Política Estado Español

PRECARIEDAD Y PARO

Trabajar 6 horas, 5 días: sus ganancias o nuestras vidas

La reducción de la jornada de trabajo a 6 horas, sin rebaja salarial, y una semana laborable de 5 días se impone como la única medida progresiva y eficaz para acabar con el paro y la precariedad. Los avances de la tecnología y la producción al servicio de las mayorías sociales.

Federico Grom

Barcelona

Miércoles 5 de abril | 18:40

Desde el comienzo del siglo XX a esta parte ha pasado mucha agua bajo el puente. Los trabajadores y trabajadoras peleaban naturalmente por mejorar sus condiciones laborales y la reducción de su jornada laboral. Se conquistaron las 12 horas de trabajo primero – cuando se trabajaban de 14 a 16-, luego las 10 y más tarde, hace ya más de un siglo, se conquistaron las 8 horas, que formalmente se mantienen hasta hoy día. La pelea por las 8 horas de trabajo fue una pelea fundamental. Y una victoria que marcará un antes y un después también en el Estado español. La reducción de la jornada laboral es
una demanda de honda tradición en la historia del movimiento obrero internacional.

Toda la riqueza social es creada por el trabajo, por eso la batalla librada por los tiempos de trabajo y sus ritmos es de larga data y no tiene cuartel. Para la patronal significa aumentar sus ganancias. Para los trabajadores significa su vida misma.

Actualmente la situación en el Estado español con respecto al paro continua siendo demoledora. Un paro que no baja de la media del 18 % a pesar de que se han recompuesto las márgenes de ganancia pre crisis. Aunque la cantidad de trabajo ha aumentado en relación al punto más bajo, donde casi alcanzó la media del 26% de parados, lo ha hecho a costa de una enorme precariedad de las condiciones y del salario. Los trabajadores y trabajadoras pobres son ya un fenómeno muy extendido que tiene la pretensión de perpetuarse.

¿Por qué hoy, un siglo después de la conquista de las 8 horas de trabajo, y teniendo en cuenta los enormes avances de la industria y la tecnología que repercuten en la productividad, esta no afecta a las horas que trabajamos? Es decir, si somos capaces de crear mayor riqueza en menos tiempo ¿por qué esto no se traduce en una reducción de nuestra jornada laboral?

Por el contrario, además de generar enormes ganancias para unos pocos, se acentúa la creación de una masa de parados permanente, una presión constante de los salarios a la baja al igual que al trabajo sumergido. Lo que da pie a que los trabajadores y trabajadoras tengan la necesidad de pluriemplearse o realizar horas extras.

La reducción de la jornada a 6 horas de trabajo y el tope de una semana laboral de 5 días, sin rebaja salarial y con un salario acorde a las necesidades de la vida, permitiría la creación de cientos de miles de puestos de trabajo en todos los sectores.

Esta medida además de hacer frente al paro, pondría un límite a la ambición desmedida de las patronales que buscan constantemente imponer que los trabajadores se dejen la vida en las fábricas y lugares de trabajo (muchas veces literalmente) para amasar sus fortunas.

El experimento de Suecia: Hay que afectar la ganancia de los capitalistas

En el 2015 un hogar de ancianos de Gotemburgo, Suecia, puso en práctica la jornada de 6 horas manteniendo el salario. El experimento mostró, según sus promotores, una reducción del tiempo de baja y de ausentismos, así como un aumento de su productividad. Sus resultados motivaron que algunas empresas públicas también lo aplicaran. Por supuesto que esto generó también una mejora de la calidad de vida de los trabajadores.

Incluso, Roland Paulsen, investigador de microeconomía en la Universidad de Lund, llego a decir que "(…) que técnicamente tenemos potencial incluso para que las jornadas laborales sean de cuatro horas".

Sin embargo, a dos años de iniciarse el experimento este ha sido cancelado. No habrá programa de forma permanente. ¿Por qué?

"La decisión está asociada absolutamente con los mayores costes", explica Daniel Bernmar, responsable del proyecto aplicado en Gotemburgo. "Es excesivamente caro realizar una reducción de la jornada de manera general en un horizonte temporal razonable", sentencia.

Todos los medios a sueldo de los patrones, se encargaron de difundir que esto demostraba que trabajar 6 horas sin reducir el salario era “el fracaso” de un “sueño imposible”.

Sin embargo el “sueño imposible” es tener ilusiones en que esa conquista vendrá de algún estado benefactor. La experiencia de Suecia es parte de la búsqueda constante de las patronales de organizar el trabajo de forma que permita aumentar el rendimiento de las horas de trabajo. Todo beneficio para los trabajadores en este experimento se podría catalogar como un “efecto colateral”.

Esta experiencia lo único que demuestra es que no será sin luchar y sin afectar las ganancias de los capitalistas que podremos lograr esa conquista. Ni siquiera ese país conocido por su generoso “estado de bienestar” está dispuesto a semejante desembolso y perdida de márgenes de ganancia. Desde el punto de vista patronal, es decir de la “productividad” y las “ganancias”, no les “compensan” los costes. Tampoco les parecerían razonables los costes que les suponía a los patrones la jornada de 8 horas en aquel entonces.

Claramente de lo que se trata es que la salud de los trabajadores y sus vidas estén por delante de la ganancia patronal y que los avances de la tecnología sirvan para reducir la jornada laboral así como el paro.

Trasformación digital e industria 4.0: Los avances al servicio de las mayorías sociales

Un salto en los avances en robotización, automatización y digitalización traerán un aumento de la productividad industrial. Aunque no vaya a ser un proceso rápido en que los últimos avances vayan generalizarse, ni mucho menos que estos fueran a poner fin al trabajo humano como les gusta presentar a los “tecno optimistas”. Una cosa son los avances que existen y otra su aplicación a gran escala a la producción lo que resulta ser más problemático para pensar hoy.

Sin embargo los ordenadores vienen remplazando el trabajo humano desde la década del 50 y el reemplazo de trabajo humano por maquinaria en general lleva más de dos siglos entre nosotros.

El capitalismo utiliza los avances de la tecnología contra los trabajadores transformando la posibilidad material de tiempo libre conquistado en trabajo excedente -en palabras de Marx- por un lado y un enorme ejercito de desempleados por el otro. Sin embargo este mecanismo no impide la constante creación de nuevos empleos a la par que destruye los antiguos. Por lo que la desaparición del trabajo humano es hoy más de novela de ficción que una realidad por venir.

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De lo que se trata entonces es de poner la tecnología al servicio de las mayorías y no de los estrechos intereses de un puñado de capitalistas. Es necesario poner todo el potencial productivo al servicio de las necesidades sociales: Dejar de pagar la deuda para brindar más y mejor educación pública y sanidad, así como guarderías y centros de atención a personas dependientes. Resolver la enorme paradoja de que existan decenas de miles de personas sin casa y decenas de miles de casas vacías. Garantizar los servicios energéticos al conjunto de la población.

La medida de reducción de la jornada laboral apunta además a liberar tiempo para potenciar la capacidad creadora de la clase trabajadora. Para que quienes queramos estudiar podamos hacerlo y demos así un impulso a la ciencia, para que podamos disfrutar del derecho al ocio recreativo y una vida social plena, para mejorar nuestra salud mediante la actividad física y deportiva o para que quienes lo deseemos tengamos espacio para desarrollar las artes.

La única perspectiva para los trabajadores y trabajadoras no puede ser dejarnos la vida en las fábricas y lugares de trabajo por una existencia miserable o estar privados del trabajo para llevar una existencia más miserable aún. No nos resignamos al oscuro presente y al más oscuro futuro que nos deparan.






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