Juventud

DEBATE MOVIMIENTO ESTUDIANTIL

¡A la huelga estudiantil! Por una juventud estudiante y precaria en pie de guerra

Esta semana tendrá lugar la huelga estudiantil en los institutos convocada por el Sindicato de Estudiantes para los días 16, 17 y 18. Una convocatoria que se suma a las movilizaciones del personal docente y no docente convocadas por los sindicatos. Desde Contracorriente nos sumamos a estas movilizaciones que debemos extender y radicalizar para enfrentar una crisis sanitaria y social histórica del capitalismo.

Jaime Castán

@JaimeCastanCRT

Martes 15 de septiembre | 17:52

Comienza el curso académico 2020-2021 con distintas huelgas educativas convocadas por los sindicatos. El personal docente y no docente empieza sus movilizaciones estas semanas, salvo en el ámbito universitario. Del mismo modo, el Sindicato de Estudiantes (SE) ha convocado huelga estudiantil estatal en las enseñanzas medias los próximos días 16, 17 y 18 septiembre. Desde Contracorriente, como juventud estudiante y precaria organizada, nos sumamos y apoyamos estas convocatorias de huelga que pueden ser el punto de arranque para un nuevo ciclo de movilizaciones en la enseñanza.

Las huelgas son la respuesta a la precaria y peligrosa vuelta a las aulas, debido a la falta de medios y de personal docente y no docente. La presencialidad carece de condiciones higiénico-sanitarias y laborales apropiadas, sin respetarse las ratios de alumnado y las distancias de seguridad. Ya se están imponiendo cuarentenas, pero sin licencias pagadas que permitirían a las familias no perder ingresos por tener en casa a los niños y niñas. Frente a esta crisis sanitaria y social histórica del capitalismo, no podemos negociar con la dignidad de nuestra salud y educación.

Ninguna confianza ni apoyo al Gobierno "más progresista de la historia”

De nuevo, como en la crisis anterior, el PSOE está al frente del Gobierno, pero ahora la crisis social y económica del capitalismo está agravada por un contexto de pandemia internacional. Las consecuencias también son conocidas y no se hacen esperar, con un aumento del desempleo, de la precariedad y de la miseria aún contenido en toda su dimensión por la inyección de un rescate a la banca y las empresas incluso mayor que el de la crisis anterior. La deuda pública ya es estratosférica y las recetas también nos son conocidas: nuevos ajustes y recortes sociales. Ya se oye el ruido de un “pensionazo” o de ajustes al funcionariado, y con la sanidad y la educación cada vez más sumidas en la precariedad, incluso en plena emergencia sanitaria.

Sin embargo, la gran novedad con respecto a la crisis anterior es la presencia Unidas Podemos en el Gobierno, el último paso de la formación de Iglesias y Garzón en su subordinación absoluta al PSOE. De esta manera, una parte importante de la izquierda ha caído en una política inadmisible de apoyo al Gobierno -cuando no forman directamente parte de él- y de contención de las movilizaciones. Es el caso de la Unión de Juventudes Comunistas de España (UJCE), es decir, las juventudes del Partido Comunista de España (PCE) y de sus “ministros comunistas” Alberto Garzón y Yolanda Díaz. Una lógica de subordinación a este Gobierno social-liberal que se extiende además a Estudiantes en Movimiento, como organización estudiantil impulsada por la propia UJCE.

Las compañeras y compañeros que militamos en Contracorriente queremos levantar una juventud anticapitalista y revolucionaria, por lo que nos oponemos frontalmente a un Gobierno que nada tiene que ofrecernos, por mucho que se le quiera blanquear desde el partido de Iglesias y Garzón, en un gesto que lo único que hace es ceder el espacio político a una extrema derecha radicalizada que no deja de avanzar. Tenemos claro que toda conquista llegará por nuestra lucha contra los capitalistas y sus gobiernos de turno, y sólo por nuestra lucha.

Hacia un plan de lucha general y anticapitalista en la educación

Las distintas convocatorias de huelga en la educación, si bien son importantes, aparecen descoordinadas, todavía como protestas formales que denuncian a las administraciones una vuelta a las aulas que es del todo intolerable. Creemos necesario desarrollar estas movilizaciones para que sean lo más amplias posibles, albergando a toda la comunidad educativa, incluyendo las universidades, y con la participación de todas las organizaciones estudiantiles, sindicales y políticas. Porque la gravedad de los problemas sociales a los que nos enfrentamos no se va a resolver con pequeñas negociaciones o concesiones para salir de paso.

Es preciso avanzar hacia un plan de lucha general con un programa anticapitalista que vaya más allá de lo inmediato y coyuntural y con total independencia política de los gobiernos capitalistas de turno, por muy “progresistas” que se autodenominen. Sólo así podremos echar abajo décadas de agenda neoliberal e imponer impuestos extraordinarios a las grandes fortunas y capitales, para garantizar la financiación de un plan de emergencia sanitario y educativo.

Es hora de poner fin a años de improvisaciones y de instalaciones temporales que han terminado siendo permanentes y que, ahora, en plena pandemia quieren volver a parchear con nuevas improvisaciones y con el recurso desesperado a medios telemáticos que no generan más que brechas digitales. Son necesarias estructuras permanentes y personal docente y no docente con contratos también permanentes. Así como acabar con los privilegios de las educaciones privadas y concertadas, a través de la intervención de todos los recursos de sus colegios, institutos y universidades, y su incorporación en una única red pública educativa.

Una educación totalmente pública, laica y gratuita en todos sus niveles bajo control democrático de docentes y personal no docente, familias y estudiantes. Debemos combatir la forma vertical y burocrática en que son dirigidos los centros de enseñanza y que explica la situación a la que hemos llegado. En los colegios e institutos la política viene dictada por los gobiernos autonómicos a las direcciones, impuesta a las representaciones de los centros y a los consejos escolares. Del mismo modo, en las universidades los rectorados y los gobiernos autonómicos son los que marcan la política frente a una mayoría de personal docente y no docente, pero sobre todo de estudiantes, que apenas tienen representación y mucho menos voto.

Apostamos por levantar en los centros comités de estudiantes, familias y trabajadores, docentes y no docentes, para debatir e implementar las medidas sanitarias necesarias y garantizar la calidad del sistema educativo, así como para hacer realidad reivindicaciones educativas históricas. Y no sólo reivindicaciones educativas y de prevención, sino también y especialmente reivindicaciones sociales, como licencias pagadas inmediatas para los padres y madres de niños y niñas que deban guardar cuarentenas, o la reducción de la jornada laboral, sin reducción salarial, para permitir la conciliación familiar y repartir las horas de trabajo erradicando el desempleo.

Estudiantes, familias, trabajadores y trabajadoras debemos levantar la misma trinchera a través de redes de asambleas en escuelas, institutos y facultades, con formas creativas de autoorganización. Posiciones desde donde enfrentar la insostenible situación de las aulas, pero también para dar respuesta al racismo institucional, evitar el desahucio de una familia, el cierre de una fábrica o apoyar la lucha de las limpiadoras de un hospital.

Una política así va más allá de las lógicas que limitan el movimiento estudiantil a reivindicaciones estrictamente educativas y sindicales que afectan sólo a las estudiantes, y que tanto defienden el Frente de Estudiantes o Estudiantes en Movimiento. Porque para levantar desde la juventud una alternativa anticapitalista y revolucionaria es necesario superar este estrecho sindicalismo estudiantil, así como la bancarrota política de Unidas Podemos en su sumisión al PSOE y a esta Monarquía corrupta nacida en 1978.

Si comenzamos a pensar las movilizaciones en la educación desde esta política, éstas pueden trascender las propias aulas y extenderse por los barrios de las ciudades, lo que podría ser clave para romper la división que imponen los grandes aparatos sindicales, para enfrentar el auge de la extrema derecha y para combatir los más de cuarenta años de neoliberalismo que llevamos encima. La lucha estudiantil y de la juventud, junto a profesores y profesoras y al resto de la clase obrera, ha demostrado históricamente este potencial. Porque no sólo es una pandemia, es el capitalismo.

De nuevo, la convocatoria del SE es burocrática y unilateral

Por último, aunque consideremos importantes las movilizaciones, no podemos dejar pasar por alto la forma en que el SE ha realizado la convocatoria de huelga estudiantil, nuevamente, de forma burocrática y unilateral. En su lógica de lanzar convocatorias al calendario que no tienen perspectiva de desarrollarse hacia ningún sitio, tan sólo como medida de presión a los gobiernos de turno, sin hacer eje ni tener política en extender formas y espacios de autoorganización entre las estudiantes y sin contar con el resto el resto de las organizaciones, lo que impide la discusión democrática de la huelga y sus demandas.

Siguiendo la línea que hemos defendido, no guardamos ninguna esperanza en el “Gobierno más progresista de la historia”. Sin embargo, la propia Coral Latorre, secretaria general del SE, decía en una entrevista en referencia a Pablo Iglesias: “es el momento de demostrar de qué lado se está. Si se está al lado de los estudiantes o si se está al lado de quienes no han hecho nada en los últimos 5 meses”. ¡Cómo si no lo hubiera demostrado ya! No sólo Unidas Podemos está gobernando con “quienes no han hecho nada en los últimos 5 meses”, sino con los que no han hecho nada en los últimos cuarenta años más que social-liberalismo y aplicar la agenda neoliberal.

Esta esperanza en presionar al Gobierno a través de Unidas Podemos, hace que el SE dirija sus críticas contra el Ministerio de Educación de Isabel Celáa y los gobiernos de Ayuso en Madrid y del “trifachito”, mientras guarda silencio con respecto a la responsabilidad política de Unidas Podemos. Como guarda silencio ante la situación de las universidades, donde ya hubo protestas al final del curso anterior, por la terrible gestión del Ministerio de Universidades de Manuel Castells. De hecho, las universidades están fuera de la convocatoria del SE, otra vez, lo que no hace más que aumentar la brecha entre enseñanzas medias y universitarias.

Desde Contracorriente siempre hemos apoyado y apoyamos las convocatorias del SE muy críticamente, tanto por las formas como por los contenidos, porque entendemos que las movilizaciones son necesarias, aunque insuficientes y para lo que hace que falta tener otra política. Y porque consideramos que llamar sistemáticamente al boicot, como hacen organizaciones como Estudiantes en Movimiento o el Frente de Estudiantes, no aporta nada más que más sectarismo.

Por ello nos sumamos a la huelga, pero con un programa de lucha independiente del Gobierno social liberal, por una educación para los trabajadores y las clases populares y no para las grandes empresas.

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