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La Izquierda Diario

Sábado 19 de Enero de 2019

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COMUNIDAD DE MADRID
CILSEM: precariedad y despotismo patronal, el día a día de los intérpretes de lengua de signos
Víctor Stanzyk

Ya es habitual en programas de televisión o actos, ya sean de partidos, instituciones o personalidades públicas, que haya en segundo plano un intérprete de lengua de signos (ILS). Ha sido esta una conquista que ha sacado a las personas sordas de la incomunicación mediática. Sin embargo, tan común es ahora la aparición de ILS como lo es para ellos ir a trabajar sin recibir ninguna remuneración.

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Los ILS son víctimas de la externalización de servicios llevada a cabo en la Comunidad de Madrid durante los sucesivos gobiernos del Partido Popular. De aquí a unos años, para ellos ha sido norma cobrar los meses siempre con atraso de hasta dos meses. Aun con todo, la Asociación CILSEM, la última empresa que ha ocupado de este servicio, ha logrado superar las expectativas: hasta esta semana, los ILS no percibieron salario alguno desde verano.

Esta situación fue denunciada por los sindicatos CCOO y UGT, quienes exigieron a CILSEM que pagara los sueldos. La empresa, por su parte, culpó a la Consejería de Educación de no haber dado el consentimiento de gasto ante la prorrogación de la licitación, la cual había quedado desierta al acabar el contrato. La Consejería, a su vez, aseguró que, pese a algunos retrasos, ya pagaron en junio a la empresa y que no hay justificación por su parte. De cualquier manera, lo único evidente, es que CILSEM, que debiera haber demostrado solvencia para pagar a sus trabajadores/as y que, de hecho, tiene la obligación de hacerlo, se retrasó hasta cinco meses en el pago de las nóminas.

Al margen de esta exagerada demora, el salario, inferior que el de los intérpretes del resto de lenguas habladas, se ha convertido en la principal reivindicación de los ILS. Hasta ahora, han conseguido que la empresa les pague tres meses de los cinco que debe. Sin embargo, no es más que la punta del iceberg. El habitual retraso de las nóminas recrudece una vida laboral precarizada y asfixiante. Ejemplo de ello es la brutal incertidumbre que se produce respecto al mismo puesto de trabajo. Sin sueldo, los ILS no pueden pagarse los desplazamientos necesarios para ir a ayudar a las personas sordas en su día a día, y para CILSEM esto supone un despido objetivo. Como una cruel paradoja, la ausencia de sueldo pone en peligro un trabajo no remunerado al que los trabajadores se aferran.

La jornada laboral de un ILS es intensiva. Aunque está estipulado que un traductor debe descansar cada media hora dada la cantidad de movimientos que puede llegar a hacer, no se respeta este derecho. En los institutos, los ILS dedicados a traducir para jóvenes se ven obligados a trabajar durante horas sin relevo. Esto empeora cuando hay bajas. En tales casos, se deben poner de acuerdo entre los trabajadores para suplir a su compañero o compañera, aumentando su carga de trabajo considerablemente, por lo general sin lograr cubrir las horas de baja en su totalidad. La respuesta de CILSEM es mirar hacia otro lado y se niega a contratar suplentes a toda costa, hasta el punto de pedir a una trabajadora que cogiera su baja por lactancia en otro mes distinto al inmediatamente posterior a su maternidad.

La absoluta precariedad de los ILS es fruto de distintos factores. Por un lado, el monopolio técnico que ejerce CILSEM, al ser la única empresa con capacidad suficiente para ofrecer este servicio a nivel autonómico, abre la puerta a una explotación salvaje que los ILS apenas pueden denunciar so pena de no volver a trabajar en una labor que, ante todo, es vocacional. De hecho, un trabajador fue despedido, simplemente, por ir a verificar a la Consejería la excusa de CILSEM para no pagarles. No es la primera irregularidad que CILSEM comete. Ya el año pasado la empresa tuvo problemas al haber contratado demasiados trabajadores en prácticas. Ahora, debe exprimir sus ganancias de los trabajadores que tienen contratados: pocos trabajadores, salarios bajos, casi siempre ausentes, y condiciones laborales nefastas.

Por otro lado, la Comunidad de Madrid se desentiende de la gestión de la empresa. A pesar de haber declarado un aumento del presupuesto para intérpretes, esta inversión (en caso de haberla) cae en saco roto, o más concretamente al bolsillo de CILSEM, y todo queda en ofrecer una buena imagen. Se niega a rendir cuentas a la empresa, cuya licitación apenas parece haber tenido ningún tipo de control y que suma incertidumbre a los pagos que se deben. De nuevo, externalización es sinónimo de olvido. Esta omisión se materializa en condiciones paupérrimas para los trabajadores y en un servicio deficiente para las personas sordas. Explotación laboral y discriminación, pocas veces esta vinculación es tan nítida.

Este marco permitiría no sólo una denuncia laboral, sino también política. La empresa es tan culpable de la explotación y precarización de sus trabajadores como lo es la Comunidad de Madrid de hacer el caldo de cultivo para estas prácticas. El impago de los salarios no es un conflicto entre la empresa y la Consejería, sino entre los trabajadores contra ambas. Separar estos aspectos es vaciar de sentido político una lucha que sobrepasa el ámbito laboral. Esta lamentablemente ha sido la postura de los sindicatos, que han ralentizado los procedimientos y han servido de dique para el descontento de los trabajadores, aun cuando la lucha es a contrarreloj. En estas condiciones es necesario que los sindicatos con representación en la empresa empiecen de forma audaz a ayudar a la autoorganización de una plantilla que, de forma generalizada, tiene muy claro que si quiere recuperar lo que le corresponde y no dejarse pisotear debe luchar. En otro caso estarán jugando el papel de testaferros de la patronal y la Comunidad de Madrid.

A pesar de las movilizaciones esporádicas que ha habido en distintas comunidades autónomas desde 2013 que han servido de precedente, pues este no es un caso aislado de la Comunidad de Madrid, CILSEM ha sabido jugar sus cartas y ha impuesto condiciones sangrantes a base de miedo. Ahora, este temor poco a poco se va disipando y este artículo es prueba de ello. Casi toda la información recabada viene de boca de un trabajador con el que hemos contactado. Él mismo nos insistió en que mencionáramos este detalle como una declaración de intenciones de lucha, al tiempo que su anonimato constituía una prueba de la presión que la CILSEM ejerce sobre sus empleados.

 
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