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[SIN SPOILERS] El alienista: ¿quién es el asesino en la sociedad capitalista?

Repasamos la serie The Alienist, que retrata los primeros años de la psicología, la criminología y la desigualdad social en la Nueva York de 1896. Ésta es una crítica sin spoilers de esta producción a través de sus luces y sombras.

Lunes 24 de febrero | 18:10

"Alienista" era el término que recibían en el siglo XIX los expertos que estudiaban las enfermedades mentales, pues se pensaba que los pacientes debían estar alienados.

Así comienza cada capítulo de la serie The Alienist, estrenada en 2018 por TNT y emitida posteriormente por Netflix, con 10 capítulos basados en la novela de detectives homónima de 1994 de Caleb Carr, adaptada por Cary Fukunaga al formato cinematográfico. Psicología, asesinatos, convenciones sociales y un crudo relato de la desigualdad y los mecanismos de poder se dan la mano a lo largo de la serie, con una excelente fotografía y ambientación en el Nueva York de finales de siglo XIX.

Los personajes se desenvuelven en el mundo de la burguesía, desde su alta cuna hasta las profesiones liberales, unidos por la investigación de crímenes como servicio a una clase propietaria cuya “peste a crimen” se acrecenta según avanzan los capítulos. La ilustración de la rampante desigualdad del Nueva York de 1896, como en los barrios obreros y el mundo de la prostitución, se compensa con la heroización de un trío protagonista que trabaja para una institución antipopular en la Gran Manzana de aquellos años: la policía de Nueva York.

El alienista es Lazslo Kreizler (Daniel Brühl), a través del cual se ilustran las condiciones del mundo -psi de la época, como las instalaciones infrahumanas de los manicomios y cárceles y la orientación patriarcal y pseudocientífica de la producción científica. El equipo protagonista lo completan el ilustrador John Moore (Luke Evans), a modo de ayudante del alienista, y la secretaria Sarah Howard (Dakota Fanning). El “icono feminista” de la serie es la primera mujer que trabaja para la policía neoyorkina, una heredera de una fortuna que desafía las convenciones mientras es tratada con desprecio y acoso por el resto de los policías.

En la configuración de los personajes secundarios la serie sigue contrapesando la fuerte crítica social que destila el uso de la Nueva York de 1896 como escenario. Entre éstos destaca la ayuda del Comsiario Theodor Roosevelt (Brian Geraghty), quien realmente ocupó ese cargo entre 1895 y 1897, así como Gobernador de Nueva York, Vicepresidente y presidente de los Estados Unidos. Este es uno de los personajes en los que grandes lavados de cara de la serie, que sitúa “en el lado de los buenos” al gran impulsor de la política imperialista yanqui del “Big Stick” en América Latina. Aunque la serie muestra su participación en las masacres contra los nativos americanos, esto no es mostrado como un motivo para ensombrecer al personaje.

El resto de personajes secundarios también presenta rasgos de conciliación de la desigualdad con lo “aceptable” para emitir en una gran producción de Hollywood. Los hermanos Isaacson (Douglas Smith y Matthew Shear), cercanos a las agrupaciones socialistas judías que florecían en Nueva York en la época, trabajan como forenses para la policía, donde sufren discriminación antisemita. Otro arquetipo paternalista cercano al Tío Tom lo muestran Cyrus y Mary (Robert Ray Wisdom y Q’orianka Kilcher), los criados de Lazslo, a quien son leales sirvientes tras haber sido indultados por sus informes psicológicos de una ejecución casi segura al ser un afroamericano y una nativa americana que cometieron homicidio en defensa propia.

Este tipo de recursos le dan a la obra abundantes paralelismos con la gran saga literaria detectivesca del siglo XIX: Sherlock Holmes. Las novelas de detectives se popularizaron en el contexto de las expansión del capitalismo estadounidense y la Gran Bretaña victoriana. Mientras tanto, los detectives reales del Nueva York decimonónico estaban en agencias como Pinkerton o Baldwin-Felts, auténticas policías privadas con pistoleros al servicio de los capitalistas que eran utilizadas para asesinar sindicalistas y romper huelgas y manifestaciones.

En la literatura detectivesca de la época se generaliza, con excepciones, la premisa de que el orden social capitalista protege a los desposeídos de los peligros de monstruos desequilibrados y sedientos de sangre, toda una suerte de “terror securitario”. El rastro de crímenes que hilan El Alienista ilustra une época en la que se construye la figura del asesino en serie, que extiende el pánico ante la próxima muerte.

A través del hallazgo de cadáveres de niños en situación de prostitución, se plasma la existencia de estas redes que florecieron en las ciudades ante la vista gorda de una policía corrupta desde el primer al último eslabón. La indignación popular aumenta con el goteo de niños asesinados, cuando estallan protestas en los barrios obreros ante la inacción de la policía que señalan como el resultado de tres motivos: son hijos de familias pobres, los identifican como “desviados” por llevar vestido y maquillaje,y la policía tiene tratos con las mafias.

En la serie los altos mandos policiales se codean con los empresarios legales y no legales de la noche neoyorkina, mientras dejan claro al resto del cuerpo que los casos deben abandonarse si las pistas de los asesinatos conducen a una de las “400 familias”, el corazón de la alta burguesía de Nueva York, quienes miran como las masas hambrientas se enfangan en los bajos fondos desde sus mansiones, cada vez más alejadas de las sucias calles en lo alto de los nuevos y flamantes rascacielos de la Gran Manzana.

El mundo en el que el alienista se desenvuelve, tratando de meterse en la mente de un asesino, es el de una ciudad que recibe miles de inmigrantes de las explotadas clases obreras europeas, que se amontonan en precarias e indignas viviendas mientras las cámaras recorren desde logrados ángulos las amplias mansiones y teatros de la burguesía. Este es el escenario que magistralmente muestra la serie, al tiempo que desconecta forzadamente a su trama del mismo.

Si un sentimiento recorre la serie es la idea de perversidad, la que se muestra en el ensañamiento de los asesinatos y también la que atribuye la gente de orden de 1896 a las propias víctimas, “niños prostitutos, desviados y travestidos”. La podredumbre de los bajos fondos de Nueva York envuelve los crímenes, al tiempo que la serie trata de no relacionarla con la desigualdad que aparece inevitablemente a lo largo de los capítulos. A pesar de ello, el lodo de la sociedad capitalista sigue conteniendo las arenas movedizas que atrapan en la locura y la alienación en que se basa El Alienista.

En esta nota no desvelamos quién es el asesino, pero si miramos al siglo XX que está a punto de comenzar en la serie, son las 400 familias de Nueva York y de las demás metrópolis las que concentran a los culpables de las guerras mundiales y la explotación y miseria más absolutas que el sistema que manejan viene reservando desde entonces a la mayor parte de la humanidad






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