Sociedad

REPRESIÓN

[VÍDEO] #ZaragozaNoSeCalla contra la represión de la justicia racista

Este lunes comienza el juicio en Zaragoza contra miembros DDCC15M y AISA por un “delito de odio” al señalar la persecución policial a los vendedores ambulantes.

Lunes 17 de septiembre de 2018 | 18:05

Este lunes han declarado en el Juzgado de Instrucción nº 3 de Zaragoza, un miembro de (AISA) Asociación de Inmigrantes Senegaleses de Aragón y otro del Grupo Derechos Civiles 15M Zgz por la denuncia presentada por la Policía Local por un supuesto “delito de odio”, acusados de calumnias e injurias a la Policía Local al vigilar y denunciar públicamente agresiones racistas de este cuerpo policial en la campaña #ZaragozaNoSeCalla.

En la concentración de apoyo a los acusados a las 11.00 horas en la puerta de la Ciudad de la Justicia, a la que han respondido decenas de personas de diversos colectivos sociales de Zaragoza, entrevistamos a Mohammed, portavoz de AISA.

El caso llega después de que AISA, recogiendo testimonios de trato abusivo por parte de agentes de policía municipales, decidieran emprender la campaña #ZaragozaNoSeCalla de denuncia pública que posteriormente fue utilizada por STAZ (Sindicato de Trabajadores del Ayuntamiento de Zaragoza que contiene una sección policial) como la prueba del supuesto “delito de odio”, quienes afirman que “NO podemos admitir que se cuestione la profesionalidad y buen hacer de los agentes de la Policía Local de Zaragoza”.

Este caso está dentro del marco de una persecución hacia los trabajadores ambulantes, como la desatada anteriormente hacia los del rastro nocturno de Zaragoza que venía siendo denunciada precisamente por Derechos Civiles 15M y otros organismos, como la Plataforma de Apoyo al Rastro.

La persecución institucional , como la que se puede observar en este caso, tiene su contrapartida en la opresión imperialista que se ceba especialmente contra el pueblo africano, que a lo largo de su historia ha sido esclavizado, colonizado, expoliado, forzado a emigrar. Aun así, las leyes les consideran “ilegales”.

Quienes consiguen llegar se encuentran con una valla de pinchos en la frontera, con la policía y sus pelotas de goma, con las celdas de los CIEs. Quienes aun así superan todo lo anterior tienen tremendas dificultades para encontrar un trabajo digno, porque las leyes tachan a estas personas de “ilegales”, así que para muchos la única salida es vender en la calle, pero también son perseguidos brutalmente por las instituciones y la policía como a delincuentes.

Este caso muestra claramente que sólo la solidaridad y la movilización contra el racismo permitirá acabar con el racismo institucional, los CIES y la persecución enconada de los brazos ejecutores de los grandes capitalistas.






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