Sociedad

ABUSOS SEXUALES

Vaticano: la renuncia de Marie Collins desnuda el doble discurso de Francisco

La mujer, víctima de pedofilia en los 60, se había sumado en 2014 a una comisión de “Protección de Menores”. Ahora se fue, acusando a la Curia romana. En 2016 ya se había ido Peter Saunders, otra víctima.

Daniel Satur

@saturnetroc

Viernes 3 de marzo de 2017 | Edición del día

La irlandesa de 70 años Marie Collins había renunciado el 13 de febrero a su cargo en la Pontificia Comisión Vaticana para la Protección de Menores (creada con ese pomposo nombre por Jorge Bergoglio en 2014). Pero recién ayer la Santa Sede hizo público el alejamiento de la mujer que ha sido una referencia mundial en cuanto a denuncias de abusos sexuales por parte de curas. Precisamente en su país, Irlanda, los casos salidos a la luz en los últimos años resultaron demoledores para la Iglesia Católica.

En su caso, a los 13 años sufrió durante semanas (mientras se reponía de una infección en un brazo en un hospital de Dublin) los ataques sexuales del capellán del centro médico. Collins tardó tres décadas en poder asumir lo sufrido y tomar coraje para denunciarlo.

En 2014, intentando mostrar un “giro” respecto a lo hecho por el Vaticano durante siglos, Francisco creó una comisión especial con el supuesto objetivo de atender denuncias, investigar los casos y sancionar a los clérigos que fueran encontrados culpables de pederastia.

Dicha Comisión está presidida por el actual cardenal y arzobispo de Boston, Sean O’Malley, uno de los preferidos de Bergoglio en su búsqueda de maquillar la política vaticana luego de décadas de desprestigio. En total la integran unas quince personas, entre clérigos y “especialistas” en el tema.

Hasta febrero del año pasado uno de los miembros de la comisión era el inglés Peter Saunders, también víctima de abusos durante su infancia. Pero renunció a su cargo (por motivos más graves que los esgrimidos por Collins) referidos a las actividades de la Comisión.

Un portazo que hace mucho ruido

Si bien la comunicación oficial del Vaticano dice que lamenta la renuncia de Collins y destaca que la mujer aceptó seguir colaborando en otras áreas (como Educación) con la Santa Sede, esta renuncia es un nuevo traspié para Bergoglio en su objetivo de mostrar supuestos “cambios” en el tratamiento de las miles y miles de denuncias de pedofilia eclesiástica que se extienden en todo el mundo.

Collins dijo en un comunicado de prensa que renuncia debido a “la resistencia de algunos miembros de la Curia vaticana a poner en marcha las recomendaciones de la Comisión, a pesar de haber sido aprobadas por el Papa”.

A su vez cuestionó la “resistencia cultural” que hay en el Vaticano, sobre todo por parte de “burócratas” que tienen la función de aplicar las recomendaciones de la comisión pero no lo hacen. En ese sentido habla de la necesidad de vencer ciertas cuestiones de “política interna y el miedo al cambio”.

“La gota que rebalsó el vaso fue esa resistencia”, focalizada por Collins en el hecho de que la Congregación para la Doctrina de la Fe se haya negado “a colaborar en un tema referido a la protección de las víctimas”.

En “defensa” de Francisco

El caso de Peter Saunders es incluso más grave que el de Collins. Él había llevado a la Comisión para exponer y analizar el caso de Juan Carlos Cruz, uno de los denunciantes del cura chileno Fernando Karadima, abusador protegido por el obispo de Osorno Juan Barros, quien a su vez es un protegido del propio sumo pontífice.

El caso de Juan Carlos Cruz había merecido especial atención por parte de Bergoglio, y no precisamente para ayudarlo a buscar justicia contra Karadima. Como se recordará, en octubre de 2015 se hizo público un video en el que el Papa le habla a un puñado de fieles chilenos y rechaza categóricamente las acusaciones contra Karadima y Barros. Entre otras cosas, Francisco les pedía que “no se dejen llevar de las narices por los zurdos, que son los que armaron la cosa... Osorno sufre por tonta. No abre su corazón a lo que Dios dice y se deja llevar por las macanas que dice toda esa gente”.

Por eso Cuando Saunders invitó a Cruz a la Comisión, en el Vaticano entendieron que era parte de una campaña contra Francisco. Poco después a Saunders no le quedó otra alternativa que renunciar.

Sobre la renuncia de Saunders el propio Cruz dio una definición contundente. “En el Vaticano son tan siniestros que le dijeron a él que se tomara un tiempo para pensar, que si quería salir de la comisión, si quería volver y en el camino entre la comisión y el hotel el Vaticano sacó un comunicado diciendo que el señor Saunders había decidido tomarse una licencia”, contó el denunciante de Karadima al sitio chileno El Mostrador.

“Úselo y tírelo”

Si bien Marie Collins intentó separar a Bergoglio de la falta de cooperación dispensada por la Congregación para la Doctrina de la Fe, lo cierto es que más allá de las palabras de aprobación del papa a las propuestas de la Comisión no hubo ningún cambio real al respecto.

De hecho, fueron Saunders y Collins quienes renunciaron mientras el organismo dedicado a implementar las sanciones disciplinarias y “morales” de la Iglesia sigue tan intacto con Bergoglio como con sus antecesores.

La renuncia de Collins confirma lo que miles de personas denuncian en todo el mundo: que al Vaticano no les interesan en lo más mínimo las víctimas. Y mucho menos cuando esas víctimas se deciden a hablar y denunciar públicamente a sus abusadores.

Tanto Collins como Saunders fueron nombrados por Bergoglio para aparentar transparencia y apertura en materia de abusos sexuales. Pero la realidad indica que en estas víctimas son usadas y manipuladas por el Vaticano, consiguiendo tenerlas más o menos controladas y al mismo tiempo aparentar una preocupación por el tema.

En sus fueron personales quedará la búsqueda de una explicación que permita entender qué las lleva a confiar en que la jerarquía eclesiástica realmente va a cambiar lo que se debe cambiar para que deje de ser sistemática la cobertura y la impunidad de los curas pedófilos a lo largo y ancho del planeta.

Lo que sí es evidente es que el uso que se hace de ellos por parte del Vaticano es tan criminal, en última instancia, como los abusos que sufrieron en su infancia.







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