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“Al trabajo no vengo a hacer amigos” Por qué convertir a tus colegas del trabajo en camaradas

El País (entre otros) sigue tratando de convencerte de que te hagas amigo de tu jefe como un igual entre la plantilla. Hablamos de prensa de los capitalistas, lavados de cerebro y cómo ocultan la explotación capitalista. Y también de organizarse para tumbarlo.

Jorge Remacha

Alex León

Miércoles 3 de agosto
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Hace unos días salía en El País un artículo sobre “convertir a tus compañeros de trabajo en colegas”, que parece inofensivo y de “buen rollo” pero no lo es en absoluto. El fundamentalismo capitalista con rostro amable ha sido una de las señas de identidad de los artículos de El País sobre trabajo o precariedad que lo ha elevado a la categoría de meme y lavado de cerebro. La romantización de la pobreza que viene haciendo este periódico en los últimos años sigue vigente: no es no poder independizarte, es coliving, no es no poder salir, es nesting, no es buscar comida en la basura, es friganismo, no es precariedad, es que a la juventud le gusta vivir así.

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En el caso de este artículo de la sección de Moda no es tener que fingir que te parece genial tu superior dentro y fuera del trabajo, es obviar los mecanismos de explotación capitalista y fundirse en un abrazo con tus colegas y jefes, todos remando a una y siendo felices (porque un estudio dice que se produce más).

Sí, el propio artículo dice que “el estudio de Gallup asegura que los empleados felices están el doble de tiempo centrados en su trabajo, tienen un 65% más de energía, esperan permanecer en su puesto de trabajo cuatro veces más tiempo y están también cuatro veces más satisfechos con su vida que los empleados que no son felices”. Suena a felicidad, energía y satisfacción, pero en realidad, lo que pretende es normalizar ser amigo o amiga de tu jefe y equipararlo al resto de la plantilla.

“La amistad en el trabajo me ha ayudado en el desarrollo y crecimiento”, dice Maider (directora de una consultora con 38 años). Para la clase trabajadora que no dirige una consultora o no tiene una columna en El País, el contenido del artículo puede sonar a publicidad de ETT sobre proactividad y hábitos emprendedores para después meterte a encadenar contratos precarios.

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El propio artículo nombra “La Gran Resignación” estadounidense (ni si quiera son capaces de llamarlo “La gran renuncia”, que sería su traducción real) como una epidemia de agotamiento, proponiendo hacerte amigo de tu jefe y tener amistades en el trabajo como la solución. Además, plantea si es posible ser amigo de tu jefe para terminar concluyendo que sí, al menos desde el punto de vista de la jefa.

De hecho, comenta que “si tenemos en cuenta que pasamos un tercio de nuestra vida trabajando (según Sodexo) y que compartiremos con nuestros colegas más horas que con nuestra propia familia (unas 2.000 al año, cifra Gallup), más nos valdría tener un amigo al lado.” Si suena como una amenaza es porque lo es. Más nos valdría, no sólo tener amigues al lado en el trabajo, sino también organizarles, convertirles en camaradas y pelear, por ejemplo, por la reducción de la jornada sin merma salarial para combatir el desempleo, trabajar menos y poder vernos más. Quizá queda un poco izquierdista para El País esto.

No es la primera vez que la autora del artículo Amaia Odriozola escribe sobre relaciones laborales, sino que apela a la asertividad y a la renuncia laboral como solución a tu “insatisfacción” en tu lugar de trabajo. Cargando constantemente sobre los propios trabajadores la responsabilidad de sus nefastas condiciones laborales sean las que sean. Esta lógica lleva a pensar que si aceptas un trabajo por la necesidad de comer debes resignarte a mantener tus malas condiciones laborales o renunciar, sin enseñarte la opción mas ventajosa, la que la patronal no quiere que sepas, organizarte con tus compañeros de trabajo.

Una de las mejores películas del 2021 “El buen patrón” nos enseña como la plantilla de la fábrica de pesas no era realmente “una gran familia” como decía el dueño de la empresa, encarnado por Javier Bardem, cuando las cosas no le iban bien. Es una táctica común en el estado español, sobre todo en las pequeñas empresas, para que los trabajadores crean que pueden conseguir mejores condiciones laborales apelando a la voluntad del jefe, en vez de utilizando a los sindicatos como herramienta.

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El tiempo para conocer bien a quienes trabajan contigo escasea. No sólo se extendió el teletrabajo, sino que en ocasiones es habitual que el ritmo te impida hablar con quien tienes al lado cada día, que seguramente están sufriendo las mismas malas condiciones laborales que tú. Además, está la vigilancia y la posición de que tu compañía implante la tiranía del buenrollismo para asegurarse de que tienes una relación de amor a la empresa que te hace producir feliz (y más), lo que manipula las relaciones entre la plantilla por el miedo a perder el trabajo. Y esto, tal y como dice el artículo (a su manera) sucede también fuera del centro de trabajo. Porque sí, nuestros jefes nos controlan más allá de la jornada laboral.

Este artículo nos cuenta que “navegar por la dinámica jefe-amigo es muy diferente hoy a lo que era hace 15 años. Antes de la existencia de los smartphones y las redes sociales las personas sabían mucho menos sobre la vida privada de los demás y colaboraban principalmente en el horario de oficina cuando los colegas estaban disponibles en persona.” Los informes políticos y morales de la policía y la iglesia con los que contaba la patronal de la generación de nuestros abuelos a la hora de contratar o despedir ya no son lo que eran, ahora hay que probar el entusiasmo con la empresa, el jefe y su ideario de maneras más sutiles.

¡No vayas a hacer amigos al trabajo!, ve al trabajo a hacer camaradas y a convertir a tus compañeros en sindicalistas combativos. Esta demostrado por la historia de las luchas de trabajadores que solamente se pueden mejorar las condiciones laborales cuando hay unidad de acción en la plantilla. Cuando existe esa fuerza material y moral para detener la producción es cuando los dueños de la empresa tienen verdadero miedo de la fuerza que potencialmente tenemos. ¿A cuántos de tus compañeros de trabajo les puedes convencer de organizar un sindicato o una huelga?

Haciendo un ejercicio de imaginación ¿Quién es más necesario para la empresa, tu jefe o la plantilla? Si tu jefe falta una semana al trabajo la empresa puede seguir funcionando sin problemas, mientras que esto no puede ocurrir si la plantilla paráis en masa. La historia del movimiento obrero nos enseña que si en tu trabajo la plantilla pelea unida por mejores condiciones laborales es más posible que mejore su situación. Pero el teletrabajo, la patronal, la represión sindical, la justicia burguesa y las burocracias sindicales y políticas están atacando nuestra economía familiar, nuestra salud y nuestro trabajo.

Sois potencialmente una gran fuerza contra la propia empresa. Sois los que sacáis el trabajo adelante, los que hacéis que la empresa tenga beneficios. Sois vosotros los que podéis pararlo todo. En definitiva, es la clase trabajadora la que produce la riqueza, no tu jefe, quien vigila que tengas el mismo discurso que este tipo de artículos de El País.

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En un momento en el que la inflación se come el sueldo, no sólo se trata de lo que tú, tus colegas en el trabajo o incluso tu sección sindical haga, sino de pelear porque tanto los sindicatos mayoritarios como la izquierda sindical levante y coordine asambleas en todos los centros de trabajo para preparar una gran huelga general en todo el Estado y un plan de lucha que enfrente el nuevo ataque a las condiciones de vida de la clase trabajadora.

Tal vez sea algo distinto de lo que proponen en las columnas de El País, pero siempre dicen que hay que innovar.


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Jorge Remacha

Nació en Zaragoza en 1996. Graduado en Historia en la Universidad de Zaragoza. Milita en la Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras (CRT) del Estado Español y en la agrupación juvenil Contracorriente.


Alex León

Secretario general de @cgtmarktelmad y represaliado sindical. Madrid

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