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La Izquierda Diario

Sábado 19 de Enero de 2019

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#10Ene: NUEVA ASUNCIÓN DE MADURO
Maduro asume nuevo mandato entre el hartazgo popular y la presión de la derecha proimperialista
Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS)

Publicamos a continuación la declaración política de la Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS) ante la asunción del nuevo mandato de Maduro y la ofensiva de la derecha local y regional proimperialista.

Link: http://www.izquierdadiario.es/Maduro-asume-nuevo-mandato-entre-el-hartazgo-popular-y-la-presion-de-la-derecha-proimperialista?id_rubrique=2653

En medio de una catástrofe económica que se profundiza aumentando las calamidades del pueblo, el gobierno de Maduro se prepara para asumir un nuevo mandato tras unas elecciones amañadas.Estamos contra el gobierno de Maduro que hunde cada vez más a los trabajadores y los sectores populares en la catástrofe económica, además de cercenar las libertades democráticas, incluso encarcelando trabajadores por luchar, es un gobierno antiobrero, antipopular y represivo, por eso llamamos a seguir enfrentándolo. Pero estamos también contra la oposición de derecha, que no representa en modo alguno las aspiraciones e intereses de la clase trabajadora y el pueblo, sino que encarna un proyecto político y económico totalmente pro-empresarial y de mayor sometimiento a los intereses del capital extranjero, de la mano de la subordinación al imperialismo estadounidense.

Un gobierno antiobrero y antipopular que aplica un ajuste capitalista

La catástrofe económica arrecia y se profundiza en el país por varios años. Los niveles de la caída de la producción son propios de un país en guerra, pero Venezuela no se encuentra en tal situación, a la par que un proceso hiperinflacionario avanza imparable, destruyendo cualquier tipo de ingreso de la clase trabajadora y los sectores populares.

Durante sus años de gobierno Maduro no ha hecho otra cosa que descargar la catástrofe económica sobre las espaldas del pueblo. Esta no es una frase hecha, sino una cruda realidad. Miles y miles de millones de dólares han sido destinados a pagar una fraudulenta deuda externa justo en los momentos de los mayores padecimientos del pueblo, negándole esos recursos a las necesidades más urgentes de las grandes masas populares, pero garantizándoselos al capital financiero internacional. ¡Vaya “anti-imperialismo”! No le ha temblado el pulso para esta decisión sumiendo en la miseria al pueblo trabajador y beneficiando a los grandes acreedores internacionales.

A finales de agosto del año pasado lanzó un plan de una supuesta “recuperación y prosperidad económica”, donde los golpes los recibieron la clase obrera y el pueblo pobre, mientras se exoneraba del ajuste a los capitalistas y la casta corrupta. La descomunal fuga de capitales, ese saqueo de la renta petrolera hecho por las diferentes fracciones de la clase capitalista venezolana (tanto la tradicional como los favorecidos del chavismo y los “nuevos ricos”), que tiene en el exterior unos 500 mil millones de US$ y que es una de las razones de la ruina actual del país, quedó totalmente impune. La sangría que implica la deuda externa tampoco fue objeto de ninguna medida, eso tampoco se cuestiona. Así mismo, los grandes empresarios y el capital transnacional fueron exonerados de impuestos y se les legalizaron los precios de hiperinflación que habían impuesto.

Mientras, al pueblo lo recargó con más impuestos aumentando el IVA, que es un impuesto indirecto al salario, legalizó la megadevaluación del bolívar (es decir, de los salarios y las prestaciones sociales) al precio del dólar paralelo, acordó precios hiperinflacionarios, siendo totalmente cómplice y co-responsable del desespero del pueblo cuando no podemos comprar algún alimento o medicamentopor su altísimo costo. Simultáneamente, avanzaba en eliminar grandes conquistas históricas de la clase trabajadora contenidas en las contrataciones colectivas. ¡Vaya gobierno “obrerista”! No es difícil darse cuenta qué clase social sale golpeada con estos planes. Como hemos venido remarcando, esto no es más que capitalismo puro y duro.

El gobierno vilmente recurrió al engaño al lanzar su paquetazo anunciando que el salario mínimo estaría atado a una supuesta moneda virtual, el petro, pero esta moneda, por anuncios del propio gobierno, ha aumentado en términos exponenciales mientras el valor del salario mínimo no mantuvo ese ritmo, todo lo contrario. No satisfecho aún avanzó el propio gobierno en hipermegadevaluaciones de la moneda que recientemente había lanzado, el bolívar soberano, lo que da continuidad a la estrepitosa pulverización del salario, que al momento de escribir esta declaración se ha reducido el mínimo nacional a 4 dólares al mes, ¡y a la baja! ¡Salarios no ya de pobreza, sino de hambre!

Asistimos a una verdadera masacre de los ingresos de la clase obrera, totalmente favorable a los patronos y a los capitalistas privados en particular, tanto nacionales como extranjeros, que consiguen así una de las manos de obra más baratas en el mundo. Es un plan al servicio de la más pura extracción de plusvalía absoluta. A lo que se agregan los despidos masivos hechos tanto en el Estado como en la empresa privada, lanzando a mayor miseria a cientos de familias trabajadores, despidos avalados por el gobierno a través del Ministerio del Trabajo.

Mientras, Maduro continúa su demagogia desgastada de “aumentos” de salario apenas nominales, cuando la verdad es que el salario real no hace sino bajar, y pretende que los trabajadores y el pueblo se conformen con la “protección” de los bonos que a su voluntad otorga el gobierno. El mismo Presidente que es responsable, junto a los capitalistas privados, de la ruina del pueblo, de pulverizar el salario, pretende venderse como “protector”, cuando nos mutila el salario y quiere convertirnos a cambio en receptores de las “dádivas” de su gobierno.

Un gobierno de entrega nacional

En busca de “recursos”, Maduro y su gobierno no han encontrado mejor idea que entregar las riquezas nacionales, sobre todo del petróleo y la minería. Si ayer lo hizo de una manera descarada con la entrega de toda el área del Arco Minero del Orinoco a transnacionales para la explotación del oro y otros minerales, provocando el mayor ecocidio nunca visto en la historia del país y desplazando forzosamente de sus zonas y con represión abierta a pueblos originarios, ahora lo hace con el petróleo, violando incluso las propias leyes nacionales al firmar nuevos acuerdos de “prestaciones de servicio” en condiciones lesivas para el país (como la exoneración de impuestos o regalías), lo que implica un salto cualitativo en el control y usufructo del petróleo venezolano por parte de empresas estadounidenses, francesas, chinas, rusas y de otras latitudes.

El gobierno sostiene que es para recuperar la producción petrolera. Pero ha sido el propio gobierno que ha hundido la producción cayendo a niveles de 1940. Por eso es toda una farsa, porque deja intacta la estructura de la corrupción en PDVSA, no tiene ninguna política para obligar la repatriación de la renta petrolera fugada y lo que hace es dar pasos para avanzar en una apertura petrolera peor que la que se intentó aplicar en la década neoliberal de los 90’s, en esta apertura el Estado percibe menos regalías, el capital imperialista está exonerado de cumplir las leyes nacionales en material laboral, tiene manos libres para disponer de la comercialización del petróleo, y es tal la falta de transparencia del régimen que los contratos se hacen casi clandestinamente, a espaldas del país, llegando al extremo en algunos casos en que la entrega se hace a “empresas de maletín”, recién conformadas (como EREPLA, de un millonario del Partido Republicano, sí, el mismo partido de Bush y Trump). Es así una apertura donde también avanzan los grandes negocios de una burocracia estatal parasitaria –bien como gestores del capital extranjero o como asociados directos al negocio– en beneficio propio y en detrimento del país. Estamos frente a una entrega infame.

Los capitalistas locales y extranjeros que “invierten” en el país arriban felices con el paraíso encontrado en Venezuela, donde la mano de obra es a precios esclavistas, pueden violentar los derechos de la clase obrera a placer, y si quieren despedir el gobierno se lo avala.

Un gobierno bonapartista reaccionario, antidemocrático y represivo, sustentado en las Fuerzas Armadas

Cualquiera se puede preguntar cómo es posible que lanzando tan brutales ataques y descargado una de las peores crisis del país sobre el pueblo haya podido permanecer tanto tiempo. Es que a la par que el gobierno de Maduro ha ido avanzando en este camino también lo ha hecho en ir cercenando permanentemente derechos democráticos. Vivimos en un estado de excepción permanente donde garantías democráticas son anuladas.

En el movimiento obrero y popular ha pesado mucho la herencia dejada por Chávez de una estatización de gran parte de sus organizaciones, convirtiéndolas en correa de transmisión entre los trabajadores y el pueblo pobre de las políticas gubernamentales, anulándolas como organizaciones capaces de dar alguna lucha. Pesa así mismo la enorme fragmentación del movimiento obrero impulsada por el chavismo, que se encargó de castigar a los sectores que iban más allá de lo tolerado por el gobierno y de dividir las organizaciones que no controlaba a su antojo, y pesa la desorientación y desmoralización de amplios sectores de la clase obrera y el pueblo, al ver cómo el proyecto político que consideraban “suyo” es el mismo que está descargándoles encima los golpes.

Sin embargo, a esos elementos hay que agregarle el profundo giro bonapartista reaccionario del régimen político. Viniendo del bonapartismo plebiscitario de Chávez, que no dejaba de sustentarse en las FF.AA. y la regimentación del movimiento de masas, pero cuyo mecanismo fundamental eran los votos en que se bañaba regularmente el líder y la relativa distribución de la renta hacia el pueblo trabajador, con Maduro y bajo otras condiciones económicas y políticas, vaciado de apoyo popular, la faz del Estado que castiga y reprime pasó a primer plano, anulando casi por completo cualquier mecanismo de “concesiones” o “redistribución” de la renta como vía para sustentar el respaldo a su gobierno. Transformándose en un bonapartismo totalmente reaccionario, sustentado fundamentalmente en la represión y el fraude.

En este marco, el gobierno viola la propia Constitución que ellos mismos crearon. Para ello se hizo erigir una fraudulenta Asamblea Nacional Constituyente, que se autodeclaró plenipotenciaria y supraconstitucional, recurriendo a los métodos más irregulares posibles, que incluso no llegó ni a tolerar a sectores del ahora llamado “chavismo disidente”. Nadie sabe con cuántos votos se eligió cada diputado constituyente, solamente se anunció un número total de votantes que nadie pudo auditar y por tanto nada creíble. En verdad, en lugar de un verdadero poder constituyente, que pudiese expresar la voluntad popular en disputa contra el poder constituido, aquí se trató de todo lo contrario, la farsa estuvo armada para un reforzamiento brutal del poder constituido, un instrumento a disposición de las camarillas bonapartistas gobernantes.

Con ello se allanó el camino para buscar tener algún tipo de fachada “democrática”, luego de años de haber declarado en “desacato” a la Asamblea Nacional. Con esta “Constituyente” “plenipotenciaria” anuló por la vía de los hechos al parlamento, comenzó a regimentar y “legislar” no sólo para mayores entregas del país, como la Ley de Inversiones Extranjeras, para solo poner un ejemplo, sino hasta para la realización de elecciones a gobernadores y municipales a mejor conveniencia y poder garantizarse mayorías en las mismas.

A través de esta “Constituyente” se decidía qué partido era legal o no, impidiendo la participación electoral tanto de partidos de la oposición de derecha como del propio chavismo crítico o disidente, diseñando elecciones a la medida, estableciendo normas que supuestamente correspondían al Consejo Nacional Electoral (CNE), otra institución dócil del régimen, al igual que lo es el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ).

Así se preparó el camino para anticipar en más de seis meses las elecciones presidenciales, aprovechando también el peor momento de la oposición de derecha luego del fracaso de su arremetida contra el gobierno en el 2017 con sus movilizaciones que fueron reprimidas, y que contaban con todo el arco de apoyo del derechismo continental y del imperialismo. Se trataba de unas elecciones amañadas donde prácticamente el régimen decidía qué candidato se podía presentar o no.

Sectores de la oposición derechista lanzaron su candidato seguramente en busca de pactos, o fruto de pactos de previos, mientras que otros sectores llamaron a no participar. Pero se trataron de unas elecciones con grandes niveles de abstención donde Maduro prácticamente se eligió con un 28% de los votos, cuyos resultados llamó a desconocer al final del día la fracción opositora que presentó candidato. Los niveles de abstención nunca vistos en los últimos 20 años no eran más que expresión de un hartazgo con la situación imperante y las calamidades que se venían sufriendo.

Es más que claro que si el gobierno de Maduro ha avanzado en este bonapartismo reaccionario, represivo y supra-parlamentario, con el empleo de mecanismos que se emparentan con un régimen cuasi dictatorial, ha sido por la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB). La derecha habla de “dictadura” pero lo hace con un contenido funcional para llevar agua a su molino, pues al mismo tiempo que se calla la boca frente a gobiernos golpistas e incluso aplaude la asunción de Bolsonaro en Brasil, que no es más que la consolidación del golpe institucional, llama a los militares a poner “orden” en la situación nacional.

El gobierno de Maduro, para buscar la lealtad de la FANB en este giro, avanzó en cederle cada vez más espacio en los grandes negocios del Estado y dándole el control de grandes empresas fundamentales, llegando en el último año a entregarles el control de PDVSA, la única empresa generadora de divisas por sus exportaciones y el carácter rentístico petrolero. Los militares están no solo en el manejo de importantes empresas sino en la mayoría de dependencias del Estado que son generadoras de renta o que manejan grandes negocios como es el caso del Ministerio de Alimentación, quien tiene a su cargo todas las importaciones que el gobierno realiza en este sector.

El gobierno de Maduro no solo que está sustentado por las Fuerzas Armadas, sino que prácticamente cogobierna con las mismas, siendo éstas parte de las distintas camarillas del chavismo que sustentan el gobierno y se dividen tajadas de poder. Este rol de las FF.AA. es lo que le ha permitido al gobierno de Maduro la sobrevida en medio de esta gran catástrofe nacional.

Una armazón autoritaria que se expresa además en la existencia de grupos parapoliciales (mal llamados “colectivos”) al servicio del gobierno, armados con la venia del Estado y que cumplen el papel de amedrentar y agredir en los barrios y los lugares de trabajo a quienes se organizan para protestar. Se expresa en el encarcelamiento de dirigentes sindicales y trabajadores que lucha, y en el impedimento de cualquier elección sindical allí donde el gobierno sabe que puede perderla.

Una oposición de derecha que se apoya en el injerencismo internacional de la mano del imperialismo

La política de Maduro lleva aguas al molino no sólo de la “democracia” liberal, con su bonapartismo cada vez más reaccionario, haciendo quedar como “demócratas” a la oposición de derecha, sino también al del programa neoliberal. Al ser una política hecha en nombre de un supuesto “socialismo” y del “control del Estado” en varios ámbitos de la economía, contribuye a que ante el desespero de no conseguirse ninguna salida a la situación, cobre terreno la “alternativa” de un programa de mayor “liberalización” de la economía (liberación del dólar, de precios, más libertades al empresariado para despedir o precarizar a los trabajadores) y mayor dependencia ante el capital transnacional (más endeudamiento y “nuevas inversiones”), que es el programa sostenido claramente por la oposición de derecha.

Esta oposición de derecha no solo es heredera de los gobiernos represivos y asesinos del pasado, sino que en su enfrentamiento al chavismo no ha ahorrado en mecanismos antidemocráticos para buscar desplazarlo del poder. Fue el caso del golpe de abril de 2002, con militares y apoyo del imperialismo, donde impusieron como presidente de facto al jefe de turno de la cúpula empresarial y en 24 horas volaron de un plumazo la Asamblea Nacional de entonces (también electa por voto popular, como la actual) y los demás poderes públicos, desatando una persecución contra todo lo que oliese a chavismo o izquierda. O el nuevo intento de derrocar a Chávez mediante el paro patronal y sabotaje petrolero de 2002-2003, provocando numerosos daños en la industria petrolera nacional y reduciendo a un mínimo los ingresos del Estado por exportaciones petroleras, lo que implicó fuerte impacto, no sólo en las arcas nacionales, sino y sobre todo en las condiciones de vida de las masas en ese momento. Mostrando así los dientes un sector de la burguesía que no le importahacer sufrir al pueblo en función de sus objetivos de recobrar las riendas del Estado para interés propio.

Más en general, siempre han buscado el apoyo de la bota militar para salir de Chávez, y luego de Maduro. Así, antes del paro-sabotaje, los partidos de esta oposición y los medios de comunicación privados auparon a decenas de militares golpistas que, al ser juzgados por los hechos de abril, en plena Plaza Altamira se declararon en “desobediencia” y desconocían al gobierno, apostando durante varias semanas a generar un nuevo golpe militar. Más recientemente, y ya en medio de la catástrofe, aprovechando de hacer demagogia ante el giro autoritario del régimen, no han cesado de aupar a los militares a que sean estos los que empujen del poder a Maduro, tanto en 2017 como ahora, cuando el nuevo presidente de la AN les dice claramente a los militares que los necesitan para “hacer efectiva” la transición, es decir, la salida de Maduro.

¡Esa es la estirpe “democrática” de esta oposición! Siempre buscando impactar en las FF.AA. para incentivarla a planes golpistas. Así, como lo hemos denunciado, tienen una doble moral en la que el papel de los militares como árbitros de la situación solo es considerado negativo si sostienen a Maduro, pero sería positivo si lo usan para sacarlo y facilitar un gobierno de la derecha. Es así como apoyados se apoyan en la presión injerencista del imperialismo y la derecha regional que no descarta incluso la posibilidad de una intervención directa o militar sobre Venezuela.

Lo último ha sido el respaldo a la declaración del Grupo de Lima, un rejunte de gobiernos derechistas de la región, donde se dan cita gobiernos altamente represivos contra sus pueblos, incluso surgidos de mecanismos profundamente antidemocráticos, como el ultraderechista Bolsonaro, que solo pudo llegar a la presidencia de la mano del golpe institucional, que con el aval judicial y la presión de las FF.AA. proscribió y encarceló al candidato con más respaldo popular (Lula) y amañó las elecciones. Este es el grupo de gobiernos “democráticos” cuyo objetivo declarado es ejercer presión, de la mano de los EE.UU., para sacar de la presidencia a Maduro.

Esa declaración busca sencillamente, como señaló el canciller peruano Néstor Popolizio, “el no reconocimiento de la legitimidad del nuevo período del régimen venezolano”. Se trata de una declaración detrás de la cual están claramente los Estados Unidos, surgió tras una reunión en la que participó por video-conferencia Mike Pompeo –Secretario de Estado estadounidense–, aun cuando EE.UU. no es miembro del Grupo de Lima, y en la que tuvieron además el vasallaje de aceptar que se plasmara la defensa de sus intereses imperialistas en contra de Venezuela, al pronunciarse a favor de Guyana por la detención de un buque de la estadounidense Exxon Mobil en aguas territoriales en disputa. Así, este grupo de gobiernos y la oposición de derecha criolla, a falta de fuerza interna, se apoyan en el imperialismo gringo, el mismo que no solo “reconoce” sino que mantiene criminales alianzas con dictaduras monárquicas como la de Arabia Saudita o Estados colonialistas y asesinos como Israel. ¡Puro cinismo e hipocresía!

Así, de esta manera, la oposición de derecha quiere llevar a encandilar al movimiento de masas tras la falsa polarización de reconocer o no reconocer al gobierno de Maduro y llevarlo tras su política pro-imperialista que los catapulte a ellos al poder. Eso es todo lo que está detrás de los llamados que esta oposición de derecha, de la mano de todo el derechismo continental y del imperialismo, realiza para este 10 de enero. El pueblo trabajador no debe caer en esta nueva trampa.

¡Seguir enfrentando al gobierno de Maduro con total independencia frente a la oposición y el imperialismo!

Tanto el gobierno de Maduro como la oposición de derecha buscan colocar al pueblo en una encerrona, ambas son opciones reaccionarias, ninguno piensa en función de nuestras necesidades. Debemos luchar por una política de independencia de clase de los trabajadores.

Es cierto que, con su bonapartismo reaccionario, con sus mecanismos antidemocráticos y con unas elecciones amañadas Maduro asume un nuevo mandato perpetuándose en el gobierno mientras tiene a todo un pueblo que lo rechaza por las calamidades a las que lo ha venido sometiendo. Las altas abstenciones, las numerosas luchas de los trabajadores contra la política del gobierno y las múltiples protestas de los sectores populares ante las calamidades con el agua, el gas, la luz, etc., muestran la falta de legitimidad que, de hecho, tiene este gobierno ante las masas. Es un enfrentamiento que debe seguir y apostar a que se desarrolle y se eleve de lo reivindicativo a una perspectiva política propia de la clase trabajadora, no detrás de quienes buscan aplicar un programa en muchos aspectos similar al de Maduro.

Para muestra de las coincidencias entre el gobierno y la oposición, recordemos apenas dos cuestiones fundamentales: el pago de la deuda pública externa, donde se han ido más de 80 mil millones de dólares en los últimos años, todos directos al capital usurero internacional mientras el pueblo se ha hundido en la miseria, y la gran fuga de capitales, que ha sido una grosera transferencia de recursos de la renta petrolera pública hacia el sector privado nacional, mientras el pueblo se sume en la ruina. Por sus propios intereses de clase, ni el gobierno ni la oposición ponen en cuestión estos mecanismos, ninguno plantea parar la sangría de la deuda externa ni obligar a la repatriación de lo fugado, por eso coinciden en políticas que inevitablemente llevarán a que la bancarrota del país la sigamos pagando los de abajo.

Así, esta oposición también quiere más endeudamiento del país con el capital financiero internacional y más entrega al capital transnacional (solo que prefiereal FMI y las potencias capitalistas occidentales, mientras el gobierno lo hace con China y otros “aliados”), quiere más devaluación del bolívar y liberación total de precios. Se diferencia del gobierno en que quiere una ola de privatizaciones y dar más espacio a los empresarios en desmedro del poder económico de la actual burocracia civil y militar. Es un proyecto que tampoco se podrá sostener sin represión contra el pueblo, tal como la supieron aplicar varios de esos partidos cuando gobernaron. Por eso quieren sacar Maduro de la mano del imperialismo o de las FANB, no para poner un gobierno "democrático" sino un gobierno “fuerte”, apoyado en estas mismas FANB, para poder imponer su “salida” a la crisis con más hambre, entrega y represión.

Por eso en este enfrentamiento en el que no debemos darle tregua al gobierno, no podemos caer en la trampa de la oposición, que aprovechándose de la situación imperante hace uso de las mayores demagogias. Ahora con la diatriba “reconocer-noreconocer” al gobierno de Maduro, que no constituye más que una trampa para llevar al pueblo tras su política. Ellos buscan constituir un frente “anti Maduro” donde entran los empresarios, la derecha criolla, continental y hasta el imperialismo, frente en el que quieren incorporar a todo el pueblo trabajador y pobre que no encuentra salida en la actual situación de catástrofe. Pero si bien es cierto que estamos en una tragedia nacional sin aparente salida, la derecha no representa una mejor opción para la clase trabajadora.

La clave para que esta catastrófica situación pueda tener alguna salida progresiva y no solo estas variantes reaccionarias actuales, es si la clase obrera puede intervenir de manera independiente en la crisis. Eso aun no ocurre, y no hay en el país una referencia política por izquierda que exprese los intereses obreros y populares, no existe aún una alternativa política que movilice tras las demandas que pongan por delante los intereses de los trabajadores y el pueblo pobre contra los intereses capitalistas y de la mafia gobernante. Sin embargo, los conflictos y las protestas en las calles de los trabajadores que se multiplicaron el año pasado, y que ya en las primeras semanas de este nuevo año continúan mostrando la misma dinámica, a pesar del miedo a perder el trabajo, la represión y hasta el uso de los cuerpos parapoliciales, apuntan a una dinámica que puede favorecer esa tendencia, donde los trabajadores irrumpan en la escena con sus propias demandas.

Contra el gobierno y contra las propuestas de esta oposición, los trabajadores debemos decir: ¡Que sean los capitalistas y la burocracia estatal corrupta quienes paguen por todo este desastre económico! ¡Ellos lo crearon, ellos deben pagar! La clase trabajadora y el pueblo pobre deben decir claramente, ¡nos negamos a seguir pagando sus crisis!

La clase capitalista y sus políticos (bien del gobierno o de la oposición) pretenden “recuperar” su economía atacando como siempre nuestros intereses y condiciones de vida, los trabajadores debemos oponer un plan de emergencia económico con nuestras propias soluciones, alrededor de las cuales movilizarnos y ponernos en pie con nuestros métodos de lucha para hacer pesar nuestros intereses en esta situación.

Con Maduro y el régimen actual no hay salida, pero debe ser el pueblo trabajador quien expulse a Maduro, con sus propios métodos de lucha, no que el descontento popular sirva de base de maniobras para una operación política de la burguesía y el imperialismo. Por eso decimos categóricamente que sólo el pueblo trabajador debe ser el que eche a Maduro. Así mismo, solo un gobierno obrero y del pueblo pobre, sustentado en las organizaciones de lucha que se den las masas, y aplicando una salida obrera en ruptura con el imperialismo y los capitalistas, puede dar respuesta favorable al pueblo ante la catástrofe imperante que nos continúa hundiendo en el pantano de la miseria y las calamidades.

 
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