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REABRIÓ LA PLANTA DE FUENLABRADA

Un gran paso hacia el triunfo en Coca-Cola, pero la lucha sigue

Este lunes, acompañados por cientos de trabajadores y organizaciones solidarias, 85 trabajadores de Coca-Cola volvieron a ingresar a la fábrica de Fuenlabrada después de 20 meses de lucha. Un importante triunfo obrero que sienta un precedente contra los EREs y despidos masivos. Pero la lucha sigue hasta la readmisión de otros 135 trabajadores.

Diego Lotito

@diegolotito

Miércoles 9 de septiembre de 2015

Fotografía: @MadridSIndical

Lunes, 6.30 am. Una madrugada especial en el Campamento de la Dignidad que los trabajadores de Coca-Cola montaron en las mismas puertas de la planta de Fuenlabrada. El verano está llegando a su fin y trae las primeras lluvias. Pero nada puede empañar la inmensa alegría que se ve en cada rostro, la emoción, las lágrimas, la ansiedad contenida durante tantos meses.

Allí están ellas primero, las bravas mujeres de Coca-Cola, que superando el miedo lograron transformarse en un símbolo de esta heroica lucha. Allí están todos ellos, los espartanos, los que durante 20 largos y duros meses, mantuvieron esta lucha viva, sin doblegarse. Como decían las camisetas estrenadas para la ocasión: “no nos domaron, ni nos doblaron, ni nos van a domesticar”.

Rodeados de solidaridad, de cientos de activistas, organizaciones, personalidades, representantes políticos y sociales que hicimos causa propia de este gran combate de clase, los trabajadores se aprestaban a traspasar nuevamente los portones de su fábrica, después de que la empresa los cerrara allá a principios de 2014, con la intención de hacerlo para siempre. Como hizo con las plantas de Asturias, Alicante y Palma de Mallorca. Pero en Fuenlabrada no pudo hacerlo. La lucha obrera lo impidió.

El acto frente al Campamento, cargado de simbolismo, trascurrió bajo la lluvia hasta que los propios trabajadores abrieron las puertas de la fábrica, incluso antes de que hubiesen terminado los discursos de los representantes de Comisiones Obreras (CCOO) en el palco montado para la ocasión. Y así comenzaron a entrar, llamados cada uno por su nombre. Engrandecidos, con el sabor a triunfo en la boca. Se formó un pasillo para aplaudir y vitorear a los trabajadores que ingresaban entre risas, gritos y llantos de alegría. La lluvia seguía cayendo, pero a quien le importaba. Fueron 45 los que ingresaron por la mañana, mientras que en el turno tarde entraron los otros 40.

Pero “que quede claro, mañana la lucha sigue, por los 135”, bramó Juan Carlos Asenjo, líder del Comité de Empresa de los espartanos de Fuenlabrada.

La lucha sigue

La fábrica de Fuenlabrada ha sido “rebautizada” por la patronal de Coca-Cola Iberian Partners (CCIP) como Centro de Operaciones Industriales y Logísticas (COIL). Los 85 trabajadores que ingresaron este lunes estaban incluidos en una lista que presentó la empresa, incluyendo carretilleros, electricistas y otros trabajadores de mantenimiento.

Su ingreso ha sido un triunfo, eso nadie lo duda, empezando por los propios trabajadores de Coca-Cola. Pese a que “hoy por hoy ningún puesto de trabajo existe, sólo en un papel”, dijo Asenjo, los trabajadores están “contentos”, porque la reapertura “es un punto de inflexión” en un conflicto en el que la patronal tenía el objetivo de desmantelar la fábrica.

Pero en 20 meses de lucha los trabajadores de Coca-Cola han cultivado un inconformismo a prueba de balas. En primer lugar, los trabajadores exigen la readmisión de los 135 compañeros y compañeras que aún no han ingresado a trabajar. Pero a su vez, rechazan que Fuenlabrada se transforme en un centro de distribución y reclaman la reapertura de sus puestos de trabajo originales, para la totalidad de los trabajadores. Es decir, que la patronal cumpla con la totalidad de la sentencia de la Audiencia Nacional, ratificada por el Tribunal Supremo, que impone readmitir a todos los trabajadores en su antiguo puesto de trabajo.

El próximo 10 de septiembre, la Audiencia Nacional celebrará una vista oral para resolver sobre las alegaciones que presentaron los representantes de los trabajadores para que se cumpla íntegramente la sentencia. Por ello, la lucha sigue. Como sigue el Campamento de la Dignidad y deberá seguir la solidaridad con los espartanos de Fuenlabrada, hasta que se cumplan todas sus reivindicaciones.

Recuerdos del futuro

La lucha de Coca-Cola, junto con la heroica huelga de Panrico, seguida por la de Movistar, ha sido una de las más duras y largas del Estado español en las últimas décadas.

Recuerdo como si fuera hoy una de las primeras movilizaciones de los trabajadores de Coca-Cola. Fue un domingo 2 de febrero. Marcharon desde Fuenlabrada a Sol. Fue entonces que conocí a Alberto Pérez, miembro del Comité de Empresa y un gran luchador obrero. Le entregué un panfleto con una carta de apoyo del Cuerpo de Delegados de la Planta Alcorta de Coca-Cola Argentina.

En el mismo panfleto había también una declaración de solidaridad de los trabajadores de Panrico. Y lo encabezaba una frase sencilla que poco después se transformó en un emblema de lucha y coordinación obrera: “Panrico y Coca-Cola, la lucha es una sola”. A partir de entonces, progresivamente dos huelgas que estaban separadas por cientos de kilómetros, se hermanaron en la solidaridad e hicieron una verdadera “escuela de coordinación”.

Este es sólo un ejemplo, quizá uno de los más simbólicos, de la experiencia de más de un año y medio de lucha de los espartanos de Fuenlabrada. Una experiencia en la que mantuvieron sin pausa la movilización, en la que buscaron y recibieron solidaridad de todos los sectores obreros, juveniles, culturales y sociales en lucha. Tantos que resulta imposible documentarlos en pocas palabras.

Una lucha que se transformó en la lucha de decenas de miles de trabajadoras y trabajadores que se sumaron al boicot a la empresa, en apoyo a 300 valientes trabajadores y trabajadoras que plantaron cara a la multinacional imperialista de Coca-Cola e hicieron valer la idea de que “el puesto de trabajo no se vende, se defiende”.

La lucha de Coca-Cola enfrento enemigos poderosos, empezando por la propia empresa, paradigma mundial del capital imperialista. Y obviamente también el gobierno conservador del PP, fiel representante de los intereses de las grandes patronales. Si logró que la propia justicia capitalista tuviera que dictar sentencias contra la empresa, a pesar de que ésta se ha negado a cumplirlas una y otra vez, fue porque siguió en la lucha y en las calles, no sólo en los tribunales.

Pero también tuvo que resistir a los “enemigos internos”, como la propia Federación Agroalimentaria, a la que debieron enfrentar para que no traicionara su lucha, como lo hizo con la huelga de 8 meses de Panrico en Santa Perpetua. Los trabajadores de Coca-Cola, en su mayoría afiliados a CCOO, mostraron una determinación opuesta radicalmente a la actitud de la máxima dirección del sindicato, que desde el inicio de la crisis ha sido –junto con UGT- un sostén ejemplar... del Régimen y el gobierno que impuso la Reforma Laboral.

Por ello, tanto mayor es el honor a los espartanos de Fuenlabrada que confiaron en sus propias fuerzas, en la voluntad soberana de las asambleas obreras, en la coordinación con otras luchas y movimientos sociales.

Aunque la lucha aún no ha terminado, ya deja grandes lecciones para el futuro. Entre ellas, una de las más importantes: ¡Sí, se puede! enfrentar los ataques de los capitalistas. Pero sólo a condición de que la lucha de clases esté al frente. Y para que este ejemplo se extienda, es vital que se recuperen los sindicatos para los trabajadores y trabajadoras.






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