Internacional

Crisis en Líbano

Beirut: fuertes protestas y represión a un año de la explosión del puerto

Miles de libaneses marcharon para conmemorar el aniversario de la explosión del puerto de Beirut que mató a más de 200 personas e hirió a otras 7,000. El país se encuentra en un espiral de crisis múltiples que millones ya no soportan.

Santiago Montag

@SalvadorSoler10

Miércoles 4 de agosto | 22:38

El 4 de agosto de 2020 un hongo de humo gigante acompañado de chispas, fuego una onda expansiva ensordecedora, sintetizaba las múltiples crisis que atraviesa Líbano: una economía en caída libre, un profundo desempleo y corrupción endémica de generaciones entre la élite política que se agravaron con la pandemia. El país vive un récord de movilizaciones contra esa situación desde el 2019 que han resurgido durante las restricciones contra el coronavirus y se mantienen vivas desde entonces con mayor o menor frecuencia.

Hoy miles de libaneses se movilizaron por las calles de Beirut luego de una año de la catastrófica explosión del puerto, pidiendo justicia para saber porqué se almacenaron productos químicos explosivos en la capital. Aquella explosión de 552 toneladas de nitrato de amonio dejó un saldo de 214 muertos, unas 7.000 personas heridas, además de desplazar de sus hogares a 300.000 libaneses y daños estimados en hasta 6.000 millones de dólares.

Este aniversario sirvió como nuevo catalizador para movilizar a miles contra el corazón del problema. La represión no se hizo esperar. Los jóvenes resistieron en la primera línea con toda experiencia acumulada de estos años de combates en Beirut y otras ciudades.

La represión dejó decenas de heridos, seis de los cuales tuvieron que ser hospitalizados, informó la Cruz Roja local, citada por la agencia de noticias AFP. A unos centenares de metros de allí, en paralelo, se celebraba una misa, cerca del puerto, en homenaje a las víctimas de la enorme explosión que arrasó barrios enteros de la capital libanesa el 4 de agosto de 2020.

Carteles gigantes con duras críticas a las autoridades fueron colgados de las destruidas fachadas de edificios ubicados frente al puerto.

"Aquí empieza nuestro fin y nuestro comienzo", se leía en uno de los pósters, que ocupaba cinco pisos de un edificio de departamentos.

Esto refleja el hartazgo de una juventud que habita una ciudad que amalgama a distintas nacionalidades, etnias y religiones. Esos jóvenes han logrado romper con esas diferencias que imponen desde la élite política para dividir a las masas a partir de sus disputas por cuotas de poder.

¿Por qué? En Líbano existe un modelo particular de Gobierno en el que los cargos políticos se deben repartir equitativamente entre las facciones etnico-religiosas musulmanas (sunitas-chiítas) y cristianas del país, esto fue acordado a fines de la guerra civil de 1975 a 1990. La crisis política y económica es la más grave desde entonces, ya que la moneda local ha perdido casi todo su valor frente al dólar estadounidense (1 dólar por 18,000 libras en el mercado negro).

Todos vivieron en carne propia la incompetencia del gobierno que llevó a la devaluación de la libra libanesa — por una fuerte rebaja de las agencias internacionales de calificación y un peso de deuda externa primera en ranking mundial — una rápida inflación que supera el 150% y un desempleo masivo. Esta dramática caída de la moneda y la hiperinflación han hundido a más de la mitad de la población por debajo del umbral de la pobreza con el 77 % de los hogares que no tiene suficiente comida o dinero, según un informe de UNICEF del 1 de julio. El combustible escasea, mientras que un puñado especula con su precio, lo cuál genera un círculo inflacionario y deficit energértico.

Las familias ricas y de clase media están huyendo del país, entre ellos muchos profesionales, como cuenta el New York Times, donde cientos de miles llegan intoxicados a los hospitales, ya colapsados, por el mal estado de la comida que pierde las cadenas de frío, ya que la electricidad se volvió un lujo que pocos perciben. La población sólo puede disfrutar de 3 horas por día de luz, mientras que la noche se vuelve en tinieblas.

Doce meses después de la explosión, todavía no ha habido rendición de cuentas y el estancamiento político ha dejado al país sin un gobierno en funcionamiento. El desmoronamiento económico del Líbano es tan severo que el Banco Mundial lo ha descrito como una de las peores crisis económicas en 150 años.

El actual primer ministro libanés Najib Mikati afirmó recientemente que recibió el apoyo necesario de la Unión Europea para la crisis en el país y agregó que "estoy seguro de que Estados Unidos también estará abierto a apoyar".

Según informa Telam “unos 40 jefes de Estado y de Gobierno y diplomáticos participaron hoy de una conferencia en París organizada por Francia y la ONU con la esperanza de recaudar cientos de millones de dólares en ayuda para que el Líbano pueda satisfacer sus crecientes necesidades humanitarias”. El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, anunció "cerca de 100 millones de dólares de nueva ayuda humanitaria" para Líbano, mientras que su par francés, Emmanuel Macron, prometió 100 millones de euros. Por su parte en el Vaticano, el papa Francisco instó el mundo a apoyar al Líbano.

Lo cual es una total hipocresía. Las guerras en Medio Oriente, principalmente en Siria e Irak, son en gran parte responsabilidad de las intervenciones del imperialismo norteamericano (responsable del desmembramiento estatal iraquí) junto a sus aliados de la OTAN, entre ellos Francia, que han provocado el desplazamiento de millones de personas que se han refugiado en países como Líbano. Por un lado, esto generó una enorme carga económica al país dando como resultado una de las poblaciones de refugiados más grande del mundo, y consigo altos índices de indigencia y pobreza.

En este sentido el crimen social de la explosión tuvo un enorme impacto sobre esa población refugiada, ya que dependían de la logística del puerto. Era el principal centro de abastecimiento a través del cual las Naciones Unidas y otras organizaciones enviaban suministros a más de 11 millones de personas que dependen de la ayuda en Siria. Su destrucción obstaculizó el transporte de ayuda para quienes más la necesitaban, tanto dentro como fuera de los límites de la ciudad de Beirut.

En los últimos los meses, Líbano sufrió un aumento del 220 % en los casos de coronavirus. Los hospitales estaban al máximo de su capacidad, 111 pueblos y ciudades de todo el país estaban cerrados. Con la dimisión del gobierno luego de la explosión agravó aún más esta situación, profundizando las tensiones entre los partidos políticos, ya que se temía que Hezbollah asumiera el poder luego de la última dimisión de Saad Hariri.

Incluso con la ayuda de estados como Francia, muy poco ha cambiado. El presidente francés, Emmanuel Macron, fue el primer líder extranjero en visitar el Líbano después de la crisis, y lanzó una iniciativa francesa que dependía de la misma clase política acusada de las crisis que enfrenta hoy el país, escribió Vohra en junio para Foreign Policy. El plan de Macron buscaba la formación de un nuevo gobierno tecnocrático, una elección anticipada y reformas al menos en el sector eléctrico para proporcionar a las personas un suministro de energía adecuado y poner fin a las protestas masivas que dejaron contras las cuerdas al Gobierno.

Hasta 1943, el Líbano estaba bajo el mandato francés (donde privilegiaban a los cristianos maronitas, no a los musulmanes), pero desde el final de la guerra civil, Francia ha desempeñado principalmente el papel de intermediario occidental entre el Líbano y la comunidad internacional para recaudar fondos para la reactivación económica del país asegurando su pata en Medio Oriente. AL mismo tiempo intenta, con la ayuda de EE. UU., contrarrestar la influencia de Hezbollah y sus aliados como el Movimiento Amal, que son cercanos a Irán.

En términos más generales, la región ha sido golpeada desde la Primavera Árabe en 2011 con respuestas contrarrevolucionarias que llevaron a guerras civiles y el surgimiento del Estado Islámico, además de una inestabilidad frecuente en términos sociales y geopolíticos. Varios años de crisis múltiples llevaron a una respuesta de masas en toda la región contra los planes de ajuste y la creciente degradación de las condiciones de vida, generando un terreno fértil para nuevas irrupciones violentas.

Como expresó una manifestante durante la jornada "Me temo que. Le tengo miedo a mi gobierno. Este gobierno puede matarnos fácilmente, reasignar nuestra ciudad, dejarnos sin electricidad, sin ningún tipo de mercancía. Me temo que mañana algo más va a ser mal administrado, y mañana podría ser mi vida en juego".

"Creo que los libaneses finalmente entendieron que solo juntos podemos hacer el cambio".






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