Géneros y Sexualidades

CONCENTRACIÓN CONTRA MUERTE DE ALAN

Stop Transfobia, #JoTambeSocAlan

Alan, un joven transexual de 17 años, se suicidó este viernes como consecuencia del acoso escolar transfóbico que sufría. Este domingo 27 de diciembre habrá una concentración en Barcelona en repudio a la discriminación hacia las personas LGTBI.

Marta Clar

Barcelona | @MartaClar1

Sábado 26 de diciembre de 2015 | 17:40

Nunca conocí a Alan. Y sin ponerle nombre ni rostro me invadió una enorme alegría cuando leí en varios titulares que jóvenes transexuales, menores de edad, por fin habían conseguido obtener el cambio de nombre en su DNI. Un difícil camino repleto de exigencias, explicaciones, cuestionamientos y burocracia que a quienes se nos ha asignado un nombre que expresa nuestra identidad, demasiadas veces ignoramos. 

Esta iba a ser su primera Navidad. La primera Navidad de Alan. No la primera como hombre, ni la primera como transexual, probablemente ni siquiera la primera en la que se identificara con ese nombre entre sus familiares. Pero sí la primera en la que el mundo le tenía que reconocer de ese modo.

Porque no había alternativa, porque después de tanta lucha y tanta resistencia, cuando su propia palabra no bastaba, un juez había reconocido su derecho a ser quien él decía que era, a ser quien él había decidido ser. Y a serlo públicamente: a ser Alan cuando se matriculase en el instituto, a serlo cuando decidiera pagar con tarjeta la compra, a ser Alan cuando quisiera entrar en la discoteca, cuando el día del Orgullo en un control aleatorio la policía, sin ningún motivo, le pidiese la identificación.

A ser Alan cuando fuera de viaje y la azafata le pidiera el DNI, cuando tuviera que buscar trabajo, cuando tuviera que enviar currículums, cuando tuviera que ir al médico... en definitiva, a ser él mismo viviendo su propia vida. 

Pero él, como muchos otros jóvenes transexuales no tuvo el reconocimiento, la aceptación ni el respeto de sus compañeros y compañeras en el instituto, algo que lo hundió en una grave depresión que le obligó a estar hospitalizado, y acabó suicidándose a los pocos días de recibir el alta médica. 

Alan no tuvo la aceptación que se merecía porque somos una sociedad todavía repleta de machismo, homofobia y transfobia, que carga sobre las espaldas de miles de jóvenes LGTBI la pesada losa de una moral puritana y una sexualidad opresora que en los casos más extremos empuja a la muerte.

Es imprescindible recordar que en el Estado español el 43% de los jóvenes LGTBI tienen pensamientos suicidas como consecuencia del acoso y la discriminación de una sociedad que no les acepta. Alan no logró salir con vida de esa enorme batalla que estaba librando.

Su nombre es nuestro orgullo y pese a ya no tener voz, en la concentración de este 27 de diciembre en Barcelona, su nombre sonará con más fuerza que nunca. Seremos decenas, centenares, ojalá que seamos miles de pulmones juntando el aire necesario para que su nombre y su lucha perforen hasta el último timpáno transfóbico de la ciudad. Para exigir que no haya más muertes injustas como la suya.

Son imprescindibles los planes de educación contra la homofobia en los institutos, la capacitación para el personal docente. Y sobre todo, la organización de todos y todas las personas LGTBI, organizaciones políticas y colectivos sociales de izquierda, para enfrentar los ataques cotidianos que, alimentados con el apoyo de la Iglesia y la indiferencia del Estado, siguen sucediendo todos los días. 






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