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EMPRESAS Y UNIVERSIDAD
Ni ecológico ni sostenible: así es el nuevo minibús de la UAM
Irene Olano | Madrid

Los acuerdos de la universidad con las empresas, por más que se vistan de “verde” solo garantizan sus propias ganancias.

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Hace unos días conocimos que la Universidad Autónoma de Madrid, en colaboración con la empresa privada ALSA, el Consorcio Regional de Transportes y la DGT, había iniciado un proyecto para utilizar el campus como laboratorio para un nuevo modelo de minibús autónomo (esto es, que no requiere conductor). La noticia no dejó indiferente a nadie: frente a las declaraciones del rector, Rafael Garesse, del vicepresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio Aguado, y del consejero delegado de ALSA, Francisco Iglesias, en las que aplaudían la colaboración entre las empresas privadas y la universidad pública, muchas estudiantes dudaban de su utilidad y de su supuesto carácter ecológico. Otros manifestamos nuestro malestar ante lo que consideramos una injerencia más de la empresa privada en la universidad y tuvimos que señalar lo evidente: la inutilidad de tener un vehículo que se traslada a 20km/hora y cubre un recorrido de menos de 4 kilómetros que siempre se ha hecho andando.

Quisimos saber más de los pormenores del proyecto, por lo que nos pusimos en contacto con Santiago Atrio, vicerrector de Campus y Sostenibilidad, para que nos contara en qué iba a consistir concretamente la iniciativa. La primera sorpresa vino cuando hablamos de su principal objetivo: “ayudar a evitar accidentes de tráfico” en palabras del señor Atrio, lo que, de entrada, no encaja con la publicidad “eco” que se le está dando al proyecto.

Cuando le preguntamos el porqué del carácter autónomo del autobús, el señor Atrio afirmó que “él no entraba en si el minibús era siquiera sostenible o no” porque ese no era su principal cometido. Sin embargo, tras un análisis bastante más concienzudo en materia de impacto ecológico que el que parece haber hecho el rectorado, un artículo de Ecologistas en Acción de septiembre afirmaba que todo apunta a que la generalización de este tipo de vehículos (eléctricos y autónomos) supondrá un incremento considerable de contaminación electromagnética por su uso de tecnologías como las del 5G. Esta tecnología, como declaró la periodista y escritora Marta Peirano, experta en seguridad en la red, en una entrevista “es una necesidad creada para la explotación de datos. Su objetivo no es el bien común sino tener un control absoluto de lo que ocurre”.

Precisamente le preguntamos al vicerrector cómo encaja el fomento de una tecnología como la del 5G (que lejos de requerir menos energía, dispara su uso) con los objetivos de reducción y sostenibilidad, ante lo cual nos insiste en que no está previsto que este vehículo haga uso de tecnologías semejantes, aunque sí lleve instalada esa posibilidad, y añade que “ni siquiera está seguro de que haya eso del 5G en la Autónoma”.

Y no es lo único de lo que niega tener conocimiento: en Izquierda Diario hemos denunciado ya que la UAM oferta títulos en colaboración con algunas empresas conocidas por ser de grandes contaminantes, como Ercros —empresa responsable del desastre en el pantano de Flix en el que se virtieron 700.000 Toneladas de residuos tóxicos— o Acciona —responsable del accidente de Seveso en 1976—.

Finalmente, cuando le preguntamos si la Universidad se plantea dejar de trabajar con empresas abiertamente nocivas para el medioambiente, responde que desconoce el impacto ambiental de esas empresas y que ese tipo de cosas las lleva otro vicerrectorado.

Tras la entrevista en rectorado, lo que nos queda claro es que la Universidad Autónoma vuelve a demostrar estar al servicio del capital y actúa como si “sostenibilidad” fuera una etiqueta de quita y pon que pudiera otorgarse al mejor postor (en este caso, un minibús que ni se pretende sostenible). Y cuando no hay mejor postor, ni siquiera se molestan en disimular que tienen un plan: Santiago Atrio nos acepta que, pese a que la Universidad tiene unos enormes problemas de movilidad, no existen proyectos dirigidos a mejorar la entrada y salida del campus.

Con relación a este problema, actualmente, las pocas líneas de autobuses que llegan a Cantoblanco están totalmente colapsadas, así como la única línea de Cercanías que lo comunica con el resto de la ciudad. El carril bici está enormemente descuidado, llegando a tener un tramo de 500 metros en el que los ciclistas han de circular por una carretera en sentido contrario al de la circulación de los vehículos.

Pero ¿de verdad sólo podemos esperar a que este rectorado regale el campus a una empresa para que ésta lo utilice a su antojo para mantener una imagen “verde”? ¿Por qué no existe ningún plan de sostenibilidad realista en la universidad? Seguramente por el mismo motivo por el que en el vicerrectorado se ponen muy nerviosos cuando les pedimos explicaciones por sus tratos con empresas altamente contaminantes. Porque el modelo de universidad-empresa que ha impuesto el capitalismo neoliberal no entiende de planes integrales de sostenibilidad. Cualquier avance en la buena dirección en términos sociales y climáticos es un retroceso para los intereses de las empresas que tanto esfuerzo ponen por tener la universidad controlada. Algo que se garantizan sentándose en el Consejo Social, su órgano máximo de decisión y precarizando a sus estudiantes con sus prácticas fraudulentas.

 
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