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Vuelta al cole” con la LOMCE: el enésimo ataque a la educación

La aplicación de la última contra-reforma educativa del PP, la LOMCE, se está llevando adelante con el arranque del curso escolar. Sus efectos empiezan a ser importantes en los centros educativos.

Pere Ametller

@pereametller

Viernes 18 de septiembre de 2015

La inclusión de la asignatura de religión como optativa en primero de Bachillerato -contando su calificación para la media- ha hecho que se esté dando un aumento gigantesco de los alumnos matriculados en dicha materia de un 150%. Al ser una asignatura más fácil, muchos alumnos la escogen por la importancia de tener una buena nota media en el Bachillerato para obtener becas o entrar a la universidad

La inclusión de la religión en los planes de estudio evaluables supone un atraso enorme en las aspiraciones de lograr una real separación de la Iglesia y el Estado. Resulta inaceptable esta regresión del PP que ha sido denunciada y boicoteada por buena parte de la comunidad educativa. Un trato de favor más a la Iglesia Católica, que contrasta además con las medidas racistas que el mismo PP promueve contra otras religiones minoritarias, como los intentos de prohibición del velo.

Según la Unión de Comunidades Islámicas de España 9 de cada 10 alumnos musulmanes no pueden estudiar su religión en la escuela. Un dato que ilustra la voluntad del gobierno del PP de mantener el catolicismo como religión de Estado, si bien lo que habría que hacer extensivo no es la enseñanza de todas las religiones, sino de ninguna. La escuela debe permanecer al margen de impartir cualquier religión.

Otro aspecto regresivo de la LOMCE es el ataque al modelo de de inmersión lingüística que ha garantizado durante años que los alumnos de Cataluña se manejen a la perfección en catalán y castellano. La LOMCE pretende que el 25% de las asignaturas se impartan en castellano, algo que de momento no se está logrando implantar en su integridad.

Por otro lado, con la introducción de la LOMCE, al final de primero de ESO ya se empezara a hacer una distinción entre los alumnos que harán el bachillerato e irán a la universidad y los que harán formación profesional. Se trata de la lógica de separar a los “buenos” alumnos de los “malos”. Una lógica que busca, detrás del discurso de individualizar los rendimientos académicos, una segregación que en la mayoría de casos va ligada a la clase social, ambiente familiar... Con este cambio el instituto se refuerza como agente reproductor de las desigualdades sociales.

No se trata, ni mucho menos, de que sea peor realizar una formación profesional y tener un trabajo manual que realizar una carrera. El problema es que esta elección termina siendo una imposición, no se están dando igualdad de oportunidades reales y las condiciones laborales de los que no obtienen un título universitario son en general peores.

Esto no significa defender, como hace la socialdemocracia, la idea de que la educación que sirva como “ascensor social”. La igualdad de oportunidades real no puede existir en el capitalismo, que defienden con más o menos matices tanto liberales como socialdemócratas. Olvidan que siempre hay un grueso de la población que no puede escalar y sufre las peores condiciones en el mercado laboral: precariedad y paro.

Tenemos que defender una educación pública, laica, gratuita y al servicio de los hijos de los trabajadores, una educación que no actué como reproductora de este sistema social, que no sea una fábrica de trabajadores sumisos, que no sirva esencialmente para adaptar a los jóvenes a poder soportar el infierno del trabajo asalariado. Una lucha de estas características tiene que ligar el rechazo de todos los ataques reaccionarios contra la educación pública con el cuestionamiento a fondo del mismo sistema educativo, y plantear la lucha estudiantil en una alianza con los trabajadores y sectores populares en la lucha contra este sistema social.






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