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La Izquierda Diario

Domingo 26 de Mayo de 2019

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CRISIS AMBIENTAL GLOBAL
La contaminación del aire relacionada con la muerte anual de 9 millones de personas en el mundo
Jaime Castán

Un nuevo estudio ha revisado las estimaciones de las muertes causadas por este grave problema ambiental. Sólo en Europa mueren 800.000 personas al año.

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Un estudio publicado por el European Heart Journal ha concluido que las consecuencias para la salud generadas por la contaminación del aire han sido subestimadas, a partir de los análisis de los datos recogidos durante el año 2015. La investigación desarrollada por el Instituto Max-Plank de Química y la Universidad Médica de Mainz (ambos en Alemania), en colaboración con el Cyprus Institute Nicosia (Chipre), ha planteado un nuevo método de modelización de los efectos de diversas fuentes de contaminación sobre las tasas de mortalidad. El estudio ha prestado especial atención a los niveles de polución de finas partículas conocidas como materia particulada o PM2.5, que tienen un diámetro menor o igual a 2,5 micrones.

Previamente, los informes de la OMS o de la Agencia Europea de Medio Ambiente ya advertían de los peligros de la contaminación del aire, cifrando en alrededor de 4,2 millones el número de muertes prematuras en el mundo a causa de este problema, 422.000 de ellas en Europa. Sin embargo, este nuevo estudio duplica esa cifra, situándola en 8,8 millones a escala mundial y 790.000 en el marco europeo. El problema adquiere una dimensión mucho mayor y ya parece superar al tabaquismo como causa de mortalidad, que estaría relacionado con la muerte de 7,2 millones de personas al año.

Otro elemento interesante que ha destacado el estudio es que la contaminación del aire no sólo afectaría a las personas por medio de enfermedades respiratorias, sino también de enfermedades cardiovasculares. En la Unión Europea entre el 15 y el 28% del total de muertes producidas por problemas cardiovasculares sería consecuencia de este problema ambiental, según el informe.

Capitalismo y crisis ecológica: un callejón sin salida

La degradación del ambiente se presenta cada vez más como uno de los principales problemas que afronta hoy la humanidad a escala global, algo que confirman informes como el que hacemos referencia.

El auge del “ecologismo” y el activismo ambiental es expresión de una creciente toma de conciencia ante esta situación, sobre todo sectores de la juventud que perciben como se le está dejando un mundo en el que cada vez será más difícil vivir. Este estudio ve la luz en un contexto en el que los “viernes verdes”, un movimiento contra el cambio climático y fuerte participación estudiantil, comienzan a extenderse en Europa y otros países del globo. Y también en el Estado español. Coincidiendo con una convocatoria mundial, el 15 de marzo tendrá lugar una huelga estudiantil a la que ya se han sumado varias ciudades del Estado.

Ante esta situación de crisis ecológica, parece ser que hay unanimidad en reconocer la gravedad del problema, salvo quizá en grupos negacionistas de extrema derecha; ahora bien, las recetas que se proponen desde los organismos gubernamentales e internacionales no están a la altura. El capitalismo demuestra día a día su incapacidad para llevar a cabo un “desarrollo sostenible”, envuelto en una situación de estancamiento económico. La lógica de la “anarquía” capitalista es cortoplacista, movida por la sed de ganancias a cualquier costo y esencialmente ecodestructiva.

Lejos de las “buenas intenciones” del llamado “capitalismo verde” -un nuevo nicho de valorización del capital que se ha desarrollado de la mano de nuevas industrias “verdes”-, en la práctica observamos que ni siquiera se cumplen los acuerdos mínimos, ya de por sí insuficientes, que se establecen en las cumbres internacionales como las climáticas.

Por si fuera poco, los Estados capitalistas tratan de cargar el problema en las espaldas de la clase trabajadora y de los sectores populares, queriendo hacernos pagar los costes de las “transiciones ecológicas”. Un parche insuficiente, sostenido en la extensión de la precariedad laboral, incapaz de apuntar a la raíz de los problemas: la pretensión capitalista de acumular ganancias infinitamente en un medio finito. Así el capital termina arrastrando consigo a la sociedad en un espiral de ajustes, recortes, quiebras, despidos, guerras por recursos, expolios, etc.

Si la contaminación del aire generada principalmente por la quema de combustibles fósiles exige la transformación del modelo energético e industrial a escala planetaria, esta es una cuestión que el capitalismo no puede resolver. Los planes más “ambiciosos” de reconversión a las renovables que se proponen dentro de los marcos del sistema actual de relaciones sociales no son capaces de sostener la necesidad de crecimiento constante que necesita el capital en el proceso de valorización. El “capitalismo verde” es un callejón sin salida.

Por un programa anticapitalista y revolucionario ante la crisis ambiental global

Aislar el problema del ambiente como si fuera un factor que puede resolverse sin alterar las lógicas estructurales en las que se mueve el propio sistema es una quimera. La lucha contra la crisis ecológica es inseparable de la lucha contra el capitalismo.

La crisis ecológica, el auge de la extrema derecha, la obscena desigualdad social, la pobreza endémica, la precarización del trabajo y de la vida, las múltiples violencias contra las mujeres y las minorías en todo el mundo, son síntomas de un mismo problema: el capitalismo.

En lo inmediato, plantar cara a esta situación implica exigir a las direcciones sindicales burocráticas que rompan con su pasividad y convoquen a la lucha incorporando demandas de carácter ambiental y sanitario, como el reconocimiento total de las enfermedades profesionales relacionadas con la contaminación, o la exigencia a las empresas del cambio en los métodos de producción para que no sean dañinos para la salud y el ambiente, y si se niegan a hacerlo que esta sean nacionalizadas bajo control obrero.

La única perspectiva realista para enfrentar y resolver todos estos problemas es desplegando una estrategia anticapitalista y revolucionaria, que unifique la lucha de los movimientos ecologistas, de mujeres, de las personas LGTBI, de las migrantes, bajo la hegemonía de una política independiente de clase; una política de la mayoría de la población trabajadora mundial, que luche por “expropiar a los expropiadores” que luche por gobiernos de la clase trabajadora, donde se decida democráticamente qué tipo de modelo energético y económico es necesario, liberándonos del despilfarro de recursos y de la concentración de la riqueza a cualquier coste. Es decir, una perspectiva socialista.

 
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