Política Estado Español

INVESTIDURA

Un Gobierno de “progreso” con la casta y la cal viva

Sánchez e Iglesias se reunieron durante dos horas para llegar al acuerdo “de que quieren ponerse de acuerdo”. Lo importante para después del 26M.

Guillermo Ferrari

Barcelona | @LLegui1968

Miércoles 8 de mayo | 19:13

FOTO: EFE / Luca Piergiovanni

Pablo Iglesias va desesperado desde hace meses por integrar un “Gobierno de progreso” con el PSOE de Sánchez. Lo ha dicho de mil maneras diferentes y la verdad es que no se puede negar su insistencia. Sin embargo, los mensajes que salen de Ferraz hablan más de un Gobierno del PSOE en solitario y buscando acuerdos puntuales con diferentes fuerzas para impulsar diferentes leyes, lo que se llama “geometría variable”.

El resumen de dos horas de reunión lo dijo Iglesias con una frase más digna de un cómico: “Nos hemos puesto de acuerdo en que tenemos que ponernos de acuerdo”. Muy similar a la frase empleada por el Presidente en funciones: “Si en algo nos hemos puesto de acuerdo es en que vamos a trabajar para ponernos de acuerdo”. En síntesis, buen rollito pero pateamos las decisiones fundamentales para después del 26M.

Muestra de la buena sintonía es que han pactado la conformación de la mesa del Congreso. El próximo 21 se debe constituir y entre PSOE y Unidas Podemos controlaran la misma con cinco integrantes dejando los cuatro restantes para la oposición. Lo cual da pistas para que se encuentre algún tipo de entendimiento entre ambas formaciones para gobernar de alguna forma conjuntamente o bien allana el camino para el apoyo de Podemos a un Gobierno en solitario del PSOE.

Ambos partidos políticos serán los impulsores de la investidura de Pedro Sánchez, aunque no tienen suficientes escaños para hacerlos solos (165). Está por verse si la investidura será con mayoría absoluta en primera votación o mayoría simple en segunda. Claro está que el PP y Ciudadanos votarán en contra, al igual que el ultraderechista Vox. Sin embargo, está por verse si logra el voto positivo de otras formaciones, o en todo caso su abstención.

De ser casta a socio preferente

Tiempos antiguos eran aquellos en los que Pablo Iglesias denunciaba al PSOE como la casta junto al PP. Por aquellas épocas el líder del partido morado incluso hablaba (sólo hablaba) de volar los candados del Régimen del 78. No solo eso, sino que el joven líder se animó a espetarle a un Felipe González el recuerdo de la cal viva con la cual el Estado español atentó contra ETA y el movimiento independentista vasco.

¿Pero qué pasó en estos años para que Podemos pasara de considerar casta a uno de los puntales del Régimen del 78 a considerarle digno para cogobernar? Seguramente, la cúpula de Podemos nos dirá que no es lo mismo el PSOE de Pedro Sánchez que el de Felipe González o Rodríguez Zapatero. Que el aparato de Ferraz trató de “apartarle” y ahora hay un nuevo PSOE, diferente al de la “cal viva”.

Quizás las diferencias respecto de aquellos dirigentes se encuentre en que Pedro Sánchez apoyó decididamente la aplicación del 155 contra el pueblo catalán. O quizás, ¿sea por la prohibición de zarpar a los buques que rescatan migrantes de la muerte segura en el Mediterráneo y mantener los CIEs? ¿Podría ser el hecho de no derogar la reforma laboral de Rajoy? No hay que descartar que el hecho de no publicar la lista Falciani con el nombre de todos los defraudadores pueda mejorar la imagen del PSOE.

No. Nada de ello. No es que hay un viejo PSOE peor que un nuevo PSOE. Es más sencillo. Hay una acelerada transformación de Podemos. Hay un cambio radical en su discurso. Ya no hay que volar candados, sino cumplir la Constitución. Hemos visto a Iglesias en los debates como un “hombre de Estado”. Llevaba la Constitución en su mano como si fuera un pastor con su biblia de bolsillo. Tenía todas las verdades.

El Podemos “de los orígenes” nunca pasó de un discurso altisonante en los momentos más febriles. Nunca dio pasos serios para enfrentar el Régimen del 78. Aun así, sí es cierto que hay diferencias. Su discurso se adaptó como para que pueda ser aceptado por el establishment, se adaptó a las estrechas reglas de juego del Régimen al cual dijo que quería superar.

La formación morada se apoyó en un enorme malestar extendido entre las capas juveniles y diversos sectores sociales que han sido duramente castigado por la crisis y dejado de lado por las instituciones de éste régimen reaccionario, por esta democracia para ricos. Sin embargo, en ningún momento ha dado soluciones concretas a los problemas sociales más sentidos. Tan solo un “Vótennos” que así damos el sorpasso.

Unidas Podemos y el “nuevo PSOE” de Pedro Sánchez serán los nuevos gestores del capitalismo español en caso de llegar un acuerdo más que probable. Las medidas sociales de las que hablan son apenas migajas. El aumento del SMI a 900€, cuando la media de los alquileres que son superiores en ciudades como Madrid o Barcelona, es irrisorio. Éste gobierno no será ni de izquierda, ni de progreso.

Será un gobierno que no tocará las grandes empresas y multinacionales, sino que las defenderá. Prueba de ello han sido los fracasados “ayuntamientos del cambio”. Ada Colau se encargó de negociar con Telefónica y la ACS de Florentino Pérez. Y Carmena, que no es menos, ha presentado el nuevo Bernabéu con el mismo empresario.

Sin ningún lugar a dudas que es necesario un gobierno de izquierda. Pero para ello hay que impulsar una izquierda de los trabajadores y los pueblos que enfrente a los empresarios del Ibex 35 y las reaccionarias instituciones del 78. No hay otra forma para comenzar a resolver los problemas del paro, la precariedad, los salarios bajos, la carestía de la vida que expropiando a los expropiadores. Hay que construir una izquierda anticapitalista, socialista y de clase.






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