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NEGOCIACIONES INVESTIDURA
Felipe VI acaba la ronda de consultas e inicia el “borboneo”
Santiago Lupe | @SantiagoLupeBCN

Iglesias trata de lograr la bendición de Felipe VI a su proyecto de cogobierno. Sánchez espera que le ayude a conseguir una mayoría sin independentistas. La democracia del “señor al que nadie ha votado” funciona.

Foto: EFE - Chema Moya

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Que la del 78 es una democracia de “baja intensidad”, por ser suaves, ha vuelto a tener una demostración icónica. Uno a uno, con la excepción de ERC y EH-Bildu, los representantes de las fuerzas políticas electas el pasado 28A han pasado por Zarzuela a rendirle pleitesía a Su Majestad. Hasta JxCat, con su portavoz Laura Borràs, ha acudido a palacio para entregarle una carta de Jordi Sánchez y el Informe de la ONU contra el juicio del procés. El enésimo gesto del procesismo -esta vez en su versión convergente- de rogar una vía de retorno a la normalidad autonómica que ni el Rey ni el Régimen están dispuestos a abrir.

Esta ronda de audiencias no es un mero gesto protocolario. Podía ser así en los años dorados del bipartidismo, cuando la investidura era mero trámite. Pero ahora, con un mapa de partidos fragmentado y la cuestión territorial plenamente vigente, el Rey pone en acción el papel de árbitro y parte que la Constitución del 78 le reserva.

Este “señor al que no ha votado nadie y que habla de democracia”, como calificaba la revista El Jueves tras su discurso del 3 de octubre, juega pues un papel clave en las negociaciones para la formación del próximo gobierno. El Borbón se dedica a lo que mejor sabe hacer, borbonear. Según el Diccionario Abierto del Español – porque en el de la RAE no aparece, antes que Academia Española es sobre todo Real- se trata de “querer, el rey, tomar decisiones de carácter político que afecten a cualquier aspecto de la vida de los españoles”. Así de democrático es todo en el Régimen “made in” Transición.

Podemos busca la bendición de Su Majestad al gobierno de coalición

Este papel hace que todo proyecto que descarte un choque con dicho régimen político tiene que asumir, en primer lugar, la Corona y su papel bonapartista para ser viable. Así lo aprendió Santiago Carrillo, que pasó de calificar a Juan Carlos I como “el breve” en noviembre de 1975, a realizar la primera rueda de prensa del PCE en la legalidad con la bandera monárquica de fondo en abril de 1977. También lo supo Pablo Iglesias cuando emergió Podemos. Tras las europeas de ahora 5 años y la casi inmediata abdicación del Rey cazaelefantes, salió presto a decir que aunque a él le gustaría que el Jefe de Estado se pudiera votar, en ningún caso cuestionar la Corona estaba en la agenda de su formación.

La pleitesía siguió con Felipe VI. Todos recordamos su primer encuentro y el obsequio de Juego de Tronos. Sin embargo, ni el regalo de garantizar una sucesión del trono tranquila ni el de las seis primeras temporadas de la popular serie, sirvieron para ganarse el favor de Su Majestad. Cuando en 2016 Sánchez quiso intentar su investidura con el apoyo de Podemos y los independentistas, el Rey fue parte de la política entre bambalinas para evitarlo. La rebelión del aparato del PSOE que defenestró a Sánchez y la posterior abstención de este partido en la investidura de Rajoy fue saludada explícitamente por Felipe VI en su discurso de inauguración de la XII Legislatura.

La conclusión de Iglesias no fue que su tibio programa de regeneración democrática no sería posible sin la bendición de Zarzuela y que por tanto habría que incorporar la cuestión de la forma de Estado en la agenda, acabar con este tutelaje y vasallaje casi medieval. Al contrario, redoblo su pleitesía y su integración. Negó el apoyo a la principal afrenta que ha sufrido la institución hasta ahora, el 1 de octubre, dejó pasar el discurso del 3 de otubre en que legitimaba el posterior golpe del 155 y la represión y hasta los escádalos de Corinna sobre el Rey Emérito. En ninguno de esos momentos Podemos levantó siquiera la elemental demanda de un referéndum para decidir entre monarquía o república.

En esta carrera de genuflexión ante el Soberano solo se detuvo Iglesias a finales del otoño pasado, pero más bien para tomar aliento. En un pico de fiebre republicana producto de la existencia de un importante movimiento de consultas en universidades y barrios llegó a pronunciar la palabra “república” y hasta verla como una posible situación si la monarquía ya no era útil. Unas declaraciones y un artículo de opinión del que nadie se acuerda, el primero él, y que como ya señalé en su momento eran más bien una mano estendida a Felipe VI para que volviera a jugar más un rol de árbitro y no quedara tan pegado al bloque PP, Cs, Judicatura y demás 155ístas hiperventilados.

Hoy hemos visto a Iglesias asistir como uno más a la ronda. Ha explicado durante una hora su propuesta de gobierno de coalición con el PSOE y como su formación es hoy una garantía de orden y estabilidad. Quien vino hablando de impugnar el Régimen del 78 hoy ha dedicado la audiencia con el Rey para lograr su aprobación a que le dejen colaborar en su apuntalamiento.

El PSOE ya ha logrado despejar todas las dudas: tan monárquico y españolísimo como el trifachito

Hay que reconocer que tanto Podemos como el PSOE le dieron un cierto “disgusto” a Su Majestad hace ahora un año con la moción de censura. El apoyo de los independentistas a la misma pudo parecer que era un cuestionamiento a la hoja de ruta signada desde Zarzuela: reprimir, castigar y aplastar, y si no se puede “ulsterizar”, Catalunya. Pero el espejismo, que también compró la dirección procesista, duró poco. Sánchez dejó hacer a la Fiscalía que compite con Vox en el banquillo de la acusación por ver quien demuestra mejor la rebelión, y por si acaso hace falta un plan B, usó a la Abogacía del Estado para acusar a los presos políticos por sedición, con penas por encima de los 16 años o encausar a heridos del 1-O.

Ante esta continuidad de la represión ¿Qué dice su posible socio Podemos? Nada. Ni siquiera estuvieron presentes en la manifestación por la libertad de los presos políticos de Madrid el 16 de marzo. O aún peor, se suman al blanqueo del juicio político del Supremo presentándolo como un proceso limpio e independiente, tal y como dijo Iglesias en el debate de las generales.

Hace un año Felipe VI quedaba totalmente identificado con la restauración reaccionaria que se inauguró con el 155. Hoy la Corona vuelve a abrir el juego, y la apuesta de un gobierno del PSOE, e incluso con la participación de Podemos puede no ser motivo de alegría en Zarzuela pero tampoco de alarma. Su Majestad bien podría ayudarles a que encontraran los apoyos necesarios en formaciones constitucionalistas como la derecha canaria o navarra. Y que en lo fundamental este gobierno seguirá gobernando para el IBEX35 -como ha hecho el PSOE en toda su historia-, será implacable con el independentismo -con la ayuda de la Judicatura- y leal a la Corona, está fuera de discusión.

Esto no quita para que desde palacio se siga mimando a las tres derechas. No obstante entre el PP, el PSOE y Vox, se llevaron el 71,3% del distrito de Zarzuela, con el partido de Abascal a la cabeza. Los chicos del búnker seguirán contando con la simpatía de Su Majestad y no dejará de darles aire entre bambalinas como garantía de recambio y de que el PSOE y Podemos seguirán “portándose bien”.

A pesar de que la casta política, la vieja y también los recién llegados, seguirán reconociendo y legitimando tan reaccionaria y antidemocrática institución, difícilmente esta podrá recuperarse del desprestigio acumulado. No solo por los escándalos del Emérito, también porque, como pasó con la crisis de Catalunya -que ya es un territorio perdido para la Corona- Felipe VI está llamado a jugar un rol cada vez más activo en las operaciones de apuntalamiento de un régimen que, aunque goce de una cierta reestabilización coyuntural, no ha resuelto ni una sola de las demandas sociales y democráticas que llevaron a su cuestionamiento.

Como muestra están las consultas sobre monarquí o república, que después de lograr la participación de más de 100.000 personas en barrio y una treintena de universidades -entre ellas la mayoría de los grandes campus- este 22 de junio tendrán una nueva edición en Madrid. Luchar contra esta reaccionaria institución y el régimen que preside, seguirá siendo una pieza fundamental por conseguir imponer demandas democráticas como el derecho a decidir, el fín de la democracia para ricos en que vivimos y un programa social que resuelva los grandes problemas de vivienda, paro, pobreza... sobre los intereses de los grandes capitalistas.

 
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