noche especialmente, ya que la única alternativa viable que esto nos deja a la juventud es el consumo de alcohol en bares y discotecas, donde en la gran mayoría de los casos los precios son extremadamente altos, y más aún para una gran parte de los jóvenes que a día de hoy se han de conformar con empleos precarios que apenas alcanzan para los gastos diarios, dejando menos margen aún para los gastos de ocio.

¿Sería más efectiva una preocupación por parte de las autoridades de que la juventud tenga empleos y salarios dignos en vez de qué es lo que esta consume, en qué lugar y a qué precio? Probablemente sí. Pero la realidad es que no es así, y quién no puede permitirse pagar alrededor de 8 euros la copa en un local nocturno, seguirá bebiendo en la calle de la forma en que le sea posible al no quedarle otra, teniendo que estar alerta y con una inseguridad generada por las fuerzas de seguridad que verifica una vez más que la política del miedo es la definitiva en nuestro entorno.

Por diversos motivos se criminaliza a la juventud a parte del consumo de alcohol. El aspecto físico y el poder adquisitivo son otros de ellos que afectan en gran medida a las detenciones y sanciones. Es obvia la mayor presencia policial en los barrios populares, en donde la proporción de migrantes es mayor y los jóvenes suelen ser más combativos y críticos con el sistema, lo que no es casualidad, pues se procura mediante esta metodología disciplinar, corregir la subversión y convertirla en conformismo en todos los sentidos que abarca.

Esto ocurre no sólo a nivel de distritos o barrios, si no que se acentúa en movimientos sociales a nivel estatal, huelgas generales, etc. En España se han denunciado más de 7000 casos de tortura y abusos policiales en manifestaciones y en comisarías tras estas, siendo tan sólo un ápice los casos denunciados frente a los que no por miedo a represalias o por la impunidad de la que gozan los agentes. Entre 2008 y 2013 casi 7000 agentes fueron investigados por malos tratos, de los cuales solo 47 fueron condenados.

A nivel gubernamental esto significa que el resto de denuncias fueron falsas, pero la realidad es que hay cientos de abusos documentados en declaraciones, vídeos de manifestaciones en la que la policía maltrata brutalmente a los manifestantes de manera indiscriminada, etc. Tras el 15M, las protestas y los abusos policiales inherentes a ellas aumentaron exponencialmente, aumentando también así las evidencias que los mostraban. Descaradamente el gobierno del Partido Popular aprobó la denominada Ley Mordaza en marzo de 2015 (irónicamente llamada Ley Orgánica de Seguridad Ciudadana), que daba aún mayor impunidad a esta clase de maltratos, pues en ella se establecen penas de hasta 30.000 euros por grabar a un policía, además de muchas otras.

Pocas posibilidades parecen florecer frente a esta clase de abusos respaldados por el Estado Español, pues no sólo sale impune el maltratador, si no que se torna en criminal a la víctima. Es por esto, entre otras cosas, por lo que son necesarios periódicos independientes como este, que den voz a quienes se acalla por ser críticos con estas injusticias, y no doblegarse ante quiénes las ejercen.






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