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MADRID

Basta de recortes: Las estudiantes ocupan las bibliotecas

Estudiantes de la UCM, la UAM, la UC3M y la URJC ocupan las bibliotecas. El problema viene de antes: los recortes y la precariedad. Aprovechando la crisis desatada por el coronavirus, rectores y decanos no sólo se desentienden, sino que son el brazo ejecutor de los ataques a la universidad pública que dicen representar.

Jose Lavín

Madrid

Miércoles 16 de diciembre de 2020 | 17:57

#BibliotecasAbiertasySeguras. Llegan los exámenes y no hay espacios habilitados donde poder estudiar, en las bibliotecas no sólo falta personal, sino que la Comunidad de Madrid ha ordenado que se aplace la convocatoria de oposiciones. Lo que parece un problema superficial nos habla desde las profundidades de un problema estructural comenzado años atrás: los recortes y la precariedad en la universidad pública.

A las elitistas tasas y el deterioro de los estudios, a la inestabilidad laboral de docentes, investigadores y científicos, así como a la precariedad de los y las trabajadoras de la universidad, se le suma ahora una gestión de la pandemia desastrosa. Lejos de un desastre casual, esta gestión deliberada busca aprovechar la situación de excepción para avanzar en la destrucción de derechos y servicios: educación a distancia, reducción de horarios de bibliotecas, prohibición de la reunión en los campus, cierre de aulas de estudio, reducción o eliminación de los servicios de cafetería, mismos transportes… con las mismas tasas.

Otras medidas que han pasado más desapercibidas apuntan a una ofensiva en toda la línea contra la autoorganización estudiantil: prohibición de la reunión y asociación, cierre de los locales de las asociaciones, o protocolos “anticovid” que no permiten fijar carteles en las corcheras, son algunas de ellas. Algo que contrasta con la plena disposición de las instalaciones de una institución pública, financiada por la clase trabajadora y los sectores populares, a las necesidades empresariales. Los estudiantes no se quejan como consumidores, sino como defensores de un servicio público contra su mercantilización.

En redes denuncian “que las casas de apuestas abran hasta las 23.00 mientras que nuestras bibliotecas tengan que cerrar en el mejor de los casos a las 19.30”. Es por ello que exigen “que todas las bibliotecas vuelvan, como mínimo, a los horario pre-covid y lo hagan también fuera del periodo de exámenes.”

Las bibliotecas, mal que le pese a los rectores, no son un almacén de libros, las bibliotecas son una necesidad para estudiar, acceder a información y formarse, especialmente ante las dificultades para estudiar en casa. El trabajo desde casa, con una mala situación familiar, sin espacio, con ruido, precariedad, y falta de medios, para muchos no es una opción. “Debemos intentar salvar todos los elementos de presencialidad de la educación que sean posibles” afirman.

“Necesitamos lugares seguros y accesibles de estudio, porque no todos tenemos la situación idónea en nuestros domicilios.”
Los estudiantes buscan la alianza de los y las trabajadoras: “esta recuperación de horarios pre-covid no puede ir acompañada de una precarización de las condiciones laborales de las trabajadoras de bibliotecas y limpieza, que ya están teniendo una carga de trabajo adicional por la forzosa adaptación a la situación de pandemia”.

Y también tienden la mano a becarios, investigadores y docentes precarios. Asimismo, recuerdan que es ilegal que se contraten estudiantes con becas de formación para atender en las bibliotecas, pues “es un uso fraudulento de la figura de becario por el cual ya han sido condenadas la UC3M y la UAM”. Y es que se ha convertido en normal que las universidades recurran a los procesos de formación de los estudiantes para conseguir mano de obra barata.

El deterioro de las condiciones laborales en la universidad es también alarmante para investigadores y docentes: la inestabilidad, el trabajo a contrarreloj y los sueldos de miseria son, paradójicamente, la norma en los campus de la “excelencia”.

Precariedad de clase que no es exclusiva de los docentes e investigadores universitarios, sino que también es patente en la educación primaria y secundaria donde se planea despedir a los profesores de refuerzo covid, cuya labor es necesaria todo el año bajo unas condiciones laborales dignas.

El plan Bolonia, aprobado por el PSOE en 2008 continúa precarizando la universidad, es el Consejo Social, formado por empresarios y donde se representan los intereses privados de los mismos, de donde emanan buena parte de las directrices neoliberales que toman los rectores, y no los criterios científicos y pedagógicos de los investigadores, docentes y estudiantes.

A esta neoliberalización de la universidad le acompaña una estructura profundamente antidemocrática, en la que todas estas decisiones son tomadas a puerta cerrada, sin tener en cuenta a los estudiantes, y dónde en las elecciones a rector el voto de un catedrático vale 30 veces más que el de un estudiante. A pesar de la existencia de representantes estudiantiles con apenas votos (cuya única función es dar apariencia de acuerdo a las decisiones unilaterales de rectorado), no existe participación real en las decisiones de la universidad por parte de estudiantes, personal administrativo, trabajadoras de la limpieza, docentes, investigadores y científicos.

Este deterioro de la universidad tiene muchos culpables: la Comunidad de Madrid, el PSOE que aprobó el plan Bolonia, Unidas Podemos y su Ministerio de Universidades, y todos aquellos que ponen más celo en ponerla a disposición de los intereses de las empresas que al servicio de las necesidades del conjunto del estudiantado, los docentes, científicos y el conjunto de la clase trabajadora. Rectores, decanos y otras instancias institucionales no sólo miran para otro lado ante las quejas, sino que son los primeros en encabezar estos ataques a nuestros derechos.

Es preciso resolver los problemas materiales de la universidad peleando junto a los trabajadores por una mayor financiación de los servicios públicos que provenga de impuestos a las grandes fortunas. Desde Contracorriente y Pan y Rosas tenemos claro que será a través de la lucha como habrá que frenar y hacer retroceder estos ataques. Es por eso que en la UAM llevamos meses impulsando asambleas abiertas junto a otras agrupaciones, y ahora participamos junto a más asociaciones de la toma de las bibliotecas y la creación de bibliotecas autogestionadas.

Peleemos por levantar un gran movimiento estudiantil y un plan de lucha que enfrente a este sistema neoliberal. Es hora de una universidad pública totalmente gratuita, radicalmente democrática, dirigida por asambleas de docentes, estudiantes y trabajadoras, sin empresas de por medio, y al servicio de las necesidades sociales.






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