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TRIBUNA ABIERTA
Abran las fronteras
Eduardo Nabal | Burgos | @eduardonabal

La derecha en el poder o en la oposición (Marlaska, PP, Vox, Macron) intenta captar a un sector del movimiento LGTB para su cruzada racista y anti inmigración bajo el presupuesto eurocéntrico de la homofobia inherente a determinadas culturas “de origen”.

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Pero otro sector, aún más amplio, de esta “comunidad” (que es todo menos uniforme) no es solo ya multicultural de por sí (como hemos podido ver en las manifestaciones y contra manifestaciones, por ejemplo, en el pasado Pride de Londres) sino que es capaz de vincular -sea de forma consciente o no- la causa de las dicotomías sexo/género como la de otro tipo de bordes y fronteras reales y simbólicas que se inscriben y reinscriben sobre sus cuerpos, sus nombres, sus carnets de identidad, sus identidades mismas.

Aunque pueda parecer algo forzado, en los tiempos de Trump, Putin y la Europa que no quiere saber nada de los refugiados o migrantes, se pone en evidencia que los discursos reaccionarios no solo quieren racializar la otredad, cerrar las fronteras geográficas, elevar los pestillos (estilo Marlaska o Trump) sino también esencializar los géneros, remarcar los binarismos, no solo expulsando a las trans del ejército o de los antiguos feminismos y sus tristes grupos sino solo concediendo los derechos que mantienen a la llamada “comunidad LGTB” en sus espacios acotados, recortados pero eliminándolos mediante la violencia o los recortes del espacio público plural y no sumiso.

Y es aquí donde algunas izquierdas y derechas están fracasando por igual en un sentido y en otro. Ya que los discursos interseccionales, a pesar de sus dificultades iniciales para articularse dentro de los grupos anti racistas o los discursos anti racistas dentro de algunos grupos LGTB, son un elemento de multiplicidad y diversidad sexual y racial, imparable por su proliferación, como hemos podido ver, sin ir más lejos en el Orgullo Indignado de Madrid, en las manifestaciones contra el Pinkwashing [1] de Israel o contra las fronteras del Pride de Londres.

El “Orgullo Indignado” nunca ha interesado al colectivo LGTB que dice representar “Podemos”, un partido que se aferra a una pancarta común y poco veraz en busca de altos cargos. Encasillados por fuerzas sociales caducas y coercitivas como hombres o mujeres o como homos o heteros con igual violencia y teniendo que transitar hacia un lugar “no otorgado” parece lógica nuestra visión clara y meridiana del carácter culturalmente construido de las fronteras geopolíticas y los discursos supremacistas que las sustentan.

Fugitivas del género, refugiadas del heteroterrorismo, luchamos contra el asimilacionismo de carácter racista, contra las vallas de sexo/género y también contra las fronteras hacia personas que vienen de otros países buscando cobijo y se encuentran feroces cancerberos a las puertas de la Europa derechizada, diezmada, cobarde y atravesada por discursos racistas, homófobos, islamófobos, neoliberales y transfóbicos que se unen como nosotras debemos unirnos en una causa común contra sus bordes y sus fronteras, sus cartas de inmigración, sus protocolos médicos y sus presunciones eurocéntricas y heterocentradas.

El concepto mismo de “derechos humanos” ha quedado en entredicho cuando las instituciones encargadas de garantizarlos se pliegan a los intereses macroeconómicos. Unos cuerpos importan más que otros, hay grandes categorías de exclusión aplaudidas hoy por una Europa amenazada por los peores fantasmas del pasado.

 
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