Géneros y Sexualidades

VIOLENCIA DE GENERO

Violencia machista entre adolescentes: la falsa idea de una ‘generación de igualdad’

En los últimos años se han realizado diferentes estudios sobre la violencia machista entre jóvenes. En este artículo se recogen dos de los más recientes o completos que dan cuenta de cómo se perciben los comportamientos machistas entre la juventud.

Verónica Landa

Barcelona | @lierolaliero

Jueves 15 de octubre de 2015

Foto: Foto del blog adolescentessinviolenciadegenero

Entre 2009 y 2010 en la Comunidad de Madrid se realizó el estudio sobre Violencia de Pareja hacia la Mujer (VPM) con adolescentes para analizar diferentes aspectos de la violencia machista, en la pareja: percepción, detección, actuación, etc. (Estudio 1)

Según este estudio el sistema sanitario y educativo son los lugares donde detectar más fácilmente violencia machista. Sin embargo actualmente, respecto a la sanidad encontramos un problema: no se tiene en cuenta que muchas mujeres extranjeras no tienen derecho a la sanidad pública desde la retirada de las tarjetas sanitarias a inmigrantes, sumado a la falta de sanidad a inmigrantes ‘sin papeles’, cientos de mujeres quedan desprotegidas en este sentido. Además, los recortes en sanidad pública de los últimos años la falta de personal sanitario y las largas listas de espera, dificultan el inmediato acceso a la sanidad.

El Estudio 1 aseguraba que estos y estas adolescentes que han crecido en un ambiente de conquistas de derechos de las mujeres no percibían la violencia machista como algo que exista en su generación. Pero hablar de ‘generación de igualdad’ es demasiado arriesgado, y más viendo muchas de las entrevistas.

No identificaban en su generación comportamientos machistas, argumentando que eso es cosa de “los hombres de otras épocas o de otras culturas”, y solo relacionan violencia machista con la física, en su gran mayoría considerándola “inmoral”.

La explicación más recurrente al por qué de la violencia física eran los celos: ante una ‘infidelidad’, el hombre recurre a la violencia para solventar un problema y mantener a la mujer a su lado, haciendo culpable a la mujer, por ‘infiel’ o por dar motivos para creer que lo es.

Los adolescentes del Estudio 1 rechazaban la violencia física por considerar a las mujeres inferiores físicamente: el argumento del ‘sexo débil’ que aparece en muchas situaciones cotidianas. Y aunque censuraban este tipo de violencia machista, no identificaban la violencia psicológica o no la entendían como violencia machista porque “hay muchas mujeres que maltratan psicológicamente a los hombres”.

El tópico de la mala mujer también estaba presente en su discurso para justificar que “la violencia de género no solo se produce de hombres a mujeres”. También recurrían mucho a las denuncias falsas, argumento usado por algunos políticos como Toni Cantó -ex UPyD, ahora en Ciudadanos-, Joaquín Leguina –ex presidente de la Comunidd de Madrid con el PSOE entre 1983 y 1995- o la Guardia Civil, y que ha sido sobradamente desmontado por estudios que demuestran que son menos del 1% del total. Pero este argumento ha calado mucho en la juventud que no duda en esgrimirlo cuando se ve acorralada por sus actitudes machistas.

Para la mayoría de las jóvenes del Estudio 1 lo peor de la violencia machista dentro de una pareja era el sometimiento y la subordinación, la agresión psicológica y el miedo. También, consideraban que las jóvenes que sufren violencia en la pareja tienen mayores facilidades para romper esa relación que una pareja adulta porque no hay tantos ‘intereses comunes’. Pero en la práctica no es más fácil por la presión del entorno y la pareja, la dificultad de reconocer el maltrato o la creencia de que los celos y el control son muestras de afecto.

Igualdad ante la ley no es igualdad ante la vida

El Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud ha hecho otro estudio (Estudio 2) este año con adolescentes de entre 14 y 19 años, que señala cómo los jóvenes siguen viendo que su generación “está mejor en cuanto a igualdad”, aunque se trate de un proceso lento que no verá sus frutos hasta dentro de varias generaciones. Afirmar que su generación tiene mucho por hacer es cargarse sobre los hombros el peso de la lucha por la igualdad y contra el machismo.

El Estudio 2 concluía que en un porcentaje alto las relaciones entre jóvenes se desarrollan entre comportamientos agresivos y violentos, siendo muy importante el control de las comunicaciones tecnológicas, concluyendo que estos actos son mucho más frecuentes por parte de los chicos, tal y como reflejan otras encuestas y estudios.

Ambos estudios muestran la continuidad en el pensamiento de los y las adolescentes sobre la falsa creencia de la ‘generación de la igualdad’ y la no detección de comportamientos machistas en sus relaciones diarias.

Muchos y muchas adolescentes creen que si se enfatizara más en difundir las condenas por violencia machista, esta se reduciría. Pero esto no es suficiente, menos cuando muchas mujeres no llegan a denunciar por lo que no se condena al maltratador, y que la legislación española solo reconoce como violencia machista aquella que se produce en una relación sentimental, dejando fuera muchos tipos de violencia que se producen en otros tipos de relaciones o que se producen sin relación alguna.

Esta sociedad patriarcal sigue reproduciendo valores machistas en la educación, la familia y la sociedad en general. Sigue atacando a las mujeres y privándolas de derechos, como el aborto, ahora prohibiendo a las menores de edad abortar.

Los medios de comunicación perpetúan estos valores, y los programas como Hombres y Mujeres y Viceversa o Chicos y Chicas, así como el fenómeno youtuber reproducen comportamientos machistas, homófobos e incluso xenofóbos, y tienen un seguimiento nada desdeñable entre la juventud.

Los insultos que atacan a las mujeres siguen estando en el vocabulario de miles de jóvenes –y no tan jóvenes- que los usan como arma contra las mujeres que no actúan como ellos esperan, sean o no sus parejas.

La necesidad de una educación sexo-afectiva en todos los niveles de la educación es innegable. Al igual que luchar por una educación no sexista y laica, ya que por el peso que tiene la religión en la educación, muchos centros de estudios se niegan a dar educación sexual.






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