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80 días de huelga en el Guggenheim: el museo de la precariedad y la brecha salarial

Ochenta días de huelga de la plantilla de la limpieza del museo bilbaíno: “Los baños del Guggenheim también se limpian con brecha salarial”, dicen en un comunicado las trabajadoras en lucha contra la precariedad.

Cynthia Luz Burgueño

Barcelona | @LubCynthia

Lunes 30 de agosto | 18:03

Fotos: cuenta twitter de las trabajadoras en huelga @LimpiezaGuggen1

Las reivindicaciones apuntan contra la precariedad y explotación laboral, la brecha salarial, contra las jornadas parciales y cargas de trabajo excesivas, en una plantilla representada mayoritariamente por mujeres.

Durante estos ochenta días de huelga, que comenzó el 11 de junio y continuó en plena temporada de vacaciones veraniegas, las trabajadoras tuvieron que enfrentar coacciones de parte de la patronal del Guggenheim, “En el momento que dijimos que salíamos a la huelga, nos han amenazado con perder los puestos de trabajo, nos han increpado, han vulnerado nuestro derecho a huelga”, nos explica Carmen Casas, delegada sindical del sindicato ELA, que apoya la huelga y da sostén con su caja de resistencia.

Por su parte, en su web ELA explica que “un museo no solo se sustenta en estructuras de acero y titanio, con proyectos megalómanos y campañas de donaciones. El museo lo sostienen sus trabajadoras y trabajadores. La dirección del Guggenheim de Bilbao, junto con el Gobierno Vasco, el Ayuntamiento de Bilbao y la Diputación de Bizkaia que son miembros del patronato y la ejecutiva (con el lehendakari presidiendo el patronato y el diputado general presidiendo la ejecutiva), llevan años descuidando y maltratando esos cimientos, especialmente mediante la subcontratación.”

Es decir, más de veinte años subcontratando los servicios de limpieza y mantenimiento con la empresa adjudicataria Ferrovial, que se niega a escuchar las reivindicaciones de las trabajadoras: “Hemos tenido sólo cuatro reuniones con Ferrovial y con el museo para intentar acercar nuestras propuestas. Pero en todas las reuniones han dicho que es excesivo lo que pedimos”, detalla Carmen.

“Los baños del Guggenheim también se limpian con brecha salarial”

Una plantilla altamente feminizada, como no podría ser de otra manera en tareas esenciales como la limpieza, las reivindicaciones están cruzadas por los problemas que atraviesan la mayoría de las mujeres trabajadoras en los trabajos más precarios: brecha salarial, contratos parciales, sobrecarga laboral. “Somos una plantilla chica, somos 19 de las cuales 14 somos mujeres de la limpieza, cuatro chicos de la limpieza y uno más que es el encargado”, nos explica Carmen.

El reconocimiento de la brecha salarial está en el centro de sus reivindicaciones: “Para ello exigimos que se nos equiparen con el convenio de la limpieza viaria. ¿Por qué?, no porque los chicos que trabajan con nosotras en el museo cobren más que las mujeres, sino porque en el convenio viario, donde la mayoría son hombres, las condiciones salariales son más altas. Hay una diferencia de 7.941 euros menos anuales de salario en el convenio de limpieza provincial, donde limpiamos en edificios y locales, al que nosotras pertenecemos. Una gran diferencia salarial, siendo que además nuestros compañeros hombres también limpian las zonas de fuera del museo, en sus alrededores, y deberían tener el convenio viario”.

Por tanto, estamos ante una brecha del 49,81%. Es decir, la mayoría de los hombres cobran, por pertenecer al convenio de limpieza viaria, casi el doble. Además, los contratos a tiempo parcial, en su mayoría mujeres, determinan una media salarial de 600 euros mensuales y quien está bajo jornada completa su salario no llega a 16.000 euros anuales.

“Nada define mejor a una empresa que su política salarial. Como dice Susana Marcos, trabajadora de la limpieza en huelga, ‘en los 8 de marzo se les llena la boca con la palabra igualdad, pero lo que aquí hay cada día es brecha salarial’”, sentencian en su comunicado las trabajadoras en huelga.

“El Ayuntamiento de Bilbao participa en el esquirolaje”

Otra denuncia de las trabajadoras es que desde el Ayuntamiento, gobernado por el PNV (Partido Nacionalista Vasco), aunque el museo es privado, se ha enviado a trabajadores municipales para limpiar cada día la explanada de la pinacoteca y otras zonas del interior del museo. Las trabajadoras lo consideran una vulneración del derecho a huelga “ya que todas sabemos que no se puede sustituir mediante contratación a un trabajador en huelga y eso es lo que está pasando”, dicen en su comunicado, y aclaran que “Con estos mecanismos, el Guggenheim ha evitado cerrar en verano o salir en las noticias como el museo sucio en el que los turistas no pueden ni hacer pis. De los cuatro baños que hay en el interior, al menos uno permanece abierto”.

De esta manera, según Carmen las condiciones sanitarias y de desinfección del museo tampoco están garantizadas. “Se supone que con el tema del covid debería haber más cantidad de plantilla por la desinfección. Ahora mismo están trabajando cinco personas. La empresa no sólo que está vulnerando nuestro derecho a huelga, sino que siquiera puede garantizar el servicio de desinfección”.

El Ayuntamiento de Bilbao no sólo está dejando abandonadas a las trabajadoras de un museo de reconocimiento internacional, sino que, como dice Carmen “hablan mucho de “igualdad”, pero dejan que el museo no quiera reconocer nunca que sufrimos una brecha salarial”.

“No daremos ni un paso atrás”

“Habláis de conciliación, dónde está eso? Nos decís que qué queremos, que somos limpiadores/as. Queremos que nos paguéis por nuestro trabajo, los eventos, cenas de gala, artes, eso se paga, los fines de semana, los días de fiesta, se pagan!”, sentencian en su cuenta de twitter.

“La mayoría de las mujeres llevan ya 20 años trabajando y no ha cambiado nada. Y cada vez hay más carga de trabajo, talleres para niños, eventos, de todo. Y nosotras somos la misma cantidad de plantilla, con más trabajo y cobrando el mismo sueldo. Llevamos 20 años cobrando lo mismo, el sueldo no lo suben”, dice Carmen.

Estos veinte años está repercutiendo gravemente en la salud de las trabajadoras. Carmen nos cuenta que “El museo es muy grande, para limpiarlo nos tenemos que mover por todo el museo. Primero un piso hasta el final, después al otro. La mayoría con hernias, operaciones de rodillas, problemas en las lumbares y la espalda. Cada hay más bajas, el personal se va haciendo mayor. No nos reconocen como enfermedades laborales, las diagnostican como una enfermedad común”.

La moral de las trabajadoras se fortalece a medida que pasan los días, tan fuerte como los cimientos de acero y titanio que sustentan las estructuras del museo. “El ánimo es muy alto, aunque no pensábamos que se iba a alargar tanto. Nosotras estamos fuertes y ahí seguiremos hasta el final, no daremos ni un paso atrás”, sentencia Carmen con un tono tranquilo pero firme.






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