CORONAVIRUS

Trabajadores de la sanidad: héroes invisibles de un sistema devastado por los recortes

El problema no es el virus en sí, con una baja tasa de mortalidad, sino la situación de carencia e insuficiencia que ya en momentos de normalidad presentaban los hospitales públicos madrileños. Inestabilidad laboral, plantillas insuficientes, jornadas extenuantes…

Jose Lavín

Madrid

Sábado 14 de marzo | 13:37

Ahora que ha llegado el problema la pregunta está en si el sistema sanitario deteriorado por los recortes de la crisis de 2008 aguantará la llegada masiva de infecciones. Este es el precio de las políticas neoliberales que se le escapan a los economistas, la consecuencia natural y evidente de mantener a las instituciones públicas en condiciones similares a periodos de excepción en tiempos de normalidad.

Pedro Sánchez apareció en televisión afirmando que “el personal sanitario es el mejor escudo contra el coronavirus”. El Ministro de Sanidad ha dicho que “necesitamos que los profesionales sanitarios estén en perfectas condiciones y máximamente disponibles en los próximos días y semanas”, echando el peso y la culpa de la situación a los profesionales de la salud. El “compromiso, entrega y responsabilidad” de enfermeros y enfermeras “está fuera de toda duda”, todo se resume, pareciera, en consideraciones morales y en la actitud individual de las propias enfermeras, enfermeros y demás personal sanitario.

Culpables políticos

Los responsables políticos, eternamente autocomplacientes, se asoman a los televisores a alabar la “profesionalidad, abnegación y humanismo” de los servidores públicos. Todos tienen en común el elogiar cómo los profesionales sanitarios ponen en peligro sus vidas ante las carencias de una estructura pública que ellos mismos han jugado a malvender a través de recortes, externalizaciones, subcontratas y privatizaciones. Ocultan con ello su propia culpa e irresponsabilidad. No son discursillos de moral lo que hace falta, ni echar sobre los hombros del personal de los hospitales la exclusiva solución al problema, los profesionales sanitarios demandan recursos y personal, lo que hace falta es, nos dicen, abandonar de una vez este modelo de gestión pública basado en la precariedad, las privatizaciones y las externalizaciones. Escuchémoslos.

La Comunidad de Madrid concentra 1.388 de los 3.051 casos de coronavirus en España hasta el jueves, y 38 de los 84 fallecidos. La Consejería ha anunciado un refuerzo de 1.724 contratos, 1.017 que se unen a la prorrogación de los 707 contratos específicos del Plan de Invierno por la campaña de la gripe. Sigue siendo insuficiente. La denuncia por la falta de recursos y profesionales se agrava ante la certeza de que todavía no ha sido alcanzado el pico. En el año 2008, antes de los recortes, eran 2.200 profesionales más en la Comunidad de Madrid, y 2.100 camas más. Como afirma Guillen del Barrio, enfermero del Hospital la Paz, ni reforzando a toda máquina el sistema de salud madrileño se llega a alcanzar el nivel normal de la sanidad pública en 2008.

Condiciones laborales de riesgo para los profesionales sanitarios

Una de las consecuencias más graves es que los enfermeros y enfermeras están enfrentando el Covid-19 sin recursos ni personal suficiente, poniendo de su propia salud personal para suplir las carencias de un sistema público deteriorado por años de políticas de austeridad neoliberal. Y es que la carga asistencial que soportan actualmente los profesionales de la salud no garantiza su propia seguridad.
Muchos de los profesionales que se enfrentan a la epidemia en hospitales, centros de atención primaria o residencias, tienen que ejercer su trabajo sin equipos suficientes de protección. Sabemos que el personal sanitario es el “mejor escudo” contra el coronavirus, pero no sabíamos que Pedro Sánchez quería decir con ello hacer de nuestros funcionarios carne de cañón. Esto supone una seria amenaza ya que la fuerza sanitaria de primera línea que suponen los y las enfermeras pueda ser infectada y diezmada.

El SATSE y el Consejo General de Enfermería afirman que el Ministerio de Sanidad no está informando puntualmente del número de casos y sospechas de contagio entre los profesionales sanitarios. En el Hospital Infanta Sofía hay seis enfermos con coronavirus y 38 en investigación, 7 profesionales en casa, 40 con vigilancia activa (trabajando) y 55 catalogados como contacto casual. Ante esta tesitura ¿quién cuida de quienes nos cuidan? El hospital tiene que seguir funcionando “sea como sea”.

Recursos y personal insuficientes

Se necesitan contrataciones urgentes. Se necesitan recursos. Muchos de los profesionales que se enfrentan a la epidemia en el Hospital la Paz, por ejemplo, no tienen equipos de protección individual (epis) suficientes, la UVI apenas tiene material, en las urgencias prácticamente todas las camas son ya de pacientes con coronavirus. En muchos hospitales hacen falta respiradores. Se han llegado a habilitar respiradores de quirófano para los infectados por Covid-19, pero no están pensados para ser empleados durante días sino durante horas. Las mascarillas y el gel de lavado de manos también escasean. Los profesionales sanitarios del Gregorio Marañón usan las mascarillas durante 24 horas a sabiendas de que duran 8.

Los pacientes acuden al hospital porque el teléfono que habilitó la Comunidad no lo coge nadie durante horas ante el número inabarcable de llamadas. La Mesa de Profesión Enfermera denuncia que las enfermeras y los enfermeros comparten sus gafas de protección. A esto se han sumado otra serie de problemas resultado de daños colaterales por la situación de crisis. Este es el caso de las donaciones de sangre, cada vez menores debido a la cuarentena.

Todo el personal no sanitario no está siendo reforzado. Las tareas de celadores, limpieza, ambulancias… son funciones cruciales para el buen funcionamiento de un hospital, sin embargo, no parecen pensar lo mismo economistas, empresarios y políticos. Estos servicios han sido externalizados, pasando a ser tareas desempeñadas por subcontratas de empresas particulares que no han reforzado sus plantillas. Las malas condiciones por la ausencia de personal hace que ante esta situación de emergencia las tareas de limpieza no den abasto. Esto produce un círculo vicioso: acaba haciendo falta una mayor frecuencia en la limpieza, esta mayor frecuencia no se puede cubrir, lo que incrementa a su vez el peligro de contagio. Ya son varios los trabajadores de personal no sanitario que han tenido bajas por Covid-19.

Eduardo Fernández, enfermero de UVI del Hospital Infanta Sofía, afirma que “si este personal no aumenta no se pueden acelerar los ingresos ni las altas. Si no hay celadores no se pueden trasplantar a los pacientes de urgencias a planta o de la planta a la UCI. La Consejería no ha dicho nada de si va a exigir a estas empresas que aumenten sus plantillas ni cómo.”

Privatizadores de lo público gestionando la crisis

Gestionan la crisis del coronavirus los mismos partidos políticos que han estrellado ante esta coyuntura a la sanidad pública. Un buen ejemplo de ello es el “fichaje” por parte de Diaz Ayuso del ideólogo de la privatización de la sanidad, el señor Antonio Burgueño, exdirector general de hospitales en 2013 y especialista en mercadear con bienes públicos. Las direcciones sindicales de UGT y CCOO han mostrado su indignación ante este suceso, sin embargo, ellos mismos llevan contemplando sumisos y complacientes la neoliberalización de la sanidad pública y el empeoramiento de las condiciones laborales de los trabajadores sin hacer nada por evitarlo. Ellos también aplican sus recortes, pero en “huelgas” y en conciencia de clase.

En el Hospital la Paz se está habilitando el gimnasio para convertirlo en un centro de atención de pacientes de coronavirus. Los profesionales médicos están haciendo todo lo que está en su mano. “Estamos dejándonos la piel” dice Guillen del Barrio. Sin embargo, hay que evitar el fijarse tan solo en las medidas audaces, hay que denunciar también lo que son las evidencias de falta de recursos. La solución moderna e innovadora del neoliberalismo y la nueva gestión de lo público, en un mundo con gran desarrollo tecnológico, no parece que sean más medios, sino menos recursos y “dejarse la piel”. No tiene nada de laudatorio que los profesionales médicos se estén viendo forzados por necesidad a suspender permisos, flexibilizar jornadas laborales y suprimir licencias de vacaciones.

Madrid tiene 33 hospitales públicos y 50 privados. 6.644 camas de hospitales privados. Los hospitales públicos son los únicos que se están haciendo cargo de la llegada masiva de infectados. Los propietarios de las empresas de sanidad privada, auspiciados por los gobiernos del PP y el PSOE, no sólo se han lucrado a costa del deterioro intencionado de la sanidad pública, sino que continúan recibiendo subvenciones del dinero de todos los trabajadores mientras derivan a los infectados a los hospitales públicos. Dejan a su suerte a enfermos a los que se deben y cargan sobre los hombros de los empleados públicos el peso de toda la crisis sanitaria. Ante esta tesitura hay que dejar de atender en gimnasios y expropiar a la sanidad privada. Debe ser anexionada a la sanidad pública, poniéndola bajo control del personal sanitario y subordinándola racionalmente a las necesidades del momento. Expropiándola dejará de servir para nada (para unos pocos) y pasará a servir para algo. Con nuestra salud y con su trabajo no se hacen negocios.






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