OPINIÓN

Ambulancias, buses, tranvías y fábrica de vidrio de Zaragoza... ¡Unamos todas las luchas de la ciudad!

Este año no le espera nada bueno a la clase obrera. El Gobierno no piensa derogar la reforma laboral y ya está tramando a puerta cerrada en Bruselas una reforma de las pensiones contra los más vulnerables. Por otro lado, los ERTEs que se han pagado con dinero público y que han actuado de colchón social para frenar el descontento pero sin solucionar el problema de fondo, se están empezando a agotar. Las empresas empiezan a anunciar despidos colectivos y otras tantas pequeñas van hacia el concurso de acreedores, hasta alcanzar un paro que escaló al 16,26%.

Asier Guerrero

Zaragoza

Viernes 16 de abril | 13:45

A esto se le suma las políticas sanitaria y fiscal que está llevando a cabo el Gobierno. El endeudamiento para inyectar los millones a los ricos del IBEX 35 lo pagaremos con recortes sociales, y el poder absoluto de los negocios de las farmacéuticas que el Gobierno no cuestiona, ralentiza aún más una salida coherente a la crisis. Una crisis que se agrava pero que no viene de la pandemia, sino que está poniendo en carne viva la desaceleración económica que ya vivía el capitalismo antes del Coronavirus. Y si es así nos acercamos a una segunda carga contra la clase trabajadora que solo se puede hacer frente con un plan de lucha que este a la altura de las crisis que quieren hacernos pagar. Por el momento, la pasividad que han mostrado los sindicatos mayoritarios de estos años y la negociación con la CEOE por parte de UGT y CCOO van en un sentido contrario.

Pero en esta perspectiva sombría vemos aparecer algunos conatos de lucha obrera, como la que están dando la plantilla de Tubacex en Euskal Herria, que llevan más de 60 días de Huelga contra el despido de 129 compañeros y compañeras, o ahora la lucha de Airbus en Puerto del Real en Cádiz.

Emergencia de los conflictos obreros en Zaragoza

En Zaragoza, en cambio, además del anuncio de huelga de las plantillas de Verallia contra los despidos y el avance de la precarización, también estamos viendo aparecer nuevos sectores que salen a la lucha contra la precarización y la carga de trabajo como la que están soportando los trabajadores externalizados de Ambulancias de servicio Urgente y No urgente de los Hospitales de Aragón. Hartos de incumplimientos de un convenio que está caducado, y de mil tropelías más que se le permiten a una empresa privada como Acciona y Transalud dentro de la sanidad pública, han decidido salir a la huelga indefinida. Un servicio esencial para la población más vulnerable que sigue externalizado gracias al buen rollo que tiene el Gobierno de PSOE-Unidas Podemos y su consejera Sira Repollés con las grandes empresas que hacen negocio a costa de nuestra salud.

Pero no es el único caso en el que el proyecto de los gobiernos “progresistas” ha sido un fiasco para los trabajadores externalizados. A nivel del gobierno municipal, el anterior partido “ciudadanista” de Zaragoza en Común, ni quiso, ni fue capaz de municipalizar los principales servicios externalizados como basuras, transporte y jardinería que hoy siguen en manos de las grandes empresas privadas como FCC y Avanza/ADO y ahora,de la mano del Partido Popular, se niegan a mejorar las condiciones laborales y salariales de los trabajadores y trabajadoras del transporte urbano de Autobuses y Tranvías de Zaragoza que han convocado sendos paros parciales para obligar a la empresa a mover ficha.

A los trabajadores y trabajadoras nos viene una gorda, y habría que pensar cómo al calor de éstas luchas que empiezan aparecer en un marco de apatía y desmovilización generalizado (fomentado por la subordinación política al Gobierno tanto por parte la izquierda institucional como por la burocracia sindical) conseguimos romper el cerco mediático de las luchas obreras, las rodeamos de solidaridad y las convertimos en una gran movimiento de lucha que dobleguen a la patronal y los gobiernos de turno y de esa manera imponga victorias a la patronal que vayan recomponiendo el músculo necesario para estar a la altura de los ataques que vienen, y dé una salida al conjunto de la clase obrera. Sobre todo en los conflictos como en el de Ambulancias, donde el Salud y el Gobierno de Aragón les impusieron un 100% de servicios mínimos. Es decir, prohibiéndoles el derecho a ejercer la huelga a los que han estado en primera línea en el combate contra el Covid.

Entre otras acciones, por ejemplo, ¿por qué los tragadores y trabajadoras que están abordando diferentes huelgas y paros parciales en Zaragoza (algunas del mismo gremio, como los conductores de bus, tranvía urbano y conductores de ambulancias, que además están cuestionando la externalización y gestión privada de sus servicios) no nos podemos unir todos juntos para salir a la vez a las calles? ¿Por qué no unir la lucha de Ambulancias, bus, tranvías junto a la jornada de huelga de los obreros del vidrio de Verallia? Una gran manifestación de los conflictos que ponga en el centro la denuncia contra los ataques particulares, los despidos, las reformas laborales y la privatización de los servicios públicos, podría multiplicar la fuerza de las luchas para imponer un programa de reivindicaciones.

Avancemos en la coordinación de las y los trabajadores en lucha en cada ciudad y en todo el Estado

Algunos piensan que la coordinación significaría no darle visibilidad a cada conflicto, cuando en realidad las prácticas sindicales habituales sólo acaban dividiendo y ocultando las fuerzas y las reivindicaciones de las distintas luchas. Una gran manifestación de las luchas obreras insuflaría de fuerzas materiales y morales a los y las trabajadoras, y podría ser el inicio para pensar toda clase de reuniones, encuentros obreros o acciones de coordinación donde puedan participar democráticamente todas las plantillas y también llame a otros colectivos en lucha a que se sumen buscando de esa forma todos los apoyos reales para imponer victorias.

Es por esa razón que no se entiende por qué en la reunión de preparación del 1 de mayo (al que UGT y CCOO se niegan convocar) la mayor parte de la izquierda sindical se negó a que los conflictos obreros actuales de la ciudad, estuvieran a la cabeza de la manifestación del tradicional 1º de mayo. De todas maneras, aunque no fuese así, habría que decir que no sería suficiente. Pues es necesario que esa coordinación y solidaridad de las luchas se impulse mucho antes de mayo. Es necesario que la llamada izquierda sindical esté a la cabeza de esta iniciativa. Pero para eso las direcciones sindicales tienen que romper con el corporativismo obrero, donde por fin la consigna de “Apoyo Mutuo” no sea solo una frase bienintencionada, y sí una tarea estratégica.

A medida que las consecuencias de la crisis se vayan haciendo mas palpables es probable que nuevos sectores salgan a la lucha, y abra nuevas oportunidades para establecer más alianzas cada vez mayores a partir de estas pequeñas instituciones de coordinación obrera. Y no es una utopía. Tiempo atrás en Zaragoza las trabajadoras de Telepizza en mitad de la huelga por el pago del SMI en 2019 llamamos a organizar una “huelga de Precarios” en coordinación con los riders de Uber Eats. Y un año más tarde, durante la huelga de los Jardineros de FCC de 2020 hicimos una protesta coordinada en la Plaza del Pilar entre los jardineros y jardineras y las trabajadoras de Telepizza en lucha contra el despido de una compañera, demostrando la fuerza potencial que tiene la clase obrera y la unidad de los y las precarias.

Si la izquierda sindical se pone a la cabeza de esta tarea por recomponer las filas obreras de la división que nos imponen estaremos en mejores condiciones para enfrentar los futuros ataques.

Por último, la solución a los despidos y los ataques no puede ser un problema individual, no solo hace falta una respuesta colectiva, además es necesario un programa para el conjunto de las y los trabajadores, que permita que lo que ganen con una mano no nos lo quiten con la otra. Un programa que haga que la crisis la paguen los capitalistas. Es en la unidad de acción con los y las trabajadoras en lucha con los que hay que discutir un programa obrero de emergencia con el que pelear en las calles y no un mero acuerdo entre aparatos sindicales.






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