Juventud

MOVIMIENTO ESTUDIANTIL

37.000 estudiantes expulsados de la universidad

En estas semanas ha arrancado el curso universitario en todo el Estado. Un buen momento para examinar cual es el Estado de la universidad pública después de años de ofensiva privatizadora y elitizadora.

Pere Ametller

@pereametller

Sábado 3 de octubre de 2015

Foto: EFE

Menos inversión, menos becas y más tasas

La subida de las tasas de 2012 en un 66% en Catalunya -y en igual o menor medida en las otras comunidades autónomas- no deja de afectar a los universitarios provenientes de familias más humildes.

La financiación de la universidad ha pasado de los 10.118 millones de euros en 2010 a los 8.734 actuales. Estas circunstancias se dan al mismo tiempo que se mantienen las desorbitadas tasas de paro del 22% y 48% de paro juvenil.

Cada vez más jóvenes están obligados a trabajar mientras estudian. Aquellos que no acceden a un empleo o sólo a un mini-job basura muchas veces deben dejar la carrera. En otros casos el modelo Bolonia impone la bajada del rendimiento en los estudiantes que no pueden serlo a tiempo completo, lo que lleva a perder la beca. Recordemos que se exige un 6,5 de nota media para mantenerla. También abundan los casos en que directamente muchos han de abandonar los estudios para aportar dinero a su casa.

En 2012 se intentó vender la farsa que el aumento de las tasas iría acompañado de un aumento de las becas. Nada más lejos de la realidad. El número de estudiantes que reciben beca ha pasado de 793.949 en 2011 a 757.027, pasando de 1.618 a 1.410 los millones de euros destinados. Una disminución de 300 euros de media.
La consecuencia más dramática es la expulsión de la universidad de miles de estudiantes. Las universidades públicas han registrado un descenso de 77.000 estudiantes desde el 2011, 37.000 este curso.

Una universidad al servicio de las empresas

Además al proceso de elitización de la universidad iniciado con el plan Bolonia se le esta sumando gradualmente la aplicación de la Estrategia 2015. Este plan consiste en la entrada progresiva del sector privado en la universidad. Haciendo que las grandes empresas financien aquellos proyectos que les interesen. Además las universidades entran en competencia entre ellas para conseguir una mejor financiación pública.
Así se pretende crear unas universidades de primera categoría y otras de segunda. De hecho este es un proceso ya iniciado por CiU en Cataluntya con la creación de la Universitat Pompeu Fabra. Con este plan de mercantilización las humanidades están condenadas a desparecer de la universidad.

Una generación condenada a un futuro negro

Todo esto no hace más oscurecer aún más el futuro de millones de jóvenes que llevamos desde el 2008 siendo uno de los sectores más golpeados por la crisis. La falta de trabajo afecta mucho más a aquellos jóvenes sin estudios superiores, reproduciendo y perpetuando las desigualdades sociales.

La exclusión de la enseñanza de miles de jóvenes persigue seguir garantizando una mano de obra bien barata y explotable. La llamada “recuperación” del capitalismo español se pretende basar en incrementar las tasas de precariedad. El sistema educativo y la universidad se adaptan a estas “necesidades”,
También muchos jóvenes se ven obligados a emigrar. Se calcula que han sido ya 300 mil entre 2008 y 2011. Grupos como Podemos usan el término “exiliados” en vez del de “emigrantes”, para diferenciarlos de los inmigrantes que llegan a España y al resto de Europa. Un término que no deja de tener un tufillo de “clasismo de baja intensidad”. Se incide en que estamos viviendo “una fuga de cerebros” que el Estado español no puede retener. Oculta que los miles de jóvenes sin estudios que han tenido que emigrar a Alemania a realizar en su mayoría los trabajos más precarios. El imperialismo alemán hace con muchos de estos jóvenes lo mismo que el español práctica con los trabajadores inmigrantes.

Los jóvenes debemos decir basta

Esta dramática situación hace que sea urgente retomar la lucha por una universidad pública y de calidad al servicio de los hijos de los trabajadores y no de los beneficios de los capitalistas. Una universidad que a la vez sea crítica con el actual sistema capitalista. Una universidad gratuita y con becas salario que garanticen que todos puedan estudiar.

En esta pelea deberemos forjar la unión de las luchas estudiantiles con la de los trabajadores, así como la unión de los trabajadores precarios con aquellos que aún mantienen una cierta estabilidad y derechos laborales. Actuar unidos es la única vía para golpear y hacer ver la fuerza que tenemos. La parcelación de las luchas laborales y estudiantiles crea la ficción de que nuestros intereses no son los mismos, que cada uno debe luchar de modo corporativo por su lado. No hay posibilidades de acabar con los ajustes contra la educación, el paro y la precariedad sin que los obreros y los estudiantes ataquemos los intereses de los capitalistas.






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