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PROPUESTA GOVERN DE LA CUP
La CUP profundiza su política de mano extendida y unidad nacional
Santiago Lupe | @SantiagoLupeBCN

La CUP hizo pública su propuesta a JxSí para la formación de un gobierno de transición hacia una república catalana. Ruptura democrática, proceso constituyente y plan de choque social serán sus ejes. Una profundización de la mano extendida hacia los representantes políticos de la burguesía catalana.

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Foto EFE

Hace una semana la CUP decidió que no realizaría ninguna declaración pública más sobre sus propuestas de cara al nuevo govern y la investidura de president. Silencio a la espera de concluir su debate interno. Ayer a las 19 horas el salón de actos de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona estaba a rebosar para escuchar sus conclusiones.

Seis diputados electos de la CUP fueron desgranando su propuesta para las negociaciones de los próximos días con JxSí. Aclararon que en ellas pondrían el acento en el cómo, cuando y qué república catalana quieren ayudar a fundar, y no en cual debería ser el nombre del futuro president.

Anna Gabriel abrió definiendo su propuesta como una “propuesta al país”. Aprovechó para criticar las presiones recibidas en los días posteriores a las elecciones. Tanto las venidas desde medios de Madrid que señalaban a la CUP como un problema para el proceso, algo que tachó de “tontería”. Como las recibidas desde muchos medios catalanes que en su opinión habían mentido sobre muchas cosas que la CUP “ni ha dicho, ni ha hecho, ni hará”.

Gabriel remarcó que la CUP está dispuesta a dialogar no sobre un gobierno autonómico sino sobre un gobierno transicional hacia la república catalana. Su propuesta para dicho gobierno tendría tres ejes: ruptura democrática, proceso constituyente y un plan de choque social.

Le siguió Albert Botrán que hizo un repaso de “memoria” sobre el movimiento por la independencia y la “activación popular” de los últimos años expresada en las mareas, plataformas y otros movimientos sociales. Defendió que el “movimiento popular” tenía que ser una pieza fundamental en la consecución de la independencia y ofreció a JxSí la misma generosidad que la CUP ha mantenido durante estos tres años.

Benet Salellas explicó que la CUP está abierta a negociar el cuando y el cómo se llevaría la ruptura democrática. Pero planteó algunas medidas inmediatas para sellar un compromiso con ésta, como la desobediencia a las sentencias del Tribunal Constitucional, la Ley Wert o la Ley Mordaza.

A continuación Eulalia Reguant expuso la propuesta de plan de choque. Enumeró varios ejes “de mínimos” como la atención a los sectores más vulnerables y golpeados por la crisis, una moratoria de desahucios, la revisión de 10 grandes procesos de privatización y otras medidas como impulsar una renta básica o garantizar energía, educación y sanidad a todo el mundo. Un programa muy por debajo del de la CUP, como la misma Regunat reconoció. Pareció similar al que en enero propuso Syriza en Grecia, conocido como el Programa de Tsalónica. El mismo al que terminó renunciando, entre otras cosas por la renuncia previa a un punto clave que también desaparece de los “mínimos” de la CUP: el no pago de la deuda.

Antonio Baños explicó la propuesta de proceso constituyente. Por un lado el nuevo parlament se debería transformar en una asamblea constituyente. Por otro se deberían crear nuevas instituciones locales, culturales y laborales como espacios de deliberación y decisión. Este proceso “democrático y participativo” sería la única garantía de que el nuevo Estado fuese “popular y democrático radical”.

Por último Manel Busqueta cerró el acto remarcando que no aceptarán ningún pacto entre élites que defraude las aspiraciones mayoritarias contra el marco constitucional y las políticas dictadas por la Troika. Defendió que el contenido social de la nueva república catalana sería una condición para ampliar la base popular en favor de la independencia entre aquellos sectores que hasta hoy lo ven como un proceso ambiguo y ligado a representantes de la corrupción y los recortes.

Busqueta fue el que más se metió, sin entrar, en la cuestión del quien deberá dirigir este proceso. Reconoció que la CUP ”solos no somos nada” y apeló a que la república debía ser obra de la “nación entera”. Aclaró que ellos no pretende acceder al govern y que es JxSí quien puede y debe conformarlo. Y terminó reconociendo que dentro de la lista ganadora hay figuras muy válidas para poder representar un gobierno con los ejes y el espíritu que estaban proponiendo.

Poco o nada transcendió del debate interno de estos días. Solamente se dieron a conocer sus conclusiones y al parecer la línea de gobierno de concentración planteada en la campaña es ya la postura oficial. La CUP profundiza en la actual situación su política de mano extendida llevada adelante desde 2012.

Seguramente muchos de las apelaciones a la movilización social, las clases populares o el cambiarlo todo cayeron muy bien entre los muchos votantes de la CUP que la apoyan desde una perspectiva anticapitalista. Pero ayer los diputados electos presentaron una propuesta cuyo contenido se aleja en la práctica de sus declaraciones más radicales.

La CUP dejó claro que no ven otra opción que la formación de un govern de JxSí. El guiño a las personas validas de Busqueta fue una referencia clara a que apuestan porque algún independiente de esa lista encabece el gobierno. La CUP se limitaría así a apoyarlo detrás de una nueva hoja de ruta -su propuesta o ésta negociada- que dejarán en manos de los representantes políticos de la burguesía catalana.

Una propuesta que cuanto menos permite plantear algunos interrogantes ¿De verdad pueden creer que los defensores de los intereses de las grandes familias y empresas aplicaran un plan de choque como el que proponen aunque lo firmen en un papel? Las lecciones griegas parecen que no son tenidas en cuenta. A la derecha neoliberal catalana no le va temblar el pulso para encontrar razones y excusas para suspender esa agenda detrás del “no hay alternativa”. Lo ha hecho Tsipras, el principal referente de la izquierda reformista europea ¿Cómo no lo van a hacer los compañeros de Mas y Junqueras?

Pero lo mismo ocurrirá con la ruptura con el Estado español o la apertura de un proceso constituyente “democrático y participativo” donde se pueda cambiar todo. Lo primero no es algo que se pueda decretar desde un parlament. Se necesitan fuerzas materiales para lograrlo y éstas sólo están en la movilización social para tumbar el régimen político actual. ¿De verdad la CUP espera que los dirigentes de CDC y ERC apelen a ella? ¿Consideran posible que por el bien del proceso aceptarán que en los barrios, centros de trabajo y municipios se pueda discutir por ejemplo si expropiamos a los grandes propietarios de vivienda vacía?

Dos son los principales problemas de la propuesta presentada por la CUP. El primero que deposita la realización de un programa democrático radical y de amplia reforma social -y digo reforma porque no hay ni atisbo de propuestas anticapitalistas en pro de conseguir la unidad de “la nación entera”- en un acuerdo con los representantes políticos de una clase -la burguesía catalana- que nunca estará dispuesta a llevarlo adelante. No por ninguna razón psicológica sino de hondas raíces sociales. Va en contra de sus intereses como clase.

El segundo es que esta confianza y apuesta por la alianza de clases deja la puerta abierta a un acuerdo recubierto de palabras y promesas -incluso con compromisos y calendarios claros- que esta clase social no tendrá problema en incumplir. Cosas mucho peores tienen en su historial sus antecesores políticos, tanto los Cambó -financiador del golpe de Franco- como los Companys -sepulturero de la revolución obrera de 1936-. Salvando las enormes distancias, la CUP habrá jugado el papel de muleta útil en momentos críticos que en otra época jugaron los dirigentes de la CNT con la burguesía catalanista.

Los próximos días se prometen intensos. Esperemos que a la vez que asistimos a las discusiones de las negociaciones puedan surgir también otras voces dentro de la izquierda independentista y anticapitalista catalana que planteen una alternativa a esta deriva de cada vez más abierta colaboración de clases. Una alternativa que se proponga romper con la lógica de “unidad nacional” y plantee una hoja de ruta basada en imponer desde la movilización social con los trabajadores al frente, tanto los derechos democráticos del pueblo catalán como un programa verdaderamente anticapitalista. Una hoja de ruta que busque las alianzas con la clase trabajadora y el resto de sectores populares del Estado y defina con contundencia que con la burguesía catalana es imposible tanto la liberación nacional como la emancipación social.

 
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