Cultura

IMPUNIDAD

A 40 años del crimen policial en San Fermines

Se cumple el 40 aniversario de la sangrienta represión policial que acabó con un joven militante trotskista muerto y tiñó de sangre las calles de Pamplona

Jorge Calderón

Historiador y Profesor de Secundaria, Zaragoza

Sábado 14 de julio de 2018 | 07:45

En estos días que vemos en televisión las imágenes de la alegría y la fiesta que se viven en la capital navarra es más necesario que nunca recordar lo que ocurrió en ese mismo lugar hace 40 años. No fueron imágenes de diversión, sino imágenes de lucha, de reivindicación “ahogadas en sangre” por la policía, continuadora directa de la dictadura.

San Fermines reivindicativos proamnistía

Las fiestas llegaban ese 1978 cargadas de una gran tensión y conflictividad política. Para aquel entonces ya había tenido lugar gran parte de lo que se conoce como la Transición. Se habían legalizado la mayoría de los partidos políticos, se habían celebrado las primeras elecciones democráticas y se había aprobado la Ley de Amnistía, que dejaba impune todos los crímenes de la dictadura y a sus ejecutores. Todo ello con la colaboración directa y necesaria de las direcciones del PSOE y el PCE, que no solo aceptaron todo eso, sino que firmaron los Pactos de la Moncloa (25 de octubre de 1977). Estos supusieron un durísimo recorte de los derechos de los trabajadores y trabajadoras que tuvieron que aguantar todas las consecuencias de la crisis económica.

Esos grandes acuerdos se hicieron, además, sin tener en cuenta a una de las regiones más castigadas por el franquismo como Euskal Herria. Los derechos políticos y culturales de un pueblo oprimido, el cese de la represión, la libertad de las personas presas, todos esos reclamos fueron olvidados.

Por ello ese julio del 78 se llegaba, en un ambiente de lucha, para conseguir derechos históricos como el de la autodeterminación del pueblo vasco y navarro, y la amnistía de los numerosos preso políticos vascos que seguían en las cárceles franquistas. La durísima represión policial que se dio en los días anteriores a la fiesta hizo que Pamplona esos días fuera una “olla a presión” a punto de estallar. El día 3 de julio, ocho personas se encerraron en el Ayuntamiento exigiendo la libertad de las personas detenidas por los mencionados acontecimientos. Comenzaron las fiestas de San Fermín, y el chupinazo se lanzó desde el primer piso de la Casa Consistorial, dado que el segundo, desde donde tradicionalmente se lanza, se encontraba ocupado por familiares y amigos de los detenidos.

Trágico y sangriento 8 de julio

Con todos estos antecedentes llegamos al fatídico 8 de julio. Hasta el final de la corrida de toros no ocurrió nada, pero una vez finalizado el festejo taurino, sobre las 20:45 unas cincuenta personas bajaron al ruedo y desplegaron una pancarta donde se leía: “Amnistía total. Presoak kalera. San Fermín sin presos”. Al mismo tiempo que las puertas de la plaza se abrían para dar entrada a los pequeños de las peñas que no pueden entrar durante la corrida, irrumpieron con ellos 40 miembros de la policía armada, con el comisario jefe de Pamplona (Miguel Rubio) al frente, cargando y disparando pelotas de goma y botes de humo contra los tendidos y el ruedo de la plaza. La agresión policial fue respondida mediante botellas y almohadillas.

Ante esto la policía hizo los primeros disparos con fuego real, que hirieron a 7 personas. La policía fue obligada a retirarse del recinto taurino, pero vuelve a entrar con refuerzos causando más de treinta heridos. Una vez que la policía se retiró de la plaza y fue posible su abandono, la rabia popular se desató en la ciudad y las barricadas se sucedieron, incluso sitiando al mismo Gobierno Civil. La policía, con refuerzos llegados de Logroño, recibió orden de despejar la ciudad disparando “sin que os importe matar” (según consta en laS cintas grabadas de la frecuencia de la policía).

Y así lo hicieron, disparando de forma indiscriminada, llegándose a contabilizarse más de 5.000 pelotas de goma, más de 1000 botes de humo, más de 1000 botes lacrimógenos, más de 100 proyectiles de 9 milímetros “parabellum” y más de 50 proyectiles de 9 milímetros “corto”. Hacía las 22:20 de la noche, disparó ráfagas de sus ametralladoras Z-70, alcanzando con un disparo en la frente a Germán Rodríguez que murió prácticamente en el acto, también otra persona fue herida por bala en la axila en el mismo lugar. Germán era un joven de 23 años, militante de la sección vasca de la Liga Comunista Revolucionaria (LKI). El testimonio de Sabino Cuadra, en aquel momento un joven militante abertzale que con el paso de los años llegaría a ser diputado en el Congreso por la coalición independentista Amaiur es claro: “Recuerdo la sensación de pánico, el ruido de las sirenas, las luces de las furgonas que iban de una calle para otra, los policías bajándose y disparando a quien tuvieran delante…”. “No he estado en la guerra pera la sensación debe ser muy parecida”.

La protesta y la represión se extienden mientras el gobierno y la oposición de izquierda la justifican

En total aquella jornada arrojó un balance de un muerto, diez personas heridas por disparos policiales y 170 heridas por pelotazos de goma, botes, golpes….Las fiestas fueron interrumpidas y el día 12 de julio, en una jornada de lucha celebrada en Euskal Herria, Joseba Barandiarán fue asesinado en Donostia por la policía armada cuando se encontraba en una barricada.

Mientras esto ocurría, el gobierno de la UCD de Adolfo Suarez, justifica la acción policial. Su ministro de Interior Rodolfo Martin Villa, el franquista que condecoró a Billy “el niño”, justificó la acción policial porque las fiestas estaban “amenazadas” y afirmó que: “Lo nuestro serán errores, lo otro son crímenes”. Tampoco la oposición en el Congreso quiso investigar lo ocurrido. El ejemplo más claro de esto lo dio Santiago Carrillo, secretario general del PCE que dijo que la investigación del Gobierno y la información facilitada a la Comisión de Interior del Congreso eran “impecables”. Esto a pesar de que el informe presentado se dice textualmente que “Germán Rodríguez no murió a consecuencia de los disparos de la policía”.

Acabemos con estos 40 años de impunidad

Coincidiendo con el 40 aniversario de aquella masacre, varios pamploneses han formado la Comisión Sanfermines 78 Gogoan, desde donde piden que se esclarezcan los hechos y los responsables sean juzgados. Hasta ahora solo ha habido actos simbólicos, como la instalación en Pamplona de una escultura que rememora estos hechos y que ha sido sufragada mediante aportaciones populares.

Nada más han podido hacer porque una y otra vez han chocado con un gran muro judicial y sobre todo político. Todos los gobiernos estatales que ha habido, desde el 78, se han negado a investigar el caso. En mayo, hace solo dos meses, la Comisión de Interior del Congreso, con los votos de PP, PSOE y Ciudadanos, se negó a desclasificar los documentos relacionados con la masacre. El caso ha llegado ahora al Parlamento Europeo, donde la Comisión de Peticiones deberá valorar la denuncia presentada por Sanfermines 1978 Gogoan respecto a la imposibilidad de acceder a los documentos relacionados con estos hechos.

Estos hechos vuelven a poner de relieve cómo la impunidad y la legitimidad del franquismo, más de 40 años después de la muerte del dictador, siguen muy presentes en el Estado español. Los “verdugos” y “represores” no solo no fueron juzgados, sino como el caso de “Billy el niño”, o de los protagonistas de la masacre de los San Fermines, el comisario jefe Rubio y el ministro Martin Villa, tuvieron ascensos en sus carreras. Todo esto no se hubiera podido hacer, ahora y entonces, sin el apoyo explícito de la izquierda (fundamentalmente PSOE y PCE y sus sindicatos acólitos UGT y CCOO). En los años decisivos de lucha de la Transición “miraron para otro lado” cuando se cometieron esos crímenes e incluso como ocurrió en marzo del 76, tras los 5 obreros asesinados por la policía en Vitoria, frenaron la respuesta y la lucha que se estaba dando. Hoy, 40 años después, siguen siendo una parte fundamental de legitimación de este régimen asesino y podrido del 78.

Por todo ello, hoy más que nunca, revindicamos la memoria de tantos compañeros y compañeras que dieron su vida o fueron represaliados por luchar contra la dictadura, y el régimen continuador que vino después. Nosotros y nosotras queremos mantener viva esa “llama” de lucha para acabar con todo esto.






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